DIEZ AÑOS DES­PUÉS DE SU IDÍ­LI­CA BO­DA EN ITA­LIA ROD STEWART Y PENNY LAN­CAS­TER RI­SAS Y LÁ­GRI­MAS DE EMO­CIÓN AL RE­NO­VAR SUS VO­TOS MA­TRI­MO­NIA­LES EN UNA RO­MÁN­TI­CA CE­RE­MO­NIA EN SU CA­SA DE ES­SEX

Hola El Salvador - - Contenido - En­tre­vis­ta: ROSALIND PO­WELL Fo­tos: SIM CANETTY-CLAR­KE Rod y Penny han do­na­do los be­ne­fi­cios de es­te re­por­ta­je a la Eve­ning Stan­dard Dis­pos­ses­sed Fund pa­ra ayu­dar a las víc­ti­mas de la tra­ge­dia del in­cen­dio de la Gren­fell To­wer de Lon­dres

Se ce­le­bró ba­jo una gran ha­ya del jar­dín, de más de 18 hec­tá­reas, y fue ofi­cia­da por el mis­mo re­ve­ren­do que les ca­só ha­ce una dé­ca­da en Por­to­fino y que bau­ti­zó a los dos hi­jos de la pa­re­ja

ROD Stewart in­ter­cam­bió sus vo­tos ma­tri­mo­nia­les con Penny Lan­cas­ter en un mo­nas­te­rio me­die­val de Por­to­fino mien­tras un co­ro in­fan­til ita­liano can­ta­ba. Más de cien in­vi­ta­dos lo ce­le­bra­ron con ellos y los fue­gos ar­ti­fi­cia­les ex­plo­ta­ron so­bre el Me­di­te­rrá­neo.

Diez años des­pués, la pa­re­ja — aho­ra Sir Rod y Lady Stewart, des­pués de que el le­gen­da­rio ro­que­ro fue­se nom­bra­do caballero el año pa­sa­do— ha re­no­va­do esos mis­mos vo­tos en un per­fec­to día de ve­rano bri­tá­ni­co, de pie ba­jo un vie­jo ár­bol en los jar­di­nes de die­ci­ocho hec­tá­reas de su ca­sa de Es­sex, ves­ti­dos am­bos de blan­co y ro­dea­dos por mu­chos de los mis­mos ami­gos y fa­mi­lia­res. Les acom­pa­ña­ron sus hi­jos, Alas­tair, de on­ce años, que era so­lo un be­bé en 2007, y Ai­den, de seis.

«Penny es mi mun­do. Qué chi­ca», di­ce Rod a ¡HO­LA! «El amor sig­ni­fi­ca mu­chas co­sas pa­ra mu­cha

«Penny es to­do mi mun­do. La quie­ro más que nun­ca, si eso es po­si­ble»

gen­te, pe­ro pa­ra mí es que­rer com­par­tir to­do con quien amas y amo a Penny aho­ra más que nun­ca, si eso es po­si­ble». «No es­ta­mos de­mos­tran­do na­da, sim­ple­men­te com­par­tien­do nues­tro amor con nuestros ami­gos y fa­mi­lia­res». «Que­ría­mos dar­nos el “sí, quie­ro” de nue­vo», di­ce Penny, de cua­ren­ta y seis años, mien­tras aña­de que la ce­re­mo­nia era «tal y co­mo la ima­gi­na­ba».

Jun­to a la pa­re­ja, que se co­no­ció ha­ce die­ci­ocho años por ca­sua­li­dad en una fies­ta de Na­vi­dad en el ho­tel Dor­ches­ter, de Lon­dres, es­ta­ban la hi­ja de Sir Rod, Kim­berly, de trein­ta y sie­te años; la hi­ja de esta, De­li­lah, de cin­co años, y su hi­jo Sean, de trein­ta y seis años, que ha­bían vo­la­do en avión des­de sus ca­sas en Los Án­ge­les. Tam­bién les acom­pa­ña­ron dos hi­jos más del can­tan­te, Re­nee, de vein­ti­cin­co años, y Liam, de vein­ti­dós, que tra­ba­jan en el Reino Uni­do. To­dos lle­ga­ron pa­ra es­tar jun­tos en la ca­sa una se­ma­na an­tes de la ce­re­mo­nia. La hi­ja de trein­ta años de Sir Rod, Ruby, te­nía un com­pro­mi­so pro­fe­sio­nal —ac­tua­ba en Nash­vi­lle con su ban­da, The Sis­ter­hood— y no pu­do es­tar ese día.

Penny di­ce: «He vis­to a los ni­ños pa­sar por to­das sus eta­pas, des­de ser ado­les­cen­tes has­ta te­ner ca­rre­ras, y nues­tra re­la­ción se ha for­ta­le­ci­do. Así que, te­ner­los allí, es co­mo se su­po­nía que te­nía que ser». «No so­mos so­lo Rod y yo, es­ta­mos to­dos aquí jun­tos y so­mos más fuer­tes que nun­ca», agre­ga al hablar del clan, que es­tá muy uni­do.

Los in­vi­ta­dos se sen­ta­ron en ban­cos blancos en el pre­cio­so jar­dín de la ca­sa de Rod y Penny pa­ra la ce­re­mo­nia. In­clu­so el que­ri­do pe­rro de Penny, «Bub­bles» («Bur­bu­jas»), ju­gó un pa­pel im­por­tan­te, ya que acom­pa­ñó a su ama y se sen­tó a sus pies.

«Es­ta­ba cla­ro que iba a llo­rar, to­do el mun­do lo es­pe­ra­ba de mí», di­ce Penny so­bre el mo­men­to en que re­pi­tió su pro­me­sa de amar a su ma­ri­do, de se­ten­ta y dos años, pa­ra siem­pre. «Y en­ton­ces, cuan­do Rod sol­tó una lá­gri­ma, to­do el mun­do lo hi­zo. Era co­mo un efec­to do­mi­nó». «Me hi­zo llo­rar y es­toy or­gu­llo­so de ello», di­ce Sir Rod.

FE­LI­CI­DAD CON­YU­GAL

La es­tre­lla del «rock» y su es­po­sa son co­no­ci­dos por te­ner uno de los ma­tri­mo­nios más fe­li­ces y es­ta­bles en una in­dus­tria no­to­ria­men­te ines­ta­ble y, a lo lar­go de los años, han «apren­di­do a in­fluir el uno en el otro», di­ce Penny. «Nos mo­ve­mos en la di­rec­ción co­rrec­ta. Al­gu­nas per­so­nas han di­cho que in­clu­so he­mos co­men­za­do a pa­re­cer­nos el uno al otro», bro­mea. En el cen­tro de su mun­do es­tán Alas­tair y Ai­den, que que­rían desem­pe­ñar pa­pe­les cla­ve en el gran día de sus padres.

Penny que­ría in­cluir mu­chos de­ta­lles de su bo­da en Por­to­fino. In­ter­cam­bia­ron los mis­mos vo­tos tra­di­cio­na­les en una ce­re­mo­nia ofi­cia­da por el Re­ve­ren­do Ian Gil­mour, que tam­bién ha­bía pre­si­di­do el ser­vi­cio en Ita­lia (y bau­ti­zó a sus dos ni­ños). Y uti­li­zó el mis­mo flo­ris­ta, fo­tó­gra­fo de bo­das y pe­lu­que­ría.

«Que­ría es­tar con la gen­te que po­día crear el mis­mo sen­ti­mien­to má­gi­co pa­ra mí», di­ce. «Pa­re­cía una fa­mi­lia ex­ten­di­da». In­clu­so su vestido te­nía una co­ne­xión con su bo­da. Bus­can­do al­go in­for­mal y «boho», ella vio el bo­ni­to vestido de en­ca­je blan­co en la tien­da de Bar­neys en Los Án­ge­les. «No me es­ta­ba en ab­so­lu­to ajus­ta­do y sa­bía que me sen­ti­ría real­men­te có­mo­da», di­ce. Cuan­do lle­gó a ca­sa y mi­ró la eti­que­ta des­cu­brió, por coin­ci­den­cia, que se hi­zo en Por­to­fino. «Yo es­ta­ba co­mo, “Dios mío, es­te es el que ten­go que usar». «Es­ta­ba pre­cio­sa (na­die sa­be lo que

ve en mí). En po­cas pa­la­bras, pa­re­cía una pin­tu­ra pre­rra­fae­lis­ta. Sim­ple­men­te pre­cio­sa», di­ce su or­gu­llo­so es­po­so.

El plan ori­gi­nal era vol­ver a Ita­lia pa­ra la ce­re­mo­nia, pe­ro de­ci­die­ron ce­le­brar­la en la ca­sa del si­glo XVIII a la que se mu­da­ron y que re­no­va­ron ha­ce tres años. «Pen­sa­mos: “¡Qué in­creí­ble se­ría ha­cer una fies­ta aquí”». Re­fle­xio­nan­do so­bre los úl­ti­mos diez años, Penny cree que ella y Rod se han «mez­cla­do y mol­dea­do el uno al otro. Los co­ra­zo­nes es­tán co­si­dos jun­tos aho­ra», di­ce.

Tam­bién se ríen mu­cho jun­tos. «Me en­can­ta el Rod tor­pe y di­ver­ti­do», ella son­ríe. «Y el he­cho de que es un caballero. Él tie­ne to­do pe­ro es su ro­man­ti­cis­mo y la pa­sión lo que más me gus­ta». Tam­bién ha vis­to a Sir Rod cam­biar con el tiem­po. «Él ha apren­di­do a es­cu­char y re­ci­bir con­se­jos mu­cho me­jor que an­tes», di­ce. Y lo que ella le ha da­do a Sir Rod es in­con­men­su­ra­ble. «Penny me ha traí­do to­do en la vi­da, pe­ro, so­bre to­do, la ale­gría», di­ce.

Jus­to des­pués de la ce­re­mo­nia, los in­vi­ta­dos re­gre­sa­ron por el jar­dín a una car­pa don­de tu­vo lu­gar la re­cep­ción. El co­ci­ne­ro bri­tá­ni­co de la pa­re­ja, Ha­mish Ba­rron, se en­car­gó jun­to a Bobby Co­le, su co­ci­ne­ro de Los Án­ge­les, don­de tie­nen otra ca­sa, de crear el de­li­cio­so me­nú de tres pla­tos que co­men­zó con una en­sa­la­da ita­lia­na se­gui­da de «ri­sot­to» de ce­ba­da per­la. El pos­tre, «in­creí­ble», era un enor­me mil­ho­jas de fru­ta de ve­rano (re­cor­dan­do tam­bién el pos­tre en su bo­da ita­lia­na), que fue mon­ta­do en la pis­ta de bai­le por los chefs cuan­do los in­vi­ta­dos es­ta­ban ce­nan­do.

En sus dis­cur­sos in­for­ma­les, sin guion, la pa­re­ja re­cor­dó los re­cien­tes ata­ques te­rro­ris­tas en Manchester y Lon­dres y el de­vas­ta­dor in­cen­dio en la to­rre Gren­fell. «Te­ner a la fa­mi­lia y ami­gos allí lo fue to­do», es­tá de acuer­do Sir Rod. «Te ha­ce pa­rar­te a pen­sar lo afor­tu­na­do que eres. Con tan­ta agi­ta­ción, vio­len­cia y pér­di­da en es­te mun­do, la fa­mi­lia lo es to­do».

Se reali­zó una re­co­lec­ta des­pués de los dis­cur­sos pa­ra la Eve­ning Stan­dard Dis­pos­ses­sed Fund en ayu­da a las víc­ti­mas de la tra­ge­dia en el in­cen­dio de la to­rre Gren­fell, que Rod cua­dru­pli­có con su pro­pio di­ne­ro y al que tam­bién se ha do­na­do los be­ne­fi­cios por es­te re­por­ta­je.

«Penny me lo ha da­do to­do en la vi­da, pe­ro, so­bre to­do, ale­gría. Es­ta­ba pre­cio­sa. En po­cas pa­la­bras, era co­mo un cua­dro pre­rra­fae­li­ta. Es­ta­ba sim­ple­men­te her­mo­sí­si­ma»

Sir Rod Stewart y su mu­jer, Lady Stewart, ce­le­bra­ron la ce­re­mo­nia de su «re-bo­da» en un idí­li­co rin­cón del jar­dín, en su ca­sa de Es­sex, an­te cien in­vi­ta­dos. «Fue to­do co­mo lo ha­bía ima­gi­na­do», di­ce Penny, que vol­vió a dar­le el «sí, quie­ro» al fa­mo­so can­tan­te ba­jo un ve­lo de mu­se­li­na col­ga­do en una vie­ja ha­ya. En la ima­gen iz­quier­da su­pe­rior, la in­vi­ta­ción. De­re­cha, la pa­re­ja se di­ri­gen ha­cia el al­tar, se­gui­da por «Bub­bles», el fiel pe­rro de Penny SU BO­DA HA­CE DIEZ AÑOS Jun­to a es­tas lí­neas, Penny y Rod fo­to­gra­fia­dos el día de su bo­da en Por­to­fino, ha­ce diez años (ju­nio de 2007), jun­to a su hi­jo Alas­tair, que aho­ra tie­ne on­ce. Fue la ma­gia de ese día lo que el ma­tri­mo­nio qui­so re­vi­vir en su re­no­va­ción de vo­tos.

El fa­mo­so can­tan­te es­tu­vo arro­pa­do por seis de sus hi­jos. «No es­ta­mos so­lo Rod y yo, es­ta­mos aquí to­dos jun­tos y so­mos más fuer­tes que nun­ca», ase­gu­ra Penny so­bre la gran fa­mi­lia Stewart

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