Bo­da for­za­da

Dominguero - - Variedades - Por Blan­ca Mon­ca­da @ Blan­ki­mon­ki Si tie­nes al­gu­na his­to­ria es­cri­be a mon­ca­dab@ gra­na­sa. com. ec o lla­ma al 042201100, ext. 2099.

“Es­ta­mos aquí jun­to al al­tar…”. El sa­cer­do­te ha­bla­ba y el eco de su voz re­tum­ba­ba en las pa­re­des de la igle­sia. A la fa­mi­lia le bri­lla­ban los ojos en los ban­cos. Se su­po­nía que los do­ce años de con­vi­ven­cia des­pués del ci­vil le mer­ma­rían los ner­vios, al me­nos un po­co. Pe­ro no. Su­da­ba frío. Sa­bía que Dios es co­sa se­ría. Eso le en­se­ña­ron de ni­ño. No po­día con­cen­trar­se. Se pre­gun­tó una y otra vez si de ver­dad era ne­ce­sa­rio su­bir es­te es­la­bón. Ama­ba con to­da el al­ma a su hi­jo úni­co y lo ha­cía por él. “Pa­pi, cá­sa­te con mi ma­mi”, le ro­gó el día de su pri­me­ra co­mu­nión. Fue un pe­di­do ines­pe­ra­do. En la ce­re­mo­nia la voz del pa­dre no lle­ga­ba a sus oí­dos. Veía có­mo los la­bios del re­li­gio­so se mo­vían, pe­ro él es­ta­ba co­mo so­ñan­do. A su la­do, la mu­jer, con esa son­ri­sa sim­plo­na que no le ins­pi­ra­ba un sus­pi­ro des­de la unión for­za­da por el em­ba­ra­zo, ha­ce al­go más de una dé­ca­da. “¿ Quie­res re­ci­bir a Mart­ha co­mo es­po­sa (…) y amar­la y res­pe­tar­la to­dos los días de tu vi­da?”. Blo­quea­do com­ple­ta­men­te, ma­rea­do has­ta el can­san­cio. Sin sa­ber có­mo ni con qué mo­ti­vo, de­jó sa­lir un “no”. Un “no” fuer­te. Un “no” que re­tum­bó en las pa­re­des de la igle­sia co­mo la voz del sa­cer­do­te. Un “no” que que­ría re­gre­sar a su es­tó­ma­go y que que­da­ría gra­ba­do en el ví­deo de re­cuer­do. “Sí, sí…”, co­rri­gió de in­me­dia­to, pen­san­do en su hi­jo. Años más tar­de, se arre­pen­ti­ría. Pe­ro esa es otra his­to­ria.

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