IAN RODRIGUEZ

«Me gus­ta­ría que me re­cuer­den, no tanto como un pi­lo­to de Fórmula 4 o Fórmula 1, sino como una per­so­na que cum­plió su sue­ño, aun­que era muy di­fí­cil; como al­guien que se es­for­zó mu­cho, que dio lo mejor y que ob­tu­vo fru­tos. Quie­ro ser un ejem­plo vi­vo de que

Hola Guatemala - - Contenido - Tex­to: MA­RIA­NA PIN­TO Fo­to­gra­fías: AN­DRES AMA­YA Ma­qui­lla­je y pei­na­do: FER­NAN­DA GOMAR Pro­duc­ción: ANA CRUZ Lo­ca­ción: AU­TÓ­DRO­MO PE­DRO CO­FI­ÑO Y LA REUNIÓN GOLF CLUB

El jo­ven pi­lo­to que bri­lla en Ita­lia

LA PA­SIÓN por las ca­rre­ras es el gran mo­tor de Ian, un jo­ven que co­rre en la Fórmula 4, en Ita­lia, que por su es­fuer­zo en las pis­tas se ha da­do a co­no­cer al­re­de­dor del glo­bo como una pro­me­sa que va di­rec­to a Fórmula 1. Des­de los tres años iba al au­tó­dro­mo a ver correr a su pa­pá, Car­los Ro­drí­guez, un au­to­mo­vi­lis­ta gua­te­mal­te­co de la ca­te­go­ría mo­di­fi­ca­da GT1. Con su apo­yo se ini­ció en los Go Karts, a los 8 años lle­gó a com­pe­tir a ni­vel cen­troa­me­ri­cano. A los 10 años ga­nó el Cam­peo­na­to Cen­troa­me­ri­cano y un año más tar­de se fue a Ita­lia, en­fo­ca­do en rea­li­zar sus sueños. En 2012, el gua­te­mal­te­co lle­nó de or­gu­llo a su país al co­ro­nar­se como el Cam­peón Mun­dial de Go-karts ca­te­go­ría 60cc. Con el apo­yo de su pa­pá, del equi­po DRZBENELLI y el de to­dos sus fans, Ian si­gue ade­lan­te con mu­cho áni­mo, ade­más de acu­mu­lar tí­tu­los como el ter­cer lugar en el Cam­peo­na­to Ita­liano 2016 de la Fórmula 4 y que­dó en el pues­to 17 de la ge­ne­ral. En su se­gun­do año den­tro de la Fórmula 4 el gua­te­mal­te­co so­lo de­mues­tra ca­li­dad y es­pe­ran­za pa­ra se­guir bri­llan­do den­tro de las pis­tas. Ge­nuino y sin­ce­ro, Ian hi­zo un es­pa­cio en su siem­pre ocu­pa­da agen­da de en­tre­na­mien­tos pa­ra con­ce­der­le a ¡HO­LA! una en­tre­vis­ta ame­na, ín­ti­ma y de­fi­ni­ti­va­men­te ins­pi­ra­do­ra.

—En po­cas pa­la­bras, ¿quién es Ian Ro­drí­guez?

—Me des­cri­bo como al­guien que bus­ca com­ple­tar su sue­ño en la vi­da. Es­te sue­ño, des­de que era chi­qui­to, es lle­gar a la Fórmula 1.

—¿Qué tan llano o com­pli­ca­do ves el ca­mino pa­ra al­can­zar es­ta me­ta?

—Pues no creo que exis­tan los im­po­si­bles, pe­ro re­quie­ren mu­cho tiem­po pa­ra lle­gar.

—Aho­ra que ya es­tás cum­plien­do tu se­gun­do año, ¿Qué es lo que más dis­fru­tas de ser pi­lo­to en Fórmula 4?

—Ma­ne­jar en Fórmula es ir a 250 ki­ló­me­tros por ho­ra… ¡es in­creí­ble! No sé cómo ex­pli­car­lo. Me gus­ta de­ma­sia­do y agra­dez­co la opor­tu­ni­dad de ha­cer­lo. El dar­me cuen­ta de eso, es lo que más dis­fru­to de es­tar ahí.

—¿Si­gues algún ti­po de en­tre­na­mien­to diario pa­ra man­te­ner­te en for­ma?

—Voy al gimnasio, a ve­ces por la ma­ña­na y otras por las tar­des. Ahí ten­go una ru­ti­na que si­go siem­pre… es una se­cuen­cia que la hi­cie­ron es­pe­cial­men­te pa­ra mí. Ade­más de eso en­treno con el si­mu­la­dor, que tam­bién te lle­va a ha­cer fuer­za y a man­te­ner­te siem­pre en ese rit­mo.

—En ba­se a tus ex­pe­rien­cias, ¿qué ha­bi­li­da­des o des­tre­zas crees que de­be desa­rro­llar un pi­lo­to?

—En Fórmula em­pie­zas a ha­cer ca­rre­ras lar­gas. Pa­ra ter­mi­nar­las y ga­nar se re­quie­re mucha tran­qui­li­dad, pa­cien­cia y con­cen­tra­ción.

—Eres un mo­de­lo a se­guir, ¿qué pre­ten­des ins­pi­rar en las per­so­nas

«En es­ta vi­da nun­ca hay que que­dar­se pa­ra­do, sin ha­cer na­da. Hay que se­guir bus­can­do y apren­der, que es lo im­por­tan­te aun­que a ve­ces se fa­lle»

con tu ejem­plo? —Es­pe­ro ge­ne­rar fe en Dios. Tam­bién ser un re­fe­ren­te de per­se­ve­ran­cia, de que to­do es po­si­ble cuan­do cree­mos en Él. Yo soy un ejem­plo de ello.

EN­TRE DOS PAÍ­SES —Ten­go en­ten­di­do de que vi­ves una épo­ca al año en Guatemala y otra en Ita­lia. ¿Es­toy en lo co­rrec­to?

— Sí, aun­que de­pen­de del calendario. Por ejem­plo, a prin­ci­pios de año me que­dé tres me­ses en Ita­lia porque me avi­sa­ron que ha­bía un nue­vo si­mu­la­dor que me per­mi­ti­ría prac­ti­car más. Pe­ro cuan­do ten­go un tiem­po sin tanto qué ha­cer, como un pe­rio­do de dos me­ses en­tre una carrera y otra, re­gre­so a Guatemala.

—En­tre es­te vai­vén, ¿lle­ga a ser com­pli­ca­do dis­tri­buir tu año en­tre es­tos dos des­ti­nos?

—De­bo ad­mi­tir que siem­pre es di­fí­cil dejar Guatemala, más que na­da por la fa­mi­lia y los ami­gos, pe­ro creo que so­lo es la par­ti­da, porque cuan­do ya es­toy en Ita­lia co­mien­zo a pen­sar que es­toy ha­cien­do lo que me gus­ta y mi­ro Fórmula. La ver­dad es cuan­do en­treno en Ita­lia se me ol­vi­da. En­ton­ces sí, so­lo la par­ti­da es lo más di­fí­cil.

—¿Qué es lo que más dis­fru­tas de tu es­ta­día en ca­da des­tino?

—En Ita­lia lo que más dis­fru­to es poner en prác­ti­ca mi pa­sión, lo que me gus­ta, lo que ha­go y a lo que voy: es­tar en Fórmula, prac­ti­car en el si­mu­la­dor y tra­ba­jar en mi fu­tu­ro. Aho­ra bien, cuan­do es­toy en Guatemala, lo que más me gus­ta es pa­sar tiem­po con mi fa­mi­lia y mis ami­gos. Eso es al­go que no ten­go en Ita­lia, en­ton­ces tra­to de dis­fru­tar­lo lo más que pue­do cuan­do voy.

—¿En Ita­lia no has en­ta­bla­do amis­ta­des con otros co­rre­do­res? ¿O es al­go que no se acos­tum­bra?

—Al­go que he no­ta­do es que la

«De­bo ad­mi­tir que siem­pre es di­fí­cil dejar Guatemala, más que na­da por la fa­mi­lia y los ami­gos, pe­ro creo que so­lo es la par­ti­da, porque cuan­do ya es­toy en Ita­lia co­mien­zo a pen­sar que es­toy ha­cien­do lo que me gus­ta»

ri­va­li­dad es muy gran­de en Fórmula 4. A nin­guno de los pi­lo­tos les gus­ta ha­blar en­tre ellos… en­ton­ces, prác­ti­ca­men­te no ha­blo con na­die. Es­ta es una de las ra­zo­nes por las cua­les me gus­ta ir a Guatemala, porque allá ten­go un mon­tón de ami­gos, que es­tán con­mi­go des­de chi­qui­to. Eso es lo que me gus­ta de ir allá.

—Ha­blan­do de tus ami­gos en Guatemala, ¿Qué ac­ti­vi­da­des te gus­ta rea­li­zar con ellos?

—Creo que de to­das. A mí me bas­ta ver­los y ha­cer cual­quier co­sa pa­ra sen­tir­me muy con­ten­to. Aun­que no ha­ga­mos na­da, sé que si es­toy con ellos la es­toy pa­san­do bien.

—Y, del otro la­do de la ba­lan­za, ¿Cómo des­cri­bes tu re­la­ción con tu fa­mi­lia?

—Mi re­la­ción con mi fa­mi­lia es bas­tan­te bue­na, a de­cir ver­dad. Si no fue­ra por ellos, aho­ri­ta no es­ta­ría donde es­toy, en­ton­ces con to­dos soy muy pe­ga­do.

—Sien­do un jo­ven que ma­ne­ja tan bien la adre­na­li­na en la pis­ta, ¿te con­si­de­ras una per­so­na ale­gre y de fies­tas, o al­guien más tran­qui­lo?

—Des­de chi­qui­to, aun­que no fue­ra por el de­por­te, nun­ca me gus­ta­ron las fies­tas ni sa­lir en la no­che. Así que, sin­ce­ra­men­te, me con­si­de­ro al­guien tran­qui­lo.

—¿Qué has des­cu­bier­to de ti en es­ta etapa de tu vi­da, que nun­ca ima­gi­nas­te?

—Sien­to que a ve­ces es­toy mu­cho más tran­qui­lo que an­tes. Tal vez he apren­di­do a ad­mi­nis­trar mi tran­qui­li­dad y por su­pues­to ser mu­cho más ma­du­ro. Con el co­le­gio me to­ca ha­cer to­do so­lo aho­ra, en­ton­ces sí, apren­des a no de­pen­der tanto de los otros, sino de ti mis­mo.

UNA PA­SIÓN INAGO­TA­BLE —¿Qué es lo que te llena de sa­tis­fac­ción ca­da día?

—El sa­ber que ha­go lo que me gus­ta y sa­ber que lo es­toy ha­cien­do bien.

—Con­fié­sa­nos: ¿Que se­ría de tu vi­da sin las ca­rre­ras?

—Creo que sin Fórmula sen­ti­ría como que no he rea­li­za­do mi pro­pó­si­to. Es­ta­ría en el co­le­gio y se­ría al­guien como to­dos los de­más.

—En­ton­ces, ¿no te ima­gi­nas ha­cien­do otra co­sa en el fu­tu­ro?

—No. Sin­ce­ra­men­te, en el fu­tu­ro quie­ro lle­gar a Fórmula 1. Ahí es donde me mi­ro den­tro de cin­co años, pe­ro pri­me­ro Dios.

—¿Hay al­gu­na fi­gu­ra que ad­mi­res mu­cho?

—Hay un pas­tor que se lla­ma

«Mi re­la­ción con mi fa­mi­lia es bas­tan­te bue­na, a de­cir ver­dad. Si no fue­ra por ellos, aho­ri­ta no es­ta­ría donde es­toy, en­ton­ces con to­dos soy muy pe­ga­do»

«He apren­di­do a ad­mi­nis­trar mi tran­qui­li­dad y por su­pues­to ser mu­cho más ma­du­ro. Con el co­le­gio me to­ca ha­cer to­do so­lo aho­ra, en­ton­ces sí, apren­des a no de­pen­der tanto de los otros, sino de ti mis­mo»

Ale­jan­dro Bu­llón al que me gus­ta­ría co­no­cer, porque sen­ti­ría que me ayu­da­ría mu­cho en to­do lo que es el de­por­te. Vi­vir una vi­da so­lo no es fá­cil y creo que él es al­guien que me ayu­da­ría mu­cho en eso.

— A ni­vel in­di­vi­dual, ¿cómo quie­res ser re­cor­da­do en el de­por­te na­cio­nal?

—Me gus­ta­ría que me re­cuer­den, no tanto como un pi­lo­to de Fórmula 4 o Fórmula 1, sino como una per­so­na que cum­plió su sue­ño, aun­que era muy di­fí­cil; como al­guien que se es­for­zó mu­cho, que dio lo mejor y que ob­tu­vo fru­tos. Quie­ro ser un ejem­plo vi­vo de que sí se pue­den ha­cer las co­sas, po­nien­do a Dios pri­me­ro.

—Con una carrera en as­cen­so, ¿Qué crees que te fal­ta apren­der o ha­cer?

—Creo que me fal­ta apren­der mu­cho y se­guir prac­ti­can­do. Es­toy se­gu­ro de que, in­clu­so des­pués lle­gar a la For­mu­la 1, ha­brá mu­cho pa­ra apren­der. En es­ta vi­da nun­ca hay que que­dar­se pa­ra­do, sin ha­cer na­da. Hay que se­guir bus­can­do y apren­der, que es lo im­por­tan­te aun­que a ve­ces se fa­lle.

—¿Qui­sie­ras man­dar­le un men­sa­je a los que te si­guen en Guatemala?

—¡Sí! Que voy a tra­tar de ha­cer to­do lo po­si­ble es­te año. Pri­me­ro voy a ser muy com­pe­ti­ti­vo, en la última carrera el año pa­sa­do que­dé ter­ce­ro, en­ton­ces pa­re­ce que voy bien. Voy a tra­tar de dar lo má­xi­mo pa­ra traer­les un buen re­sul­ta­do.

Des­de los tres años iba al au­tó­dro­mo a ver correr a su pa­pá, Car­los Ro­drí­guez, un au­to­mo­vi­lis­ta gua­te­mal­te­co de la ca­te­go­ría mo­di­fi­ca­da GT1.Con su apo­yo se ini­ció en

los Go Karts, a los 8 años lle­gó a com­pe­tir a ni­vel cen­troa­me­ri­cano.

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