No con­fíes en las co­sas

Revista Actitud - - EXTRACTOS - Por: Max Lu­ca­do

Acán, se­gún Jo­sué 7, fue un hom­bre que to­mó la jus­ti­cia en sus ma­nos. Más li­te­ral­men­te, to­mó el te­so­ro y lo lle­vó a su tien­da, e in­vo­lu­cró a su fa­mi­lia en su en­ga­ño.

Al­go pa­re­ci­do a la his­to­ria de Acán nos re­la­ta el Nue­vo Tes­ta­men­to. La iglesia ha­bía co­men­za­do su pro­pia era de Días de Glo­ria. Mi­la­gros, ser­mo­nes, bau­tis­mos y cre­ci­mien­to.

El li­bro de He­chos es to­do bom­bo y pla­ti­llos, has­ta el ca­pí­tu­lo 5. Has­ta Ana­nías y Sa­fi­ra. Igual que Acán, es­ta pa­re­ja ro­bó lo que le per­te­ne­cía a Dios. Pro­me­tie­ron ven­der una pro­pie­dad y dar el di­ne­ro a la iglesia. Cuan­do cam­bia­ron de idea acer­ca del do­na­ti­vo, ac­tua­ron como si no fue­ra así.

Al igual que Acán, min­tie­ron. Como Acán, mu­rie­ron. Sus cuer­pos fue­ron se­pul­ta­dos y « gran te­mor se apo­de­ró de to­da la iglesia» (Hch 5.11 ntv).

En es­te asun­to de fe, Dios es se­rio. Ab­so­lu­ta­men­te se­rio.

Acán en Gil­gal. Ana­nías y Sa­fi­ra en Je­ru­sa­lén. Sus tum­bas nos re­cuer­dan: ten­gan cui­da­do.

¿Qué re­ve­la­ría una bús­que­da en tu tien­da? ¿Un ga­bi­ne­te lleno de fe o un cló­set ates­ta­do de am­bi­ción? Una alacena de es­pe­ran­za o un baúl con ac­cio­nes de la Bol­sa?

Pa­ra nues­tro be­ne­fi­cio, la his­to­ria de Acán nos re­cuer­da: no pon­gas tu con­fian­za en las co­sas.

Pa­blo le di­jo a Ti­mo­teo: «A los ri­cos de es­te mundo, mán­da­les que no sean arro­gan­tes ni pon­gan su es­pe­ran­za en las ri­que­zas, que son tan in­se­gu­ras, sino en Dios, que nos pro­vee de to­do en abun­dan­cia pa­ra que lo dis­fru­te­mos» (1 Ti 6.17 nvi).

Los «ri­cos de es­te mundo». Ese eres tú. Ese soy yo. Si tie­nes edu­ca­ción su­fi­cien­te pa­ra leer es­ta pá­gi­na, su­fi­cien­tes re­cur­sos pa­ra ser due­ño de es­te li­bro, se­gu­ra­men­te ca­li­fi­cas como una per­so­na prós­pe­ra. Y no hay problema en eso. La pros­pe­ri­dad es una con­se­cuen­cia co­mún de la fi­de­li­dad (Pr 22.4). Pa­blo no les di­jo a los ri­cos que se sin­tie­ran culpables por sus ri­que­zas; sim­ple­men­te les ad­vir­tió que tu­vie­ran cui­da­do.

Días de Glo­ria es­cri­to por Max Lu­ca­do; Editorial Gru­po Nel­son / Har­pe­rco­llins

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