Alli­mi­cu­na: Pas­te­li­tos de plá­tano ma­du­ro

Ecuador Terra Incognita - - CONTENIDO - Por Ju­lio Pazos Ba­rre­ra

Ya en el si­glo XVIII es­tos pas­te­li­tos eran muy co­no­ci­dos, pues los men­cio­na Ma­rio Ci­ca­la S. J. Se­gún él, los ha­cían con plá­tano ma­du­ro pa­sa­do por man­te­ca ca­lien­te y lue­go ma­cha­ca­dos. Una vez for­ma­dos los pas­te­li­tos se tor­na­ba a asar­los.

En es­te tiem­po, que po­co es­pa­cio de­ja a la ocu­pa­ción de la co­ci­na de­bi­do a la ve­lo­ci­dad y a los ali­men­tos pre­pa­ra­dos en fá­bri­cas, bien se po­dría com­ba­tir el es­trés de­di­cán­do­se a la con­fec­ción de pas­te­li­tos de plá­tano ma­du­ro. Asu­ma pues el pri­vi­le­gio de la me­mo­ria y con­si­ga unos plá­ta­nos do­mi­ni­cos de cor­te­za ama­ri­lla. No se re­co­mien­da los plá­ta­nos muy ma­du­ros, es de­cir, con cor­te­za me­dio ne­gra.

Cor­te los plá­ta­nos sin des­cor­te­zar en frag­men­tos de seis o sie­te cen­tí­me­tros y co­cí­ne­los con agua has­ta cuan­do den mues­tras de abrir­se. Es­cu­rra. Una vez fríos los frag­men­tos, ex­trai­ga la ma­sa y ma­chá­que­la. Aña­da unas go­tas de esen­cia de vai­ni­lla y unas cu­cha­ri­tas de azú­car.

En­fríe sus ma­nos con agua, sé­que­las y lue­go ex­tien­da en la pal­ma de la mano iz­quier­da una por­ción de ma­sa. Co­lo­que en el cen­tro de la ma­sa una cu­cha­ra­da de que­so ra­lla­do. Se pre­fie­re que­so de me­sa. In­cor­po­re unas pa­sas y cie­rre la ma­sa. Dé for­ma alar­ga­da, se en­tien­de con la apli­ca­ción de las dos ma­nos. El ta­ma­ño de­pen­de­rá del muy discutido sen­ti­do co­mún. Pa­ra do­rar los pas­te­li­tos uti­li­ce una plan­cha o una sar­tén con po­ca gra­sa. Ti­bios irán a la me­sa en el mo­men­to del pos­tre; aun­que se los pue­de co­mer acom­pa­ña­dos con agua de ce­drón y co­mo una sen­ci­lla cena.

Es­tos bo­ca­dos nos han lle­ga­do des­de co­mien­zos de la co­lo­ni­za­ción es­pa­ño­la, cuan­do las va­rie­da­des de plá­ta­nos cre­cían en las tie­rras ca­lien­tes ame­ri­ca­nas y sus fru­tos se apro­ve­cha­ban de mu­chas ma­ne­ras. En Gua­ya­quil, por ejem­plo, se ofre­cía el plá­tano ma­du­ro fri­to y tam­bién el ver­de asa­do, en lu­gar de pan, a los via­je­ros. Se di­ce que fue fray To­más de Ber­lan­ga, el des­cu­bri­dor del ar­chi­pié­la­go de Ga­lá­pa­gos, quien tra­jo el plá­tano de las is­las Ca­na­rias y lo plan­tó en la is­la Es­pa­ño­la, ac­tual­men­te Re­pú­bli­ca Do­mi­ni­ca­na-hai­tí. Pe­ro los pas­te­li­tos son obra de la co­ci­na ame­ri­ca­na y qui­zá, pro­pia­men­te, del Ecua­dor.

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