“le co­que­teo a mi ma­ri­do to­dos los días”

Diario Deportivo Diez - - Radar Deportivo -

Arie­la, tu vi­da co­mo periodista ¿có­mo es? Te for­mu­lo es­ta pre­gun­ta por­que has­ta don­de ten­go en­ten­di­do vos sos una co­mu­ni­ca­do­ra 24/7. Co­rrec­to, ha­ce al­gún tiem­po me me­tí en los me­dios de co­mu­ni­ca­ción; en HCH, que es un ca­nal de 24/7, cuan­do uno es periodista de­be ser así, 24/7.

¿Siem­pre es­tás dis­pues­ta y con ese op­ti­mis­mo? Por­que hay pe­rio­dis­tas que a ve­ces se van, apa­gan to­do y re­gre­san has­ta el día si­guien­te. Ese es el ti­po de periodista que no pue­de tra­ba­jar en HCH. Yo siem­pre es­toy des­pués, re­cor­dá que el pe­rio­dis­mo es par­te de nues­tra vi­da, es una pa­sión, es al­go con lo que na­ce­mos, no­so­tros no de­ci­di­mos ser pe­rio­dis­tas, na­ce­mos sien­do pe­rio­dis­tas y eso nos per­mi­te es­tar pen­dien­te de to­do lo que pa­sa y desem­pe­ñar­lo de la me­jor ma­ne­ra, ha­cer­lo con ale­gría.

¿Qué tan­to te ha trans­for­ma­do el pe­rio­dis­mo, Arie­la? El pe­rio­dis­mo ha rea­li­za­do to­do en mi vi­da, sien­to que me ha he­cho ma­du­rar y cre­cer, ya que en­tré muy ni­ña a los me­dios, ha cam­bia­do mi con­duc­ta y mi pers­pec­ti­va de la vi­da.

Cuan­do te me­tis­te a es­to, ¿te apo­yó tu fa­mi­lia o tu­vis­te tus pe­ros por lo que re­pre­sen­ta ser periodista en el país? Mis pa­dres me apo­ya­ron mu­cho, mi pa­pá me mo­ti­vó, a mi ma­dre a ve­ces no le gus­ta­ba por­que el pe­rio­dis­mo que se ha­ce en Ha­ble Co­mo Ha­bla es muy fuer­te y yo in­gre­sé ha­cien­do pe­rio­dis­mo de opi­nión; en­ton­ces, aho­ra com­pren­do a mi ma­má, a ella le do­lía que me tra­ta­ran mal, ha­bía días en los que la en­con­tra­ba llo­ran­do, por­que qui­zás al­guien me lla­ma­ba y me ha­bía di­cho al­go fue­ra de lu­gar, al­gu­na es­tu­pi­dez, yo le de­cía que se tran­qui­li­za­ra, ella me res­pon­día que ya no fue­ra.

En aque­llos tiem­pos eras jo­ven, cuan­do eras una ni­ña en el pe­rio­dis­mo de opi­nión re­cuer­do que opi­na­bas de­ma­sia­do. Y me que­dé opi­nan­do, ja, ja, ja. Es al­go com­pli­ca­do, por­que re­cuer­do que yo en­tré co­mo un per­so­na­je de la ra­dio, con un per­so­na­je del pe­rio­dis­mo co­mo el Lic. Eduar­do Mal­do­na­do, una per­so­na con un vas­to co­no­ci­mien­to, en­ton­ces eso me com­pro­me­te a pa­sar en cons­tan­te apren­di­za­je y rein­ven­tán­do­me por­que es­tar con él y que ha­ble de al­go que yo no ma­ne­jo, que­da­ría en ri­dícu­lo.

Ten­go en­ten­di­do que sos de me­cha cor­ta por­que cuan­do te­nés que de­cir las co­sas de fren­te las de­cís. Yo ten­go un ca­rác­ter tran­qui­lo, pe­ro no me gus­ta la hi­po­cre­sía, pre­fie­ro que me ha­blen de fren­te, a ve­ces las per­so­nas que so­mos muy di­rec­tas no cae­mos bien, pe­ro pre­fie­ro que me di­gan las co­sas en la ca­ra.

Don Eduar­do Mal­do­na­do tam­bién es un hom­bre de fren­te. ¿Han cho­ca­do al­gu­na vez? No, él es mi je­fe, fue­ra del pro­gra­ma él es mi je­fe y so­mos com­pa­ñe­ros de pro­gra­ma, no hay un lí­mi­te den­tro de la tv, pe­ro uno de­be sa­ber qué pa­pel le co­rres­pon­de. ¿HCH es la me­jor for­ma­ción pe­rio­dís­ti­ca que vos has re­ci­bi­do? Yo he re­ci­bi­do dos for­ma­cio­nes, una en la universidad y otra en la prác­ti­ca, que son dos co­sas to­tal­men­te di­fe­ren­tes, y no hay una me­jor es­cue­la que HCH, el que vie­ne aquí y no es ha­ra­gán apren­de a tra­ba­jar.

¿Si es ha­ra­gán? Se va, la gen­te se ríe por­que creen que los co­rrie­ron, pe­ro aquí no se le co­rre a na­die, la gen­te se va so­la.

¿Qué tan pe­li­gro­so es ejer­cer el ti­po de pe­rio­dis­mo que vos desem­pe­ñás en Hon­du­ras? Hay una au­to­rre­gu­la­ción, gra­cias a Dios a mí nun­ca me han di­cho que no pue­do ha­blar de al­go, pe­ro una sa­be de las con­di­cio­nes en las que se vi­ve, se sa­be que hay te­mas de­li­ca­dos que es me­jor no to­car­los o con cau­te­la he in­for­ma­do, pe­ro la ver­dad que yo nun­ca he te­ni­do al­gún ti­po de in­con­ve­nien­te.

¿Cuál ha si­do la peor ofen­sa que has re­ci­bi­do en el pe­rio­dis­mo, esa por la que lle­gas­te a ca­sa y en­con­tras­te a tu ma­má llo­ran­do? A mí to­do lo que me di­gan me da igual, no hay al­go que me pue­dan de­cir que a mí me mo­les­te, ¿por qué? Yo soy una mu­jer muy rec­ta, no hay na­da que me di­gan y que pue­da ser mo­ti­vo de ver­güen­za pa­ra mis pa­dres.

¿Pe­ro en tu mo­men­to cuan­do ve­nías co­men­zan­do? Ya ni me acuer­do, eso fue ha­ce un montón de años, en ese en­ton­ces sí me do­lió por­que era una inex­per­ta en un mun­do com­pli­ca­do,

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