NO HAY OBS­TÁCU­LO EN EL MUN­DO QUE LA AC­TI­TUD NO PUE­DA VEN­CER

Hola Guatemala - - Carta Del Editor -

Qué di­fí­cil es ha­blar so­bre él. Un mal, una ame­na­za, un ser que se ins­ta­la ma­lé­vo­la­men­te en el cuer­po y que ata­ca sin pa­rar. Ca­da vez que nos da­mos a la ta­rea de bus­car una his­to­ria de so­bre­vi­ven­cia, nos de­te­ne­mos a pen­sar en las mi­les de mujeres que han en­fren­ta­do y lu­chan con to­das sus fuer­zas por ven­cer a es­te enemi­go atroz. Es­te año, co­no­ci­mos seis his­to­rias muy par­ti­cu­la­res. Es im­po­si­ble no sen­si­bi­li­zar­se al leer y es­cu­char los re­la­tos de ca­da una de ellas. Mujeres, co­mo mu­chas, con sue­ños, pla­nes, pro­yec­tos y una vi­da co­ti­dia­na, lle­na de aje­treos, di­na­mis­mo y ta­reas por cum­plir. En­trar a la in­ti­mi­dad de sus co­ra­zo­nes pa­ra es­cu­char sus mo­men­tos más di­fí­ci­les fue un ver­da­de­ro ho­nor. Ellas con­fia­ron en ¡HO­LA! pa­ra ex­pli­car­nos có­mo lle­gó la en­fer­me­dad a sus vi­das, su va­lor pa­ra su­pe­rar­la y las tan­tas lec­cio­nes que apren­die­ron en to­do el pro­ce­so. To­das dis­tin­tas en­tre sí. En Cos­ta Ri­ca, qui­se co­no­cer la his­to­ria de Lussania, una ca­ris­má­ti­ca jo­ven que des­de ha­ce al­gu­nos años, acom­pa­ña a los te­le­vi­den­tes cos­ta­rri­cen­ses en un pro­gra­ma noc­turno de sem­blan­zas. Nos to­ma­mos un ca­fé y sin más, em­pe­za­mos a ha­blar. Su ca­so fue muy par­ti­cu­lar. El cán­cer de ma­ma to­có las puer­tas de su vi­da a una edad don­de los jó­ve­nes te­ne­mos una vi­sión más re­la­ja­da de la vi­da. A los 26 años, no se preo­cu­pó mu­cho, pen­só que se­ría cues­tión de una sim­ple ope­ra­ción y lis­to. Pe­ro no. El des­tino le mos­tró que el ca­mino, es du­ro y di­fí­cil pa­ra to­das. Las se­sio­nes de qui­mio­te­ra­pia la asus­ta­ron, los nú­me­ros la aler­ta­ron. Sí, la gen­te mue­re de cán­cer. ¿Su he­rra­mien­ta vi­tal pa­ra sa­lir ade­lan­te? La ac­ti­tud. Su na­tu­ra­le­za gue­rre­ra y su al­ta do­sis de po­si­ti­vis­mo la sa­ca­ron de la tor­men­ta. “¡Tan­tas co­sas que pier­de uno Mau­ri­cio” me di­ce, “Ahí te das cuen­ta quie­nes es­tán con vos, y quie­nes so­lo por in­te­rés” De­bo de­cir que ad­mi­ro su va­len­tía, su his­to­ria me mar­có. Hoy, cin­co años des­pués de ese do­lo­ro­so y tris­te epi­so­dio en su vi­da, Lussania es­tá lle­na de ener­gía. ¡Qué bár­ba­ra! Es im­pre­sio­nan­te ver su ale­gría, el bri­llo de sus ojos y la ilu­sión que trans­mi­te al ha­blar de su pró­xi­ma bo­da. En Ni­ca­ra­gua, la his­to­ria de Cas­san­dra Vi­lla­real tam­bién me im­pac­tó. Lue­go de en­te­rar­se que se­ría ma­dre por pri­me­ra vez, un diag­nós­ti­co mé­di­co em­pa­ñó su fe­li­ci­dad. Las cir­cuns­tan­cias la lle­va­ron al fren­te de un di­fí­cil es­ce­na­rio. Su sa­lud, o la vi­da de su be­bé. Afe­rra­da en Dios, op­tó por in­ten­tar sal­var a su pe­que­ño. Afor­tu­na­da­men­te y co­mo un mi­la­gro, ese ni­ño hoy vi­ve, es­tá sano y es un ri­sue­ño se­ño­ri­to que mo­ti­va al má­xi­mo su día y la de su es­po­so. Sin du­da, his­to­rias hu­ma­nas que ins­pi­ran, que nos en­se­ñan que no to­do es­tá per­di­do. Que en la vi­da exis­te es­pe­ran­za, si uno es­tá dis­pues­to a lu­char. La in­vi­to de to­do co­ra­zón a leer es­tas his­to­rias en el mes de pre­ven­ción del cán­cer de seno. No ol­vi­de que el diag­nós­ti­co tem­prano es vi­tal, y pue­de mar­car la di­fe­ren­cia pa­ra cual­quier per­so­na.

Es­pe­ro que dis­fru­te to­do el contenido de ac­tua­li­dad que pre­pa­ra­mos pa­ra es­ta oca­sión, y no ol­vi­de que pue­de en­con­trar la me­jor in­for­ma­ción del mun­do del es­pec­tácu­lo en nues­tro por­tal web, ac.ho­la.com

Des­de ya es­ta­mos pre­pa­ran­do una edi­ción de aniver­sa­rio de lu­jo. Tres años en la re­gión, que hay que ce­le­brar en gran­de.

¡Has­ta la pró­xi­ma!

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