CAR­LOS AYLAGAS LA ES­TRE­LLA SALVADOREÑA QUE AS­CIEN­DE EN EL FIRMAMENTO DEL CI­NE NOR­TE­AME­RI­CANO

«En cin­co años me veo co­mo un ac­tor con­so­li­da­do in­ter­na­cio­nal­men­te, po­nien­do en al­to el nom­bre de mi país» «Des­de pe­que­ño siem­pre qui­se de­jar una mar­ca en el mun­do. Creo que a tra­vés del ar­te y el ci­ne es la me­jor for­ma de con­se­guir­lo»

Hola Guatemala - - Contenido - Tex­to: AMAN­DA RODAS Fo­to­gra­fías: COR­TE­SÍA CAR­LOS AYLAGAS

ES EL MÁS CHI­CO de cua­tro her­ma­nos y trae de la in­fan­cia re­cuer­dos de mo­men­tos fe­li­ces y de “ras­po­nes” por ser ju­gue­tón y tra­vie­so. “Cre­cí en un ho­gar uni­do en el que tu­ve ejem­plos a se­guir, per­so­nas con quien con­tar, con­se­jos, re­ga­ños y, so­bre to­do, mo­men­tos lle­nos de amor. No fui un ni­ño o un jo­ven pro­ble­má­ti­co, siem­pre tra­ta­ba de ser bien por­ta­do y, aun­que a ve­ces me sa­lía un po­co siem­pre vol­vía al buen ca­mino”, re­cuer­da Car­los Aylagas. A sus 27 años Car­los pa­sa de ser un ni­ño a un no­vio romántico y enamo­ra­do o a un psi­có­pa­ta ase­sino, ya que hoy tra­ba­ja en la pan­ta­lla gran­de: el ci­ne. Aho­ra los re­flec­to­res es­tán so­bre es­te ta­len­to­so ac­tor sal­va­do­re­ño, quien ha lo­gra­do vi­vir ca­da una de las his­to­rias que in­ter­pre­ta fren­te a una cá­ma­ra. Tras fi­na­li­zar su ca­rre­ra de Ad­mi­nis­tra­ción de Em­pre­sas, se mu­dó a Los Án­ge­les y de­ci­dió es­tu­diar ac­tua­ción en una es­cue­la lla­ma­da The Ac­ting Corps y, has­ta el mo­men­to, si­gue apren­dien­do des­de su cam­po de tra­ba­jo: Holly­wood. Car­los se po­si­cio­na co­mo uno de los jó­ve­nes ac­to­res que ponen en al­to el nom­bre de El Sal­va­dor en tie­rras es­ta­dou­ni­den­ses. “Apa­sio­na­do por las pe­lí­cu­las, las se­ries y la in­ter­pre­ta­ción en ge­ne­ral”, así se de­fi­ne es­te jo­ven que le cuen­ta a ¡HO­LA! có­mo sus ga­nas de so­bre­sa­lir lo lle­va­ron a ocu­par un lu­gar en la se­de prin­ci­pal de la in­dus­tria del ci­ne. —Un po­co tra­vie­so e in­quie­to Car­los… —Só­lo un po­co. (Ri­sas) Pe­ro es que en mi fa­mi­lia vi­ví mo­men­tos be­llos cuan­do era ni­ño. No pu­de ha­ber te­ni­do una me­jor fa­mi­lia, nos lle­va­mos muy bien con mis pa­dres, mi her­ma­na y mis dos her­ma­nos. Po­de­mos con­tar el uno con el otro, nos ve­mos re­gu­lar­men­te y ha­bla­mos de to­do; el apo­yo es in­con­di­cio­nal. Tam­bién soy un tío muy fe­liz, con tres so­bri­nos y dos so­bri­nas; y vie­ne otro en ca­mino, así que lo es­pe­ro con an­sias. —¡Muy uni­dos!

—Mu­cho, a pe­sar de las agen­das de ca­da uno siem­pre tra­ta­mos de vi­si­tar a mi abue­li­ta los do­min­gos y ce­le­brar en fa­mi­lia to­das las fe­chas im­por­tan­tes. —Por ser el más pe­que­ño, ¿fue el más con­sen­ti­do? —To­dos tu­vi­mos el mis­mo amor y los mis­mos con­se­jos. En­tre ellos

«En mi fa­mi­lia vi­ví mo­men­tos be­llos cuan­do era ni­ño. No pu­de ha­ber te­ni­do una me­jor fa­mi­lia, nos lle­va­mos muy bien con mis pa­dres, mi her­ma­na y mis dos her­ma­nos. Po­de­mos con­tar el uno con el otro»

A sus 27 años Car­los pa­sa de ser un ni­ño a un no­vio romántico y enamo­ra­do o a un psi­có­pa­ta ase­sino, ya que hoy tra­ba­ja en la pan­ta­lla gran­de: el ci­ne. Aho­ra los re­flec­to­res es­tán so­bre es­te ta­len­to­so ac­tor sal­va­do­re­ño, quien ha lo­gra­do vi­vir ca­da una de las his­to­rias

que in­ter­pre­ta fren­te a una cá­ma­ra.

es­tán el de apren­der a co­no­cer el va­lor de las co­sas y la per­so­nas, a tra­ba­jar por lo que uno quie­re, a man­te­ner siem­pre una bue­na es­pi­ri­tua­li­dad y a ayu­dar al pró­ji­mo en to­do lo que sea po­si­ble. —Y lo que us­ted qui­so, la ac­tua­ción, lo lo­gró.

—La ac­tua­ción es mi vi­da, es una sen­sa­ción in­des­crip­ti­ble. El he­cho de con­ver­tir­te en di­fe­ren­tes per­so­nas y ver el mun­do a tra­vés de sus ojos es al­go que muy po­cos pue­den lle­gar a ex­pe­ri­men­tar. Ver una son­ri­sa, una lá­gri­ma, un enojo, un car­ca­ja­da en la au­dien­cia, eso me mue­ve. Des­de pe­que­ño qui­se de­jar una mar­ca en el mun­do y creo que a tra­vés del ar­te y el ci­ne es la me­jor for­ma de con­se­guir­lo. —¿Fue un amor a pri­me­ra vis­ta?

—Us­ted lo des­cri­bió muy bien, amor a pri­me­ra vis­ta. Siem­pre me ha­bía gus­ta­do es­tar fren­te a las cá­ma­ras, era al­go que en­cen­día una par­te den­tro de mí, sa­bía que no ha­bía na­ci­do pa­ra es­tar to­da mi vi­da atrás de un es­cri­to­rio. —¿Có­mo to­mó su fa­mi­lia la idea de in­vo­lu­crar­se en es­ta ra­ma del ar­te? —Des­de el pri­mer mo­men­to me apo­yó in­con­di­cio­nal­men­te y cre­yó en mí, trans­mi­tién­do­me sus me­jo­res de­seos y pa­la­bras de apo­yo. Me han te­ni­do una gran pa­cien­cia, ya que es­ta ca­rre­ra lle­va mu­cho tiem­po y tra­ba­jo pa­ra po­der con­se­guir al­go gran­de. —¿Có­mo fue la ex­pe­rien­cia del pri­mer cas­ting que reali­zó? —Lo re­cuer­do co­mo si fue­ra ayer. Fue en Los Án­ge­les pa­ra un cor­to­me­tra­je de unos es­tu­dian­tes de UCLA. Ha­bía apren­di­do de me­mo­ria la es­ce­na que se iba a leer pe­ro, al mo­men­to de en­trar, me pu­se tan ner­vio­so que em­pe­cé a su­dar y se me ol­vi­da­ron to­das las lí­neas. Fue un desas­tre to­tal, se me que­da­ron vien­do co­mo que al­go más me pa­sa­ba. Ob­via­men­te, no me que­dé con el pa­pel. —¿Cuá­les son los ti­pos de per­so­na­jes que más le gus­ta ca­rac­te­ri­zar o re­pre­sen­tar? —Has­ta aho­ri­ta los que más me han gus­ta­do son aque­llos en los que ha­go de vi­llano, sien­to que es un re­to más gran­de y un po­co más di­ver­ti­do. —¿Cuál fue el mo­men­to más di­fí­cil que ha en­fren­ta­do al per­se­guir sus sue­ños? El mo­men­to en que el di­rec­tor de mi es­cue­la me di­jo que no te­nía el ta­len­to su­fi­cien­te y que me­jor pen­sa­ra de­di­car­me a otra co­sa. Eso, en lu­gar de de­te­ner­me, me im­pul­só a se­guir tra­ba­jan­do más du­ro pa­ra de­mos­trar que yo sí era ca­paz de ha­cer lo que me pro­pu­sie­ra. Me­ses des­pués me di­jo to­do

lo con­tra­rio y que iba a te­ner un gran fu­tu­ro. —Si tie­ne que ele­gir la ac­tua­ción tea­tral o fren­te a las cá­ma­ras, ¿con cuál se que­da? —Me gus­ta mu­cho más la ac­tua­ción fren­te a cá­ma­ra. Es mu­cho más su­til que en el tea­tro, por­que se tie­ne el len­te ca­si en la ca­ra; en cam­bio, en el tea­tro, el pú­bli­co es­tá le­jos y hay que trans­mi­tir­le al­go has­ta a las per­so­nas sen­ta­das en la úl­ti­ma fi­la. Am­bos tie­nen su re­to y di­fi­cul­tad, pe­ro siem­pre voy a pre­fe­rir ac­tuar fren­te a cá­ma­ra. —¿Quién es su ins­pi­ra­ción o men­tor? —Sin du­da, Meryl Streep. Es to­do un ca­so de éxi­to, con tra­ba­jo du­ro, per­sis­ten­cia y crea­ti­vi­dad. Creo que es un ejem­plo a se­guir pa­ra cual­quie­ra que es­té en es­ta ca­rre­ra. —¿Có­mo se ve den­tro de cin­co años? —Me veo co­mo un ac­tor con­so­li­da­do in­ter­na­cio­nal­men­te, po­nien­do en al­to el nom­bre de mi país. Lu­chan­do día a día por con­se­guir mis me­tas y co­mo un pa­dre de fa­mi­lia. Y, aun­que sea al­go utó­pi­co, mi sue­ño es tra­ba­jar jun­to a Meryl Streep y Da­niel Day Le­wis en una pe­lí­cu­la de Mar­tin Scor­se­se. —¿Qué po­de­mos es­pe­rar de Car­los Aylagas pa­ra el fu­tu­ro? —Quie­ro com­par­tir­le el pro­yec­to de un cor­to­me­tra­je gua­te­mal­te­co que tra­ta so­bre la mi­gra­ción y la vio­len­cia do­més­ti­ca, lla­ma­do 2500km. Ini­ció en HBO y HBO Now en ma­yo y es­ta­rá en los pró­xi­mos dos años. HBO solo eli­ge 12 cor­to­me­tra­jes a ni­vel mun­dial y 2500km fue uno de ellos. La pre­mie­re en Gua­te­ma­la tu­vo tan­to éxi­to que has­ta se so­bre­ven­die­ron en­tra­das y ga­nó el se­gun­do lu­gar en el fes­ti­val Ci­ne Vi­vo, en Aus­tra­lia. Se tra­ta de una ex­pe­rien­cia in­creí­ble, ya que cuen­ta una his­to­ria de la que mi­les, qui­zás mi­llo­nes, de la­ti­nos y la­ti­nas son víc­ti­mas. —Un gran re­to.

—Fue un gran re­to pa­ra mí dar­le vi­da al per­so­na­je de un es­po­so abu­si­vo, ya que va en con­tra de to­dos mis va­lo­res y prin­ci­pios, pe­ro lo to­mé con los bra­zos abier­tos, por­que co­mo ac­tor me de­bo al per­so­na­je y ten­go la res­pon­sa­bi­li­dad que a tra­vés de mí se pue­da con­tar bien la his­to­ria.

«La ac­tua­ción es mi vi­da, es una sen­sa­ción in­des­crip­ti­ble. El he­cho de con­ver­tir­te en di­fe­ren­tes per­so­nas y ver el mun­do a tra­vés de sus ojos es al­go que muy po­cos pue­den lle­gar a ex­pe­ri­men­tar»

«Fue un gran re­to pa­ra mí dar­le vi­da al per­so­na­je de un es­po­so abu­si­vo, ya que va en con­tra de to­dos mis va­lo­res y prin­ci­pios, pe­ro lo to­mé con los bra­zos abier­tos, por­que co­mo ac­tor me

de­bo al per­so­na­je»

“Apa­sio­na­do por las pe­lí­cu­las, las se­ries y la in­ter­pre­ta­ción en ge­ne­ral”, así se de­fi­ne es­te jo­ven que le cuen­ta a ¡HO­LA! có­mo sus ga­nas de so­bre­sa­lir lo lle­va­ron a ocu­par un lu­gar en la se­de prin­ci­pal de la

in­dus­tria del ci­ne.

Tras fi­na­li­zar su ca­rre­ra de Ad­mi­nis­tra­ción de Em­pre­sas, se mu­dó a Los Án­ge­les y de­ci­dió es­tu­diar ac­tua­ción en una es­cue­la lla­ma­da The Ac­ting Corps y, has­ta el mo­men­to, si­gue

apren­dien­do des­de su cam­po de tra­ba­jo: Holly­wood.

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