GLADIS DE TAMIRA

Hola El Salvador - - 30 Minutos Con... - Tex­to: AMANDA RO­DAS

Co­se­cha sue­ños en for­ma de flo­res

EN SUS MÚL­TI­PLES fa­ce­tas, ya sea co­mo mu­jer em­pren­de­do­ra o co­mo ma­dre, Gladis de Tamira es una mu­jer sor­pren­den­te. Flo­ris­te­ría Tamira es el re­to­ño em­pre­sa­rial de Gladis y, con 52 años en el mer­ca­do, se ha po­si­cio­na­do co­mo una de los em­pren­di­mien­tos más pres­ti­gio­sos de El Sal­va­dor.

A tra­vés de ro­sas, tu­li­pa­nes y li­rios se pue­den trans­mi­tir una in­fi­ni­dad de sen­ti­mien­tos. Flo­ris­te­ría Tamira es uno de los dis­tri­bui­do­res ex­clu­si­vos de tu­li­pa­nes en el país y cuen­ta con ser­vi­cios de ro­sas im­pre­sas, pre­ser­va­das y arre­glos que tie­nen co­mo lí­mi­te la ima­gi­na­ción del clien­te. En el mes de la ma­dre Gladis de Tamira nos ha­bla so­bre el ex­tra­or­di­na­rio amor que tie­ne por sus hi­jos y le re­ve­la a ¡HO­LA! la her­mo­sa co­se­cha que ha lo­gra­do con su ne­go­cio y có­mo su éxi­to la lle­vó a ser acree­do­ra del pre­mio “La Ceiba de Oro” du­ran­te 14 años se­gui­dos.

—Gladis, ¿có­mo ce­le­bra­rá el mes de ma­yo?

—Ma­yo es un mes de mu­cho amor y ad­mi­ra­ción, por­que en él re­cor­da­mos a nues­tras ma­dres. En mi ca­so, mi ma­má fue ma­ra­vi­llo­sa co­mo ma­dre, ami­ga y un gran ejem­plo a se­guir. Ella me in­cul­có to­dos los va­lo­res mo­ra­les que me han ayu­da­do en to­do sen­ti­do.

—¿Qué re­pre­sen­ta la ma­ter­ni­dad en su vida?

—Ser ma­dre me lle­vó a rea­li­zar­me co­mo mu­jer. Cuan­do su­pe que iba a ser ma­dre pri­me­ro di gra­cias a Dios por con­ce­der­me ese pri­vi­le­gio y, no lo nie­go, tu­ve sen­ti­mien­tos en­con­tra­dos. Hoy mis hi­jos son mi te­so­ro más pre­cia­do, dos hom­bres ma­ra­vi­llo­sos que me han mo­ti­va­do des­de el pri­mer mo­men­to en que los car­gué en mis bra­zos y por ello siem­pre me he sen­ti­do la mu­jer más fe­liz y ben­de­ci­da del mun­do.

—Las flo­res son muy im­por­tan­tes pa­ra re­cor­dar­le nues­tro amor a la mu­jer que nos dio la vida, ¿cuá­les son las flo­res o arre­glos flo­ra­les que más se bus­can en el mes de la ma­dre?

—Las flo­res son el men­sa­je pa­ra ex­pre­sar­le to­do nues­tro amor, ad­mi­ra­ción y res­pe­to a esa mu­jer que nos dio la vida y nos cui­dó, in­con­di­cio­nal­men­te, con tan­ta de­di­ca­ción. Las flo­res más ven­di­das en es­te mes son los tu­li­pa­nes y las ro­sas en to­nos pas­te­les, pues re­fle­jan to­da la de­li­ca­de­za de nues­tras ma­dres al cui­dar­nos des­de pe­que­ños.

—En su ca­so, ¿cuál es la que más le gus­ta?

—Mis flo­res pre­fe­ri­das son los tu­li­pa­nes, por su de­li­ca­da y ele­gan­te for­ma. Su fi­ne­za lle­na mi es­pí­ri­tu con una gran paz y ale­gría. No tie­nen mu­cha si­mi­li­tud con las de­más y cuan­do se abren en su to­ta­li­dad ex­pre­san su be­lle­za na­tu­ral.

—¿Cuál es su ins­pi­ra­ción pa­ra crear los arre­glos de la flo­ris­te­ría?

—To­dos nues­tros es­ti­los na­cen en mi ima­gi­na­ción pa­ra dar ca­bi­da a mu­chas for­mas y co­lo­res. Al crear los arre­glos de Flo­ris­te­ría Tamira pien­so en la ex­pre­sión de las personas al re­ci­bir­los, con los di­se­ños di­fe­ren­tes y los de­ta­lles es­pe­cia­les que son un la­zo de fe­li­ci­dad y sor­pre­sa pa­ra mis clien­tes.

—¿Siem­pre ha te­ni­do ese es­pí­ri­tu em­pren­de­dor?

—Creo que los sal­va­do­re­ños so­mos en ge­ne­ral muy em­pren­de­do­res y el con­se­jo es que no se de­ten­gan. Si tie­nen una idea o una in­cli­na­ción ha­cia al­gún em­pren­di­mien­to, es im­por­tan­te que per­se­ve­ren en lo que desean y es­toy se­gu­ra de que, de la mano de Dios, irán ha­cia ade­lan­te y lo­gra­rán to­do lo que se pro­pon­gan.

—Cuén­te­nos so­bre Flo­ris­te­ría Tamira, ¿có­mo sur­gió la idea de de­di­car­se a ven­der flo­res y no otro pro­duc­to?

—La que­ri­da Tamira sur­gió de mi in­cli­na­ción al ar­te, pues siem­pre qui­se ser pin­to­ra (Ri­sas). No la­men­to en nin­gún mo­men­to ha­ber­me de­di­ca­do al ar­te de las flo­res, pues me ha da­do mu­chas sa­tis­fac­cio­nes y ale­grías ver las reac­cio­nes de las personas que re­ci­ben mis de­co­ra­cio­nes. Es­to es lo que me ha he­cho per­se­ve­rar du­ran­te 50 años en es­te be­llo bar­co del di­se­ño de flo­res y de­co­ra­ción de bo­das y even­tos. Mi in­cli­na­ción a las flo­res siem­pre ha si­do más gran­de que cual­quier otra idea de ne­go­cio que sur­gía en mi ca­be­za.

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