LU­CÍA FI­GUE­ROA

LA PRINCESA DEL BA­LLET CE­LE­BRA SUS 10 AÑOS DE TRA­YEC­TO­RIA AR­TÍS­TI­CA

Hola El Salvador - - Cóctel De Noticias - Tex­to: AMAN­DA RODAS Pro­duc­ción: RA­QUEL COR­TEZ Fo­to­gra­fía: FRAN­CIS­CO CAS­TA­NE­DA Ma­qui­lla­je: CLAU­DIA CA­RRI­LLO Peinado: BRAN­DON RU­BIO

LU­CÍA FI­GUE­ROA es una princesa en el ba­llet. La Be­lla Dur­mien­te fue la primera obra que lo com­pro­bó. Sal­tan­do por los ai­res e in­ter­pre­tan­do fuer­te­men­te el su­fri­mien­to por la mal­di­ción de la bru­ja, ha si­do una de las tan­tas obras que la mues­tran co­mo una ba­lle­tis­ta pro­fe­sio­nal.

Con una tra­yec­to­ria de 10 años, Lu­cía con­fie­sa que el ba­llet no fue su pri­mer amor. Pri­me­ro pro­bó suer­te con la gim­na­sia rít­mi­ca y la dan­za jazz, tiem­po des­pués, lle­gó a la dis­ci­pli­na del ba­llet. Lo que sí te­nía cla­ro es que ex­plo­ta­ría su con­di­ción fí­si­ca, o co­mo ella lo lla­ma el don que Dios le re­ga­ló. La jo­ven es­bel­ta de 1.65 me­tros de al­tu­ra, con un ros­tro an­ge­li­cal y una son­ri­sa ge­nui­na, ha­bló con ¡HO­LA! so­bre sus mag­ní­fi­cas ex­pe­rien­cias y triun­fos en el mun­do del bai­le.

—En­ton­ces de pe­que­ña no prac­ti­cas­te ba­llet, ¿a qué edad ini­cia to­do?

—De pe­que­ña prac­ti­qué otro ti­po de bai­le co­mo el jazz en el Vi­vra Jazz, por­que bai­lar siem­pre me en­can­tó. A esa edad me gus­ta­ba in­ven­tar mis pro­pias co­reo­gra­fías y pre­sen­tár­se­las a mi fa­mi­lia por las no­ches, pero so­bre­to­do ama­ba te­ner pre­sen­ta­cio­nes en el tea­tro. Por in­con­ve­nien­tes, con el ho­ra­rio de mis cla­ses de bai­le, ya no pu­de se­guir asis­tien­do. Lue­go, de los 7 a los 10 años, hi­ce gim­na­sia rít­mi­ca en el Po­li­de­por­ti­vo. El ba­llet lo ini­cié a los 11 años en la Fun­da­ción Ba­llet de El Sal­va­dor, des­pués de de­jar la gim­na­sia.

—¿Cuál fue la primera pie­za que bai­las­te con ba­llet?

— El Cas­ca­nue­ces, en el que in­ter­pre­ta­ba los ro­les de ami­ga de Cla­ra y bas­tón de dul­ce. Des­de en­ton­ces me enamo­ré de la dan­za y me di cuen­ta que era un mun­do que me apa­sio­na­ba y que­ría vi­vir siem­pre.

—Y aho­ra ya 10 años...

—El ba­llet es mi pro­fe­sión, es mi dia­rio vi­vir, es al­go que es­tá pre­sen­te en mi men­te to­dos los días. Ha­ga lo que ha­ga y va­ya don­de va­ya, el ba­llet vie­ne siem­pre con­mi­go. Yo, sin la dan­za se­ría to­tal­men­te otra per­so­na, el ba­llet es mi for­ma de ex­pre­sión, es al­go que me ha­ce sen­tir com­ple­ta y fe­liz.

—Y cuan­do di­ces to­dos los días, ¿tam­bién te re­fie­res a los en­sa­yos?

—Sí. Más o me­nos seis ho­ras al día le de­di­co, pue­de ser un po­co más o un po­co me­nos, de­pen­dien­do si hay al­gu­na fun­ción cer­ca. Se­ma­nal­men­te se­rían al­re­de­dor de 30 a 36 ho­ras.

—En las obras que te he vis­to, ha­ces ba­llet y ac­tua­ción.

—El ba­llet in­vo­lu­cra mu­chas ve­ces el tea­tro, nun­ca he te­ni­do la opor­tu­ni­dad de ha­cer tea­tro pu­ro, pero sí ha­go in­ter­pre­ta­ción.

—¿Cuál ha si­do la ex­pe­rien­cia más inol­vi­da­ble co­mo ba­lle­tis­ta?

—Al­gu­nas de las más me­mo­ra­bles fue cuan­do te­nía 14 años y par­ti­ci­pé en una com­pe­ten­cia de ba­llet en Li­ma, Perú. Lo­gré pa­sar a la ron­da se­mi­fi­nal, pero no a la ron­da fi­nal. El día de la ga­la de pre­mia­ción, me sen­tía muy tris­te por­que que­ría es­tar en­tre los de­más bai­la­ri­nes que re­ci­bi­rían un premio. De pron­to, es­tan­do sen­ta­da en el pú­bli­co

con mi ma­má y mi maes­tra Dul­ce, en­tre­ga­ron dos be­cas pro­me­ti­das por el ju­ra­do ru­so Vla­di­mir Is­saev. De un to­tal de 80 par­ti­ci­pan­tes, es­co­gie­ron a dos des­ta­ca­dos, y me la die­ron a mí. Cuan­do es­cu­ché mi nom­bre no po­día creer­lo, me ale­gré mu­chí­si­mo y to­do el pú­bli­co me ani­mó a su­bir al es­ce­na­rio a re­ci­bir mi premio con los de­más fi­na­lis­tas.

—¡Qué emo­ción!

—Es inol­vi­da­ble ese mo­men­to. —Pero tam­bién via­jas­te a Es­ta­dos Uni­dos a es­tu­diar más ba­llet, ¿cier­to?

—Sí. Cuan­do te­nía 17 años, me fui a es­tu­diar ba­llet a la Jof­frey Aca­demy of Dan­ce de Chica­go. Es­tu­ve en el ni­vel más al­to de la es­cue­la en el “Trai­nee Pro­gram”. Al­gu­nos bai­la­ri­nes de ese pro­gra­ma fui­mos es­co­gi­dos pa­ra ir a bai­lar un frag­men­to de El Cas­ca­nue­ces con la Or­ques­ta Sin­fó­ni­ca de Cle­ve­land. To­do ese via­je fue una ex­pe­rien­cia ma­ra­vi­llo­sa.

“El ba­llet es mi pro­fe­sión, es mi dia­rio vi­vir, es al­go que es­tá pre­sen­te en mi men­te to­dos los días”

—¿Có­mo fue la ex­pe­rien­cia de vi­vir allá?

—Her­mo­sa. De lo que más me gus­tó fue que es­tu­vi­mos alo­ja­dos en una par­te muy his­tó­ri­ca de la ciu­dad, y bai­la­mos don­de la or­ques­ta ha­ce sus con­cier­tos, un lu­gar lla­ma­do Se­ve­ran­ce Hall, pre­cio­so por den­tro y por fue­ra. La or­ques­ta, que es de re­nom­bre mun­dial to­ca­ba de ma­ne­ra muy su­bli­me, tan su­bli­me que pa­re­cía irreal. Bai­lar con ellos fue al­go muy má­gi­co, dis­fru­té ca­da mi­nu­to de esos días.

—Su­pe que fuis­te ha­cer un exa­men co­mo so­lis­ta en Mé­xi­co, ¿có­mo te fue?

—Fue mi úl­ti­mo exa­men “So­lo Seal Award” de Ro­yal Aca­demy of Dan­ce, así que fui acom­pa­ña­da de mi ma­má, ella siem­pre an­da con­mi­go. Es­te exa­men se rea­li­za anual­men­te y úni­ca­men­te en cin­co ciu­da­des al­re­de­dor del mun­do, y só­lo se pue­de rea­li­zar si en el exa­men del ni­vel an­te­rior, Ad­van­ced 2, se ob­tu­vo una ca­li­fi­ca­ción al­ta. Mi exa­men lo pre­sen­té fren­te a un ju­ra­do y con­sis­tía en in­ter­pre­tar tres pie­zas de ba­llet, una ro­mán­ti­ca, una clá­si­ca y una neo­clá­si­ca. Ese día me sen­tía muy ten­sa y ner­vio­sa, más que nun­ca en to­da mi vi­da. Sen­tía una gran pre­sión de no que­rer de­cep­cio­nar a to­dos los maes­tros jun­to a los que tra­ba­jé du­rí­si­mo por me­ses pa­ra mi pre­pa­ra­ción. Ade­más, era al­go muy im­por­tan­te pa­ra mí, sig­ni­fi­ca­ba una prue­ba muy gran­de. Gracias a Dios, tu­ve la di­cha de ser una de las 13 bai­la­ri­nas en to­do el mun­do que lo­gra­ron pa­sar sa­tis­fac­to­ria­men­te el exa­men en ese año.

—Has pues­to el nom­bre de El Sal­va­dor muy en al­to.

—He re­pre­sen­ta­do al país en dos com­pe­ten­cias in­ter­na­cio­na­les, en el II Cer­ta­men In­ter­na­cio­nal de Es­cue­las de Ba­llet en Li­ma, Perú, y en la Bos­ton In­ter­na­tio­nal Ba­llet Com­pe­ti­tion. Tam­bién, he re­pre­sen­ta­do al país en la ciu­dad de Mé­xi­co, cuan­do ren­dí mi exa­men de so­lis­ta y en dos Ga­las In­ter­na­cio­na­les de Ba­llet en Ma­na­gua, Ni­ca­ra­gua. Ade­más he rea­li­za­do cur­sos in­ter­na­cio­na­les en di­fe­ren­tes es­cue­las, The Was­hing­ton Ba­llet, Bols­hoi Sum­mer In­ten­si­ve, Ki­rov Aca­demy of Ba­llet of Was­hing­ton DC, Pit­ts­burgh Ba­llet Thea­tre, Arts Ba­llet Thea­ter of Flo­ri­da y la Es­cue­la Na­cio­nal de Ba­llet de Cu­ba.

—¿Quién es tu men­tor y por qué? — Al­ci­ra Alon­so, di­rec­to­ra de la Fun­da­ción y Com­pa­ñía Ba­llet de El Sal­va­dor, quien me im­pul­só pa­ra ir a com­pe­ten­cias y cur­sos fue­ra del país. Ella siem­pre cre­yó en mí y me apo­yó, ade­más me ha da­do la opor­tu­ni­dad de pro­ta­go­ni­zar ba­llets com­ple­tos co­mo: La Be­lla Dur­mien­te, Romeo y Julieta y El La­go de los Cis­nes. Su ejem­plo so­bre to­do ha si­do muy im­por­tan­te en mi vi­da.

No pue­do de­jar de men­cio­nar a mi me­jor men­to­ra, no de dan­za sino de vi­da, mi ma­má. Siem­pre ha es­ta­do con­mi­go in­con­di­cio­nal­men­te, sin su apo­yo, ejem­plo y amor ja­más hu­bie­ra lo­gra­do na­da.

« Bai­lar no es al­go que se lo­gre de un día a otro, es al­go que to­ma años de cons­tan­te es­tu­dio y prác­ti­ca» (SI­GUE)

Con una tra­yec­to­ria de 10 años, Lu­cía con­fie­sa que el ba­llet no fue su pri­mer amor. Pri­me­ro pro­bó suer­te con la gim­na­sia rít­mi­ca y la dan­za jazz, tiem­po des­pués, lle­gó a la dis­ci­pli­na del ba­llet. Lo que sí te­nía cla­ro es que ex­plo­ta­ría su con­di­ción fí­si­ca, o co­mo ella lo lla­ma el don que Dios le re­ga­ló.

«Al­gu­nas de las más me­mo­ra­bles fue cuan­do te­nía 14 años y par­ti­ci­pé en una com­pe­ten­cia de ba­llet en Li­ma, Perú. Lo­gré pa­sar a la ron­da se­mi­fi­nal, pero no a la ron­da fi­nal»

«Mi re­to es lle­gar a in­ter­pre­tar to­dos los ba­llets clá­si­cos que sea po­si­ble y me en­can­ta­ría bai­lar en dis­tin­tos tea­tros al­re­de­dor del mun­do. Mi si­guien­te pa­so se vie­ne con los ba­llets que res­tan pa­ra la

tem­po­ra­da 2016 en la Com­pa­ñía Ba­llet de El Sal­va­dor»

La jo­ven es­bel­ta de 1.65 me­tros de al­tu­ra, con un ros­tro an­ge­li­cal y una son­ri­sa ge­nui­na, ha­bló con ¡HO­LA! so­bre sus mag­ní­fi­cas ex­pe­rien­cias y triun­fos en el mun­do del bai­le.

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