VI­SIO­NA­RIO DE CIU­DA­DES

Prensa Libre - - Entrevista -

Eso se pu­so en prác­ti­ca en Ma­drid, Es­pa­ña, don­de se im­ple­men­tó y ca­da año se lo­gra­ban in­gre­sos por US$300 mi­llo­nes. Ima­gí­ne­se, con ese di­ne­ro cuán­tos pro­yec­tos de vi­vien­da se pue­den lo­grar. Se tie­ne que ha­cer una per­fec­ta po­lí­ti­ca de vi­vien­da en Gua­te­ma­la y hay que ha­cer ca­da año unas 200 mil vi­vien­das. No se es­tán dan­do las ci­fras y no se quie­ren brin­dar por­que aque­llos que son res­pon­sa­bles van a te­ner di­fi­cul­tad pa­ra po­der cum­plir.

Si no se re­suel­ve el pro­ble­ma de la vi­vien­da es por­que no se quie­re. Ca­pa­ci­dad pre­su­pues­ta­ria y de in­ver­sión hay.

De­be ubi­car su po­si­ción en el mun­do.

Gua­te­ma­la tie­ne enor­mes po­ten­cia­les. De­be con­tar con un gran ae­ro­puer­to que sea la co­nec­ti­vi­dad con Asia y La­ti­noa­mé­ri­ca por­que se en­cuen­tra en me­dio de la lí­nea del mun­do.

En se­gun­do lu­gar, el Ca­nal de Panamá ya no se pue­de am­pliar más y so­lo ten­drá ca­pa­ci­dad de cre­ci­mien­to en los si­guien­tes 12 años; se va a sa­tu­rar y Gua­te­ma­la de­be ha­cer un ca­nal se­co.

La ter­ce­ra es la gran ri­que­za bio­ló­gi­ca y los paí­ses ri­cos es­tán ávi­dos de pro­duc­tos sofisticados sa­li­dos de pro­ce­sos na­tu­ra­les y or­gá­ni­cos de al­to va­lor agre­ga­do. Gua­te­ma­la tie­ne po­ten­cial, so­lo tie­ne una ren­ta per cá­pi­ta de US$4 mil, cuan­do de­bie­ra te­ner US$15 mil.

Lo que pa­sa es que no hay ca­pa­ci­dad de diá­lo­go en­tre lo pú­bli­co y lo pri­va­do, en­tre el Go­bierno y la so­cie­dad —y es al­go—, que re­quie­re in­te­li­gen­cia co­lec­ti­va, con­fian­za y tra­ba­jo lim­pio. No pen­sar en có­mo se pue­de en­ga­ñar a aquel y tra­ba­jar en con­jun­to. Es muy com­ple­jo y tie­ne que ve­nir des­de aden­tro. Si en Gua­te­ma­la se re­quie­ren 50 in­ge­nie­ros, se pa­ga la edu­ca­ción y se cuen­ta con los pro­fe­sio­na­les.

Pe­ro con un sis­te­ma de va­lo­res por el cual tú y yo tra­ba­je­mos jun­tos y yo no in­ten­te en­ga­ñar­te ni tú a mi; to­do eso es un sis­te­ma. Creo que ese sis­te­ma de va­lo­res en Gua­te­ma­la des­de ha­ce unos años es­tá ro­to y hay que re­cons­truir­lo.

To­das las co­sas que es­ta­mos ob­ser­van­do en la po­lí­ti­ca gua­te­mal­te­ca es mues­tra de cuán ro­to es­tá ese sis­te­ma de va­lo­res.

En Es­ta­dos Uni­dos y en Eu­ro­pa hay co­lec­ti­vos de in­te­li­gen­cia, y en Gua­te­ma­la se de­be re­cons­truir ese sis­te­ma. La po­bre­za es por­que quie­res. Es por­que no hay una cla­se de di­ri­gen­cia —po­lí­ti­ca— que quie­ra ar­ti­cu­lar Pe­dro B. Or­tiz es planificador ur­bano y es­tu­vo en Gua­te­ma­la, in­vi­ta­do por Fun­de­sa, en el mar­co del Ena­de 2018.

• Con­sul­tor se­nior del Ban­co Mun­dial en Ges­tión Me­tro­po­li­ta­na

• Tam­bién es ex­per­to en ges­tión de Po­lí­ti­cas Pú­bli­cas y Pla­nea­mien­to.

• Fue con­se­je­ro del ayun­ta­mien­to de Ma­drid y al­cal­de de Sa­la­man­ca.

• Di­rec­tor de Pla­nea­mien­to Ur­bano y Re­gio­nal de la Re­gión de Ma­drid.

• Lle­va más de 16 años tra­ba­jan­do te­mas fue­ra de Es­pa­ña.

• En los úl­ti­mos cin­co años, en Wa­shing­ton, con el Ban­co Mun­dial, y la Unión Eu­ro­pea, en Áfri­ca y Asia. pa­ra sa­car al país de la po­bre­za.

Me pa­re­ce inope­ran­te, exa­ge­ra­do e in­jus­to el que ha­ya US$4 mil de la ren­ta per cá­pi­ta —co­mo pro­me­dio na­cio­nal—, pe­ro en Ciu­dad de Gua­te­ma­la sean US$8 mil y US$2 mil del res­to de país.

Nor­mal­men­te los paí­ses es­tán 30% peor que las me­tró­po­lis, pe­ro que es­tén 400% de di­fe­ren­cia, eso des­ar­ti­cu­la un país.

Por ejem­plo, en Ma­drid ha­bía fá­bri­cas de al­par­ga­tas —cal­za­do a ba­se de hi­lo de fi­bras de al­go­dón—.

A na­die con­vie­ne te­ner esa po­bre­za, hay que sa­car­la y ar­ti­cu­lar­la. Cuan­do en un país el po­bre es más ri­co, el ri­co tam­bién es más ri­co. Y esa po­bre­za se com­ba­te con edu­ca­ción.

La ma­sa la­bo­ral tie­ne que te­ner la edu­ca­ción ade­cua­da pa­ra po­der in­cor­po­rar­se a pro­ce­sos eco­nó­mi­cos de­fi­ni­dos es­tra­té­gi­ca­men­te por el país, co­mo la trans­ver­sa­li­dad oceá­ni­ca, el ae­ro­puer­to, la bio­lo­gía, y si esa ma­sa la­bo­ral es in­cul­ta, sin for­ma­ción, cuan­do de­bie­ra te­ner —ac­ce­so a — sa­lud, hos­pi­ta­les y ali­men­ta­ción.

Cuan­to más for­ma­da, edu­ca­da, ali­men­ta­da y sa­na se ten­ga a esa ma­sa la­bo­ral, más ri­co se­rá el país en­te­ro y los ri­cos se­rán más ri­cos, y eso es al­go que no he en­con­tra­do en la cla­se eco­nó­mi­ca-di­ri­gen­te en Gua­te­ma­la. No se dan cuen­ta de que en­ri­que­cer al po­bre tam­bién les en­ri­que­ce a ellos.

Yo lo que es­toy per­ci­bien­do es que esa cla­se de di­ri­gen­cia no ten­ga la vi­sión mo­der­na y pa­re­ce que es una vi­sión me­die­val en que yo sea ri­co y los de­más po­bres.

Lo que creo es que a lo me­jor hay un cam­bio ge­ne­ra­cio­nal, y a lo me­jor los de 65 años di­cen que si me ha ido bien du­ran­te es­te tiem­po me va bien, ¿pa­ra qué ne­ce­si­to cam­biar? Pe­ro los hi­jos de 35 a 40 años son los que di­cen Es to­do lo que he di­cho en es­ta en­tre­vis­ta y es­ta­ba pen­san­do en ese bono de­mo­grá­fi­co. No se pue­de de­jar que una ju­ven­tud crez­ca ig­no­ran­te, sin vi­vien­da y sin sa­lud, por­que al fi­nal es un pro­ce­so ex­plo­si­vo.

Es al­go que re­quie­re mu­cha in­ver­sión y mu­cho es­fuer­zo, pe­ro mu­cha ren­ta­bi­li­dad. Des­de lue­go, si no se ha­ce que­das mar­gi­na­do en el mun­do y hay mu­chas ciu­da­des que se que­da­rán co­mo gue­tos en el mun­do, por­que no po­drán in­cor­po­rar­se a es­tos pro­ce­sos de glo­ba­li­za­ción.

Si pier­des el tren y sa­le, te has que­da­do afue­ra.

La eco­no­mía y la equi­dad so­cial son las dos pier­nas de an­dar.

A lo me­jor el pri­mer pa­so se tie­ne que dar en la eco­no­mía. Si no se re­par­te y so­lo se es­tá pen­san­do en la eco­no­mía sin equi­dad so­cial se “dan sal­ti­tos” a la pa­ta co­ja y no fun­cio­na.

Pa­ra an­dar se ne­ce­si­tan las dos pier­nas, es de­cir la par­te eco­nó­mi­ca y la so­cial. Las dos tie­nen que ir al­ter­nan­do pa­ra que va­yan al com­pás.

Eso so­lo se tra­ba­ja con una in­te­li­gen­cia co­lec­ti­va en el go­bierno y el sec­tor pri­va­do, que tam­bién lo lla­ma­mos go­ber­nan­za.

Con un diá­lo­go in­te­li­gen­te y no en­ga­ñar­se mu­tua­men­te, pa­ra tra­ba­jar bien.

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