Cai­mi­to: dul­ce y sua­ve

Revista D - - DE TODO UN POCO - Fuen­te: La co­ci­na po­pu­lar de Gua­te­ma­la, mi­tos, he­chos y anéc­do­tas, de Luis Villar An­leu

Su fru­to es al­ta­men­te apre­cia­do por la de­li­ca­de­za de su sa­bor, ya que es muy sua­ve y ape­te­ci­ble. Se tra­ta del Chry­sophy­llum cai­ni­to. PS, CS CP, ár­bol pro­pio de Me­soa­mé­ri­ca.

En Gua­te­ma­la es ca­rac­te­rís­ti­co de las sel­vas tro­pi­ca­les de las tie­rras ba­jas hú­me­das y llu­vio­sas. Su pul­pa, por lo ge­ne­ral mo­ra­da, es dul­ce y es la más jugosa en­tre la familia Sa­po­ta­ceae.

Se le plan­ta con fre­cuen­cia en los pa­tios de las ca­sas y se­men­te­ras do­més­ti­cas, pues es un ár­bol de gran por­te.

La ma­yor par­te de sus fru­tos, que pue­den ser de co­lor ro­jo-púr­pu­ra, mo­ra­do os­cu­ro, o ver­de pá­li­do, se cosechan del campo.

Cuan­do se abre un cai­mi­to, no se de­be per­mi­tir que el lá­tex amar­go de la piel se pon­ga en con­tac­to con la pul­pa. El fru­to ma­du­ro, pre­fe­ri­ble­men­te re­fri­ge­ra­do, se cor­ta a la mi­tad y se le ex­trae la pul­pa con una cu­cha­ra, desechan­do la piel, las se­mi­llas y el co­ra­zón.

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