LOS SE­LLOS POS­TA­LES

más ra­ros del Ecua­dor

Memorias Porteñas - - PORTADA -

a So­cie­dad Colombo-Ale­ma­na de Trans­por­tes Aé­reos, más co­no­ci­da por sus si­glas co­mo Scadta, fue la se­gun­da ae­ro­lí­nea del mun­do y la pri­me­ra es­ta­ble­ci­da en nues­tro país y Amé­ri­ca. Se ini­ció en 1919 co­mo una pe­que­ña lí­nea aé­rea que uti­li­za­ba hi­dro­avio­nes Jun­kers que acua­ti­za­ban en el río Mag­da­le­na, en Co­lom­bia, pues pa­ra en­ton­ces no exis­tían cam­pos de avia­ción (ae­ro­puer­tos) que per­mi­tie­ran el ate­rri­za­je y de­co­la­je de las na­ves en nin­gún lu­gar del país del nor­te.

SCADTA EN GUA­YA­QUIL

El 12 de ju­nio de 1928 y an­te una gran can­ti­dad de pú­bli­co, acua­ti­zó en el río Gua­yas el hi­dro­avión Atlán­ti­co de Scadta, acon­te­ci­mien­to con el que se ini­cia­rían los vue­los co­mer­cia­les en Ecua­dor. Po­cas se­ma­nas des­pués, el go­bierno ecua­to­riano fir­mó un con­ve­nio con la com­pa­ñía de avia­ción por me­dio del cual es­ta se ha­ría car­go del tras­la­do de la co­rres­pon­den­cia, tan­to den­tro co­mo fue­ra del país.

La co­rres­pon­den­cia se­ría re­ci­bi­da en las ofi­ci­nas de los agen­tes de la Scadta en Gua­ya­quil - Agen­cia Ge­ne­ral (P. Ica­za 111) y en Qui­to, en las ofi­ci­nas de G. L. Cha­nan­ge, en el Pa­sa­je Ro­yal, a más de no me­nos de sie­te ofi­ci­nas re­par­ti­das en las prin­ci­pa­les po­bla­cio­nes de cos­ta y sie­rra.

Gus­ta­vo Luis Cha­nan­ge era el re­pre­sen­tan­te de la Scadta en el Ecua­dor. Ciu­da­dano ale­mán, Cha­nan­ge ha­bía si­do ex­pul­sa­do tem­po­ral­men­te del país a raíz de la Re­vo­lu­ción Juliana (1925), por sus re­la­cio­nes con el Ban­co Co­mer­cial y Agrí­co­la de Gua­ya­quil; era re­pre­sen­tan­te de im­por­tan­tes fir­mas ale­ma­nas.

LOS SE­LLOS PA­RA LA CO­RRES­PON­DEN­CIA

Ori­gi­nal­men­te se pen­só fran­quear la co­rres­pon­den­cia con se­llos que lle­va­rían co­mo ale­go­ría la co­lum­na de los pró­ce­res del 9 de Oc­tu­bre, di­se­ña­dos e im­pre­sos en Gua­ya­quil por la im­pren­ta Se­ne­fel­der, pe­ro no se hi­zo así. No co­no­ce­mos la ra­zón por la que es­tos se­llos no se uti­li­za­ron (que­dan­do im­pre­sos unos po­cos co­mo pa­ra mues­tra), ni por qué, a cam­bio se usa­ron se­llos co­lom­bia­nos de cin­co va­lo­res di­fe­ren­tes, obli­te­ra­dos de tal mo­do que se vie­ra que es­ta­ban ha­bi­li­ta­dos pa­ra su uso pro­vi­sio­nal en Ecua­dor, con de­no­mi­na­cio­nes dis­tin­tas a las de los se­llos ori­gi­na­les.

LOS MÁS CO­DI­CIA­DOS

Los se­llos uti­li­za­dos por Scadta, que se con­ver­ti­rían en ra­re­zas, fue­ron los pri­me­ros en ha­bi­li­tar­se. Uno que no se emi­tió (o sea que no cir­cu­ló fran­quean­do co­rres­pon­den­cia) y cu­ya so­bre­car­ga so­bre el va­lor ori­gi­nal de­cía 75 Cts.75. Otro si­mi­lar pe­ro con una so­bre­car­ga de 50 Cts.50 (del que se hi­cie­ron 250, o sea el 10 % de un to­tal de 2.500 que se so­bre­car­ga­ron pa­ra su uso pos­tal), que sí circu­lo fran­quean­do 82 cartas, de las cua­les

la gran ma­yo­ría fue­ron “la­va­das” pa­ra sa­car­les el se­llo. Tres se­llos de la se­rie co­no­ci­da co­mo Pro­vi­sio­nal (so­bre se­llos co­lom­bia­nos), de las pri­me­ras de­no­mi­na­cio­nes de cin­cuen­ta, se­ten­tai­cin­co cen­ta­vos y un su­cre, pe­ro con la pa­la­bra Pro­vi­sio­nal in­cli­na­da 41° en lu­gar de los 45° que te­nían los se­llos nor­ma­les. Y un con­jun­to de tres se­llos con un va­lor de un su­cre que sa­lie­ron con la so­bre­car­ga de­fec­tuo­sa, pues los nú­me­ros uno te­nían ta­ma­ños di­fe­ren­tes.

Co­mo ya di­ji­mos, la di­fe­ren­cia en­tre el de 50 Cts. y el de 75 Cts. era que el uno se pu­so en ven­ta y el otro no, con el agra­van­te de que del uno (el de 75 Cts.) so­lo se hi­zo una pla­na de 25 y del otro se im­pri­mie­ron 10 pla­nas de la mis­ma can­ti­dad (25 pie­zas), afec­tan­do enor­me­men­te su va­lor.

Es­tos se­llos pos­ta­les, ha­bi­li­ta­dos to­dos en Gua­ya­quil y de los que se asu­me so­lo son ori­gi­na­les (los 50 Cts. 50) los que se usa­ron en el Puer­to Prin­ci­pal, se en­cuen­tran en­tre las pie­zas más co­di­cia­das de la filatelia ecua­to­ria­na, lle­gan­do a pa­gar­se va­lo­res muy ele­va­do por al­gu­nos de ellos, co­mo es el ca­so del 75 Cts. 75, que en la ac­tua­li­dad se ofre­ce en ca­si US$ 12.000 en una pá­gi­na de ven­ta de se­llos pos­ta­les que se pue­de en­con­trar en eBay por in­ter­net.

EFI­CIEN­CIA Y EVOLUCIÓN

Aun­que el con­tra­to per­mi­tía a Scadta un pla­zo pa­ra ope­rar has­ta fi­nes de di­ciem­bre de 1828, la em­pre­sa ofre­ció sus ser­vi­cios por más tiem­po. En 1930 anun­ció el Ser­vi­cio Bo­li­va­riano de Trans­por­tes Aé­reos, que ga­ran­ti­za­ba se­gu­ri­dad y ra­pi­dez, ofre­cien­do sa­li­das se­ma­na­les des­de Gua­ya­quil a Sa­li­nas, Bahía, Es­me­ral­das, Tumaco, Bue­na­ven­tu­ra, Co­lón, Car­ta­ge­na y Ba­rran­qui­lla, trans­por­tan­do ade­más el co­rreo a to­das las ca­pi­ta­les de Co­lom- bia, Es­ta­dos Uni­dos y Eu­ro­pa.

Scadta es­ta­ble­ció una am­plia red de ru­tas en la re­gión, dan­do ori­gen a la que se­ría la más im­por­tan­te ae­ro­lí­nea de Amé­ri­ca en su tiem­po. En los años ’30 el na­ci­mien­to de Pa­na­gra (Pan Ame­ri­can Gra­ce Air­ways) de­bi­li­tó la po­si­ción de Scadta en el mer­ca­do, ra­zón por la cual su prin­ci­pal ac­cio­nis­ta, el in­dus­trial Pe­ter Paul von Bauer, ven­dió sus ac­cio­nes pa­ra evi­tar que ca­ye­ra en ma­nos de Hitler y la Ale­ma­nia na­zi.

AVIAN­CA AL­ZA EL VUE­LO

El 27 de oc­tu­bre de 1939 se anun­ció que Scadta se fu­sio­na­ba con la Sa­co (Ser­vi­cio Aé­reo Co­lom­biano), em­pre­sa que de­ja­ba de ope­rar al día si­guien­te. El 14 de ju­nio de 1940, en Ba­rran­qui­lla, an­te no­ta­rio pú­bli­co, se fir­mó la es­cri­tu­ra de cons­ti­tu­ción de Ae­ro­vías Na­cio­na­les de Co­lom­bia S. A. (Avian­ca), fu­sión de Scadta, ya en ma­nos es­ta­dou­ni­den­ses, y Sa­co.

En 2004, la com­pa­ñía Si­nergy, del em­pre­sa­rio colombo-bra­si­le­ño German Efro­mo­vich, la ad­qui­rió y le cam­bió el nom­bre por el de Ae­ro­vías del Con­ti­nen­te Ame­ri­cano, aun cuan­do con­ser­vó el acró­ni­mo de Avian­ca. (F)

So­bres fran­quea­dos con se­llos de Scadta y se­llos pos­ta­les de Ecua­dor con­te­nien­do el ra­ro error del 50CTS50, pe­ga­dos en ellos en la épo­ca en que don Emi­lio Pá­rra­ga los qui­so cir­cu­lar ha­cia Co­lom­bia.

Se­rie pro­vi­sio­nal que no se uti­li­zó, im­pre­sa en Se­ne­fel­der.

So­bre fran­quea­do con to­dos los se­llos co­lom­bia­nos, ha­bi­li­ta­dos pa­ra usar­se en co­rreo aé­reo den­tro del país.

Es­tam­pi­llas con el error de im­pre­sión co­no­ci­do co­mo UNOS DIS­PA­RES.

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