Fi­nan­zas en la Iglesia

Dios es más gran­de que los números, con po­co Él ha­ce mu­cho, con na­da ha­ce to­do, pe­ro de acuer­do a nues­tra fe se­re­mos ben­de­ci­dos

Revista Actitud - - EDITOR -

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CÓ­MO DE­BE SER EL PRO­CE­DI­MIEN­TO PA­RA DAR EL DIEZ­MO?Cuan­do da­mos el 10 % de nues­tros in­gre­sos a otras igle­sias que no sea a la que ha­bi­tual­men­te asis­ti­mos, lo que da­mos se con­vier­te en una ofren­da. Cuan­do lo da­mos a nues­tra iglesia es el diez­mo. Las ofren­das y diez­mos que da­mos en las igle­sias son pa­ra que ha­ya ali­men­to y se cu­bran to­das las ne­ce­si­da­des.

En el ca­so del em­pre­sa­rio su­ce­de que, al­gu­nos me pre­gun­tan si de­ben diez­mar del in­gre­so bru­to o de la ga­nan­cia que que­da al cu­brir todos los gas­tos de fun­cio­na­mien­to. Dios no es la SAT, Él es nues­tro Pa­dre y como tal, nos ve con ojos di­fe­ren­tes a como nos ve di­cho en­te. Si con co­ra­zón ale­gre en­tre­ga­mos nues­tro diez­mo de la ga­nan­cia, con gus­to lo re­ci­bi­rá. Si en la me­di­da de nues­tra fe, que es más am­plia, da­mos con ale­gría el 10 % de nues­tros in­gre­sos bru­tos, tam­bién lo re­ci­bi­rá, ya que pre­ci­sa­men­te con esa me­di­da Dios nos ben­di­ce.

Dios es más gran­de que los números, con po­co Él ha­ce mu­cho, con na­da ha­ce to­do, pe­ro de acuer­do a nues­tra fe se­re­mos ben­de­ci­dos.

¿CÓ­MO SE LE PRE­SEN­TA EL DIEZ­MO A UN EM­PRE­SA­RIO QUE NO CREE EN LOS PRIN­CI­PIOS BÍ­BLI­COS?

Hoy en día has­ta Ro­bert Ki­yo­sa­ki, quien no es cris­tiano, men­cio­na que de­be­mos dar diez­mo por lo me­nos a una be­ne­fi­cen­cia, no di­ga­mos a una iglesia.

Todos es­tán de acuer­do en que de­be­mos dar o do­nar la dé­ci­ma par­te de nues­tros in­gre­sos, no­so­tros ob­via­men­te lo en­ca­mi­na­mos a nues­tra iglesia por­que en­ten­de­mos que ahí ob­te­ne­mos cua­tro be­ne­fi­cios eco­nó­mi­cos: Se abren ven­ta­nas, se crean nue­vas opor­tu­ni­da­des, ben­de­ci­mos el di­ne­ro que nos que­da, y lo que compramos con ese di­ne­ro nos abun­da en so­bre ma­ne­ra.

SE DI­CE QUE HAY CER­CA DE 30 MIL IGLE­SIAS EVAN­GÉ­LI­CAS EN GUATE-

MA­LA, ¿CON­SI­DE­RA QUE ES­TÁN UTI­LI­ZAN­DO BIEN EL DIEZ­MO?

En la ma­yo­ría de las igle­sias los pastores tie­nen te­mor de ha­blar de ese te­ma, evi­tan­do que la gen­te ob­ten­ga los cua­tro be­ne­fi­cios an­tes men­cio­na­dos.

Si a la gen­te no se le en­se­ña que diez­mar trae be­ne­fi­cios no lo ha­rá. Por eso hay mu­chos pastores que vi­ven de cen­ta­vos, por­que les da ver­güen­za pe­dir, in­clu­so has­ta ellos mis­mos son po­co ge­ne­ro­sos.

Na­die es tan po­bre como pa­ra no po­der diez­mar, de cual­quier pe­que­ña en­tra­da que ten­ga­mos, ya sea mo­ne­ta­ria o no, po­de­mos dar el diez por cien­to.

¿QUÉ OPI­NA DE LA LLA­MA­DA DOC­TRI­NA DE LA PROS­PE­RI­DAD?

Al men­cio­nar que exis­te la doc­tri­na de la pros­pe­ri­dad, de­be exis­tir al­go con­tra­rio a eso, yo le lla­mo: doc­tri­na de la po­bre­za. La doc­tri­na de la po­bre­za le ha he­cho mu­cho da­ño a Gua­te­ma­la; por­que el po­bre es san­to, es hu­mil­de y bueno, se ha vuel­to ca­si como una vir­tud in­dis­pen­sa­ble pa­ra en­trar en el Reino de Dios. Mien­tras que el ri­co es ma­lo y so­ber­bio. ¿Cuán­tos no co­no­ce­mos a gen­te de es­ca­sos re­cur­sos que es so­ber­bia? No de­be­mos creer que so­lo por­que la gen­te es de es­ca­sos re­cur­sos es hu­mil­de, al­gu­nos lo son, pe­ro mu­cho otros no. ¿Quié­nes co­no­cen a per­so­nas de bue­na con­di­ción so­cial que es sen­ci­lla? No todos los ri­cos son so­ber­bios; hay mu­chos que sí lo son, pe­ro hay otros que no. Ni todos los po­bres son bue­nos, ni todos los ri­cos son malos.

En 33 años de ser­vi­cio a Dios, he de­tec­ta­do que el problema es que no ve­mos a Dios como Pa­dre. Lo que me­nos quie­re nues­tro pa­pá es que sea­mos es­ca­sos, pe­ro si so­lo lo ve­mos como un con­cep­to, el re­sul­ta­do se­rá otro.

La po­bre­za no me ha­ce más hu­mil­de, bueno o san­to. Pue­do te­ner gran­des lu­jos y ca­mi­nar co­rrec­ta y mo­ral­men­te, ha­cien­do co­sas jus­tas y ca­mi­nan­do en san­ti­dad.

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