NA­TA­LIA JI­MÉ­NEZ ABRE LAS PUER­TAS DE SU CA­SA Y NOS PRE­SEN­TA A SU PE­QUE­ÑA ALESSANDRA

En­tre­vis­ta y fo­to­gra­fías ex­clu­si­vas de la ra­dian­te ar­tis­ta es­pa­ño­la

Hola Guatemala - - Portada - Tex­to: GI­SE­LLE BALIDO Fo­tos: OMAR CRUZ

«Aho­ra veo la vida de otra ma­ne­ra. Por un hi­jo sien­tes un amor sal­va­je»

mí, aho­ra tra­ba­jo pa­ra ella, pa­ra dar­le el me­jor fu­tu­ro po­si­ble. Cuan­do te enamo­ras de una per­so­na, di­ces: «Por ti da­ría mi vida». Pe­ro con un hi­jo es un amor sal­va­je, an­ces­tral.

Mis ami­gas que tie­nen hi­jos me de­cían: «Ya vas a ver…» y aho­ra sí lo veo.

—Esa es la par­te exis­ten­cial, pe­ro ¿có­mo cam­bia la vida en el día a día?

—¡El mun­do se te vuel­ve patas arri­ba! El pri­mer mes es más com­pli­ca­do por­que es­tás vein­ti­cua­tro ho­ras cui­dán­do­la, vien­do por qué llo­ra, si es­tá mo­ja­da, si tie­ne ham­bre... A par­tir del se­gun­do mes me la dis­fru­té. Ya duer­me un po­qui­to me­jor. Ade­más em­pie­zas a co­no­cer­la co­mo be­bé y ella a ti co­mo ma­má. Ha­go to­do con ella. Ten­go el asien­to de be­bé pa­ra el au­to y la lle­vo a to­das par­tes. No ten­go ni­ñe­ra, me lo es­toy «echan­do» yo so­la. Es que no sé si va a ser el úni­co hi­jo y no me quie­ro per­der esa ex­pe­rien­cia por ir a ha­cer­me las uñas y esas ton­te­rías. In­clu­so me la pien­so lle­var cuan­do sal­ga de gi­ra, al me­nos has­ta que va­ya al co­le­gio. —¿Qué sen­tis­te cuan­do su­pis­te que es­ta­bas em­ba­ra­za­da?

—Me hi­ce co­mo cua­tro o cinco prue­bas de em­ba­ra­zo (Ri­sas). Cuan­do vi el re­sul­ta­do, «oh, my God!», sen­tí ale­gría y después fue muy fuer­te por­que te das cuen­ta de que es­to es pa­ra siem­pre… y te sur­gen du­das, te ha­ces mu­chas pre­gun­tas. ¡Pe­ro es­ta­ba fe­liz! Que­ría te­ner mi be­bé ¡ya! No que­ría es­pe­rar nue­ve me­ses (Ri­sas). —¿Có­mo reac­cio­nó Da­niel?

—A él le en­can­tan los ni­ños, in­clu­so tie­ne una hi­ja de die­ci­nue­ve años, Ala­ni, que vi­ve con no­so­tros. Es­ta­ba fe­liz de te­ner una hi­ja a es­tas al­tu­ras y po­der dis­fru­tar el pro­ce­so con otra edad y otra ex­pe­rien­cia. Tam­bién fue una bo­ni­ta no­ti­cia pa­ra mi fa­mi­lia. Mis pa­dres me de­cían: «Na­ta­lia, ¿pe­ro tú?» (Ri­sas). Na­die se lo es­pe­ra­ba. —¿Quién te orien­tó en esa eta­pa?

—La ver­dad, ha­blé mu­cho con mi sue­gra que es en­can­ta­do­ra, con mi ma­má, con mis ami­gas. Y es muy lin­do por­que nos ha uni­do más. Las re­la­cio­nes son más es­tre­chas, ha­bla­mos de co­sas más pro­fun­das. —¿Có­mo fue el en­cuen­tro de ma­dre e hi­ja?

—¡Fue una ex­plo­sión de amor! Tu­ve un par­to muy lar­go por­que ella no que­ría sa­lir, es­ta­ba muy a gus­to ahí (Ri­sas). Tu­vie­ron que in­du­cir­me el par­to

pe­ro cuan­do fi­nal­men­te la tu­ve en mis bra­zos, me di­je: «¿Dón­de has es­ta­do to­da mi vida?» Fue un mo­men­to muy es­pi­ri­tual. —Eres muy ale­gre. ¿Es Alessandra una «mi­ni me» de ma­má?

—Al­gu­nos be­bés llo­ran, se que­jan, pe­ro ella se ríe to­do el tiem­po. Por las ma­ña­nas me son­ríe y me ti­ra los bra­zos pa­ra que la car­gue… Cuan­do sien­tes ese amor ya na­da im­por­ta.

—¿Ni dis­cos de pla­tino, ni lle­nos to­ta­les, ni nú­me­ros uno en el «hit pa­ra­de»…?

—¡Na­da! Mi hi­ja es el ma­yor éxi­to de mi vida. Co­mo de­ci­mos to­das las ma­más: «No es por­que sea mi hi­ja, pe­ro es una mo­na­da» (Ri­sas). —¿Có­mo es la vida de pa­re­ja aho­ra que son pa­pás? —¡Aho­ra ha­ce­mos lo que nos da la ga­na, pe­ro con la be­bé! —¿Có­mo es Da­niel co­mo pa­pá?

—¡Es el me­jor del mun­do! Aun­que creo que co­mo mu­jer mi de­ber es cui­dar­la y duer­mo con ella y le doy de co­mer, él siem­pre es­tá aten­to, siem­pre es­tá vien­do si me ha­ce fal­ta al­go. Ha cam­bia­do pa­ña­les y to­do.

—¿Qué has apren­di­do de ti mis­ma a lo lar­go de es­ta her­mo­sa aventura?

—Que ten­go más pa­cien­cia de la que creía. Soy rá­pi­da, soy fue­go, pe­ro aho­ra me ha sa­li­do es­ta cal­ma zen… Me ha cen­tra­do. Ya no me de­ses­pe­ro.

—Después de ca­si ocho años de re­la­ción con Da­niel, ¿qué les hi­zo de­ci­dir­se a ca­sar­se?

—Que­ría­mos ha­cer­lo des­de ha­cía mu­cho tiem­po, pe­ro es­tá­ba­mos cen­tra­dos en la ca­rre­ra, las gi­ras. Un día nos di­ji­mos: «Oye, ya… ¿qué ha pa­sa­do?» (Ri­sas). —¿Qué te atra­jo de él?

—Nos co­no­ci­mos en Pre­mios Ju­ven­tud 2009 en Mia­mi. Después me fui de gi­ra y es­tu­vi­mos tres me­ses ha­blan­do y enamo­rán­do­nos por te­lé­fono. Nun­ca me ha­bía enamo­ra­do así, por te­lé­fono: no im­por­ta­ba la apa­rien­cia fí­si­ca, so­lo la per­so­na. Yo es­ta­ba bus­can­do al­guien con in­ten­cio­nes se­rias, que fue­ra tra­ba­ja­dor, fa­mi­liar. Es­tá muy bien ser in­de­pen­dien­te pe­ro tam­bién quie­ro al la­do un hom­bre que pue­da ha­cer lo mis­mo. A mí me pue­de ir muy bien pe­ro igual me pue­de ir mal y en­ton­ces… ¿qué ha­ce­mos? Da­niel es un tío que es­tá en­ci­ma de to­do, siem­pre pen­san­do «¿Qué ha­ce­mos aho­ra?». Después de

«Me hi­ce co­mo cua­tro o cinco prue­bas de em­ba­ra­zo. Sen­tí ale­gría y después fue muy fuer­te por­que te das cuen­ta de que es­to es pa­ra siem­pre… ¡Pe­ro es­ta­ba fe­liz! Que­ría te­ner a mi be­bé ¡ya! No que­ría es­pe­rar

nue­ve me­ses»

«Ha­go to­do con mi hi­ja. Ten­go el asien­to de be­bé pa­ra el au­to y la lle­vo a to­das par­tes. No ten­go ni­ñe­ra, me lo es­toy “echan­do” yo so­la. No me quie­ro per­der esa ex­pe­rien­cia por ir a ha­cer­me las uñas…»

esos tres me­ses, cuan­do al fin nos vi­mos en un ho­tel en la pla­ya en Mia­mi, él pu­so unas flo­res en la ha­bi­ta­ción con una no­ta que de­cía: «Fi­nally». Cuan­do me pro­pu­so ma­tri­mo­nio me lle­vó a la mis­ma ha­bi­ta­ción y pu­so las mis­mas flo­res con la no­ta que de­cía: «Fi­nally». Fue muy ro­mán­ti­co. HO­GAR, DUL­CE HO­GAR

—Des­de el 2009 re­si­des en Flo­ri­da. ¿Có­mo es tu vida en Mia­mi?

—Muy tran­qui­la. Me en­can­ta el cli­ma, ha­go ejer­ci­cios afue­ra, mon­to

la bi­ci, co­rro… Me vie­ne bien, por­que yo no ha­go die­ta. ¡No co­mer no sir­ve pa’ mí! —¿Qué es lo que más dis­fru­tas de tu ca­sa?

—Mi sa­li­ta for­mal con una chi­me­nea, un so­fá blan­co, una ra­dio de los años cua­ren­ta que me dio mi her­mano y una estrella de Mé­xi­co de 1947. Me gus­tan mu­cho los «an­ti­ques» y me en­can­ta esa sa­li­ta por­que ahí es­tán to­das las an­ti­güe­da­des. —¿Eres ha­cen­do­sa?

—Aun­que la can­ción «Qué­da­te con ella» di­ga lo con­tra­rio, soy ha­cen­do­sa (Ri­sas). Ten­go una má­qui­na de co­ser y ha­go man­tas, co­si­tas de be­bé, pe­lu­ches, ma­nua­li­da­des… El mó­vil so­bre la cu­na lo hi­ce yo. Tam­bién me gus­ta pin­tar. Ah, y co­cino muy bien. El otro día hi­ce unas al­bón­di­gas man­che­gas que Da­niel to­da­vía me las es­tá pi­dien­do (Ri­sas).

«Al­gu­nos be­bés llo­ran, se que­jan, pe­ro ella se ríe to­do el tiem­po. Por las ma­ña­nas me son­ríe y me ti­ra los bra­zos pa­ra que la car­gue… Cuan­do sien­tes ese amor ya na­da im­por­ta»

CHoy, la in­tér­pre­te de «Creo en mí» cree, por en­ci­ma de to­do, en la fa­mi­lia. —¿Có­mo te sien­tes en es­tos mo­men­tos de tu vida?

—Muy con­ten­ta, fe­liz, agra­de­ci­da… ¡Es que nun­ca pen­sé que iba ser ma­má! Qui­zás por­que en mi fa­mi­lia mu­chas personas no han te­ni­do hi­jos, co­mo mis tíos, mi her­mano ma­yor… Pe­ro el año pa­sa­do me di­je: «Ya vas a cum­plir trein­ta y cinco, ASA­DA des­de enero de 2016 con Da­niel True­ba —un cu­bano de cua­ren­ta y tres años, pro­duc­tor eje­cu­ti­vo y di­rec­tor creativo de even­tos es­pe­cia­les y con­cier­tos de te­le­vi­sión en vi­vo, que ade­más es su re­pre­sen­tan­te—, la gua­pa ma­dri­le­ña nos re­ci­bió en su aco­ge­do­ra ca­sa de Mia­mi, Flo­ri­da. Allí nos con­tó to­do so­bre su nue­va vida co­mo ma­má y lo que ha des­cu­bier­to de sí mis­ma gra­cias a es­ta ma­ra­vi­llo­sa gran aventura.

si quie­res te­ner hi­jos, tie­ne que ser ¡ya!» (Ri­sas).

—En el pa­sa­do de­cla­ras­te que los hi­jos no es­ta­ban en tu agen­da. Pe­ro cuan­do na­ció Alessandra es­cri­bis­te en una de tus re­des so­cia­les: «… Aho­ra me pre­gun­to qué ha­cía yo en es­te mun­do an­tes de te­ner­te en mis bra­zos». ¿Qué cam­bió? —Es que aho­ra veo la vida de otra ma­ne­ra. Ten­go un pro­pó­si­to. An­tes tra­ba­ja­ba pa­ra

Na­ta­lia co­no­ció a Da­niel True­ba en los Pre­mios Ju­ven­tud 2009. Se enamo­ra­ron y, después de más de sie­te años de amor, tu­vie­ron a su hi­ja, Alessandra. «A Da­niel le en­can­tan los ni­ños. Cuan­do le di la no­ti­cia, es­ta­ba en­can­ta­do». Na­ta­lia Ji­mé­nez lu­ce más be­lla que nun­ca. Hoy su hi­ja es su prin­ci­pal mo­tor: «Aho­ra tra­ba­jo pa­ra dar­le

un me­jor fu­tu­ro»

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