«No im­por­ta dón­de pon­ga mi vis­ta y mi al­ma, siem­pre hay una his­to­ria que pue­do me­jo­rar vi­sual­men­te. Y, lo más im­por­tan­te, es que no pue­do ha­cer obra que sa­tis­fa­ga a los de­más»

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man­te­ner a to­da la fa­mi­lia.

—¿Y tú re­ci­bis­te apro­ba­ción cuan­do co­men­zas­te a ex­plo­rar tu crea­ti­vi­dad?

—¡Sí! Creo que él me apo­yó pa­ra que lo­gra­ra ha­cer es­to, por­que él no iba a po­der cum­plir­lo. Tal vez se vio en mí. Mi pa­pá fue mi ma­yor apo­yo siem­pre, el que me re­ga­ló mi pri­me­ra cá­ma­ra, el que me pa­gó mis es­tu­dios de ci­ne… era el fan nú­me­ro uno. Él se emo­cio­na­ba con cada pro­yec­to que ha­cía, siem­pre iba a mis fil­mes y, ade­más, tra­ta­ba de co­nec­tar­me con gen­te pa­ra que si­guie­ra tra­ba­jan­do.

—El creía to­tal­men­te en mí. Mi pa­pá mu­rió ha­ce dos años y ese even­to me ca­yó co­mo un bal­de de agua fría. Me pa­ra­li­cé por me­ses, por­que sen­tía que no te­nía el apo­yo de mi fan nú­me­ro 1. Des­pués asu­mí más ma­du­ra­men­te ese apo­yo que te­nía… Real­men­te soy quien soy por su apo­yo.

—Se no­ta que eran muy uni­dos. —En el pa­so de es­tos años de ca­rre­ra, ¿has iden­ti­fi­ca­do un pro­pó­si­to co­mo crea­do­ra?

—Sí. To­do lo que yo he po­di­do cap­tar que la gen­te no ha­bla, que por al­gu­na ra­zón es mi res­pon­sa­bi­li­dad ha­blar­lo.

—Yo soy ma­dre de tres hi­jos y a mí me preo­cu­pa­ba… y me si­gue preo­cu­pan­do mu­cho co­mo es­tá la so­cie­dad ahora. Son ale­go­rías que pre­gun­tan “¿A dón­de va­mos?”, que no se tra­tan de mí, y por eso tie­nen un pro­pó­si­to ma­yor. Si hi­cie­ra una pe­lí­cu­la so­lo pa­ra mí, no to­ca­ría otras per­so­nas.

—¿Qué te mo­ti­va a ha­blar de es­tos te­mas? —Tu obra es apre­cia­da por mu­chos. ¿Eso có­mo te ha­ce sen­tir?

—Es in­creí­ble la sa­tis­fac­ción que un te­ma mío es com­par­ti­do por otra per­so­na. Yo soy un vehícu­lo y ten­go que asu­mir esa res­pon­sa­bi­li­dad mía de to­car per­so­nas a tra­vés de mi obra, así co­mo de sen­si­bi­li­zar a otros que aún no han des­per­ta­do en es­tos asun­tos.

—¿Has lle­ga­do a ha­cer co­la­bo­ra­cio­nes con otros ar­tis­tas?

—He pro­du­ci­do con Ju­lio Her­nán­dez, he es­cri­to co­sas con Ser­gio Ra­mí­rez y aho­ri­ta es­toy ha­cien­do un guión con Jay­ro Bus­ta­man­te.

—Mu­chos ve­mos el ci­ne co­mo un mun­do de red car­pets y ves­ti­dos de di­se­ña­dor. ¿Es así?

—Te pue­do de­cir que es un tra­ba­jo ex­tre­ma­da­men­te du­ro y dis­ci­pli­na­do. Las per­so­nas pien­san que hay mu­cho gla­mour en es­to, y si te di­go que lo hay, es el 0.0005%.

—Por­que no es de mu­cho di­ne­ro y es de de­ma­sia­do tra­ba­jo. He lle­ga­do a par­ti­ci­par co­mo ju­ra­do en ga­las, don­de lle­gan ar­tis­tas y eso, pe­ro eso su­ce­de­rá una o dos ve­ces al año. Y, cuan­do ha­ces una pe­lí­cu­la, por ejem­plo, pue­des dis­fru­tar de fes­ti­va­les des­pués de por lo me­nos tres años de tra­ba­jo, pues so­lo pa­ra ha­cer un guión ocu­pas por lo me­nos un año y me­dio.

—¿Por qué lo di­ces? —En­ton­ces la pa­cien­cia es una cua­li­dad im­por­tan­te a cul­ti­var.

—Yo siem­pre di­go que hay que te­ner pa­cien­cia pa­ra to­do. Sin em­bar­go, más que pa­cien­te, con un po­co más de ma­du­rez y ex­pe­rien­cia me doy cuen­ta que tie­nes que ba­lan­cear tu sa­bi­du­ría con tu ego. Eso re­quie­re pa­cien­cia y un ba­lan­ce per­so­nal, por­que en el ci­ne de­pen­des de mu­chí­si­ma gen­te y tie­nes que sa­ber que es un tra­ba­jo de to­dos. Tie­nes que ser muy sa­bia en sa­ber que no lo sa­bes to­do y que, mien­tras me­jor gen­te ten­gas al la­do tu­yo, me­jo­res co­sas vas a lo­grar. Mu­chos se con­fun­den con el ego de “so­lo yo sé”.

—An­tes ha­cia las co­sas so­la por­que era más fá­cil. Lo que pa­sa es que uno tie­ne una vi­sión y es muy di­fí­cil ex­pli­car­la y que te la en­tien­dan. Ahí tie­nes que te­ner pa­cien­cia y usar tu sa­bi­du­ría. Sin em­bar­go, ahora sé que mis pro­yec­tos no son pa­ra que yo sal­ga ade­lan­te, sino que el pro­yec­to que yo ha­ga ha­ble por sí mis­mo.

—De la esen­cia. No im­por­ta dón­de pon­ga mi vis­ta y mi al­ma, siem­pre hay una his­to­ria que pue­do me­jo­rar vi­sual­men­te. Y, lo más im­por­tan­te, es que no pue­do ha­cer obra que sa­tis­fa­ga a los de­más. No pue­do. Pa­ro. En cam­bio, ha­go una se­rie que re­pre­sen­ta una épo­ca de mi vi­da, sen­ti­da con mu­cha pa­sión. No me mue­vo por el di­ne­ro, sino por lo que tie­ne que de­cir mi in­te­rior. Por

—¿Es fá­cil caer en es­to? —¿De dón­de na­cen las ideas de tus pro­yec­tos?

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