CRÍ­ME­NES EN LA IM­PU­NI­DAD

SED DE JUS­TI­CIA En los úl­ti­mos seis años, al me­nos 160 es­tu­dian­tes uni­ver­si­ta­rios han per­di­do la vi­da a ma­nos de la de­lin­cuen­cia. La ma­yo­ría de ellos os­ci­la­ban en­tre los 20 y 29 años. Ca­si to­dos los ca­sos es­tán im­pu­nes. “Exi­jo jus­ti­cia”, di­ce una de las m

Diario El Heraldo - - Portada -

Sus ros­tros es­tán mar­ca­dos no so­lo por ser víc­ti­mas del cri­men sino tam­bién de la im­pu­ni­dad. Sus fo­tos son los re­tra­tos ha­bla­dos de la sa­cu­di­da que pro­vo­ca la vio­len­cia en el país.

Las muer­tes de jó­ve­nes es­tu­dian­tes uni­ver­si­ta­rios han si­do una olea­da de tris­te­za para Hon­du­ras y aun­que re­cor­dar­los cau­sa pe­sar en la po­bla­ción, la in­dig­na­ción an­te la im­pu­ni­dad que ro­dea sus ase­si­na­tos es lo que no de­ja vi­vir a sus fa­mi­lias y ami­gos.

Ellos se que­da­ron en la me­mo­ria de la gen­te, pe­ro sus his­to­rias si­guen sin te­cum­plir

ner un fi­nal jus­to, pues los cuer­pos de in­ves­ti­ga­ción y jus­ti­cia del Es­ta­do, le­jos de la pro­me­sa de dar con los cul­pa­bles, van acu­mu­lan­do la deu­da pen­dien­te mien­tras las tum­bas de los caí­dos per­ma­ne­cen cu­bier­tas con flo­res.

Tris­tes ci­fras

De acuer­do con los da­tos más re­cien­tes del Ins­ti­tu­to Uni­ver­si­ta­rio en De­mo­cra­cia, Paz y Se­gu­ri­dad (Iud­pas), que van des­de enero de 2010 has­ta mar­zo de 2016, son al me­nos 1,183 los es­tu­dian­tes que han per­di­do la vi­da de ma­ne­ra vio­len­ta. La ma­yo­ría de ellos, 624 ca­sos que re­pre­sen­tan el 52.7 por cien­to, cur­sa­ban el ni­vel se­cun­da­rio. La di­rec­to­ra del Iud­pas, Mig­do­nia Ayes­tas, es­ti­mó que de mar­zo de 2016 a fe­bre­ro de 2017 la can­ti­dad de alum­nos fa­lle­ci­dos ron­da el cen­te­nar.

El do­cu­men­to del Iud­pas in­di­ca que de to­das las víc­ti­mas 160 mu­cha­chos per­te­ne­cían al ni­vel uni­ver­si­ta­rio, 124 al ni­vel pri­ma­rio y 275 so­lo fue­ron se­ña­la­dos co­mo es­tu­dian­tes, sin es­pe­ci­fi­car a qué ni­vel.

Se­gún el aná­li­sis del Iud­pas, el 2014 fue el año en el que más fa­lle­cie­ron es­tu­dian­tes, con 254 ca­sos. Ese año el país ce­rró con un to­tal de 5,936 ho­mi­ci­dios y una ta­sa de 68 por ca­da 100 mil ha­bi­tan­tes. Con­tra­dic­to­ria­men­te, el 2014 no fue el año más vio­len­to en­tre los seis que abar­ca el es­tu­dio del Iud­pas, lo fue el 2012 con un to­tal de 7,172 ho­mi­ci­dios y una de ta­sa de 85.5 ho­mi­ci­dios por ca­da 100 mil ha­bi­tan­tes.

Uni­ver­si­ta­rios

De los ca­sos iden­ti­fi­ca­dos, los uni­ver­si­ta­rios víc­ti­mas del cri­men ocu­pan en se­gun­do lu­gar, pe­ro por te­ner una con­no­ta­ción de ser la fuer­za la­bo­ral del país en for­ma­ción ge­ne­ran un ma­yor y sig­ni­fi­ca­ti­vo im­pac­to en la so­cie­dad.

El ran­go de edad en el que se en­cuen­tran la ma­yo­ría de las víc­ti­mas es en­tre los 20 y los 29 años. Del to­tal de los 160 ca­sos, el 76.9 por cien­to eran hom­bres y el 23.1 por cien­to mu­je­res.

La gran ma­yo­ría de víc­ti­mas, 81 ca­sos que re­pre­sen­tan el 50.6 por cien­to, eran alum­nos de la Uni­ver­si­dad Na­cio­nal Au­tó­no­ma de Hon­du­ras (UNAH). De ese to­tal, 51 jó­ve­nes cur­sa­ban es­tu­dios en la ciu­dad uni­ver­si­ta­ria de Tegucigalpa y 21 en la UNAH del Va­lle de Su­la (UNAHVS), mien­tras que el res­to es­ta­ban en los cen­tros re­gio­na­les de Ju­ti­cal­pa, Olan­chi­to, La Cei­ba, San­ta Ro­sa de Co­pán y Co­ma­ya­gua.

La ma­yo­ría de las víc­ti­mas per­te­ne­cían a las ca­rre­ras de In­for­má­ti­ca Ad­mi­nis­tra­ti­va, In­ge­nie­ría Ci­vil, Pe­da­go­gía, Me­di­ci­na, De­re­cho, Pe­rio­dis­mo y Odon­to­lo­gía.

Los de­par­ta­men­tos de Fran­cis­co Mo­ra­zán, Cor­tés, Olan­cho y Yoro ocu­pan los pri­me­ros lu­ga­res en crí­me­nes en con­tra de es­tu­dian­tes uni­ver­si­ta­rios.

To­dos ellos eran mu­cha­chos que te­nían sue­ños y me­tas por cum­plir, sin em­bar­go, la muer­te que se pa­sea cam­pan­te por los ba­rrios y co­lo­nias hon­du­re­ñas se los lle­vó y aho­ra la ex­pec­ta­ti­va es que los en­tes ope­ra­do­res de jus­ti­cia ha­gan pa­gar a los res­pon­sa­bles por los crí­me­nes co­me­ti­dos.

Sus his­to­rias

Los ca­sos le do­lie­ron a Hon­du­ras, pe­ro son tan­tos que rá­pi­do se de­ja de la­do la tris­te­za con uno para co­men­zar exi­gir jus­ti­cia por otro y las res­pues­tas si­guen sin lle­gar para la ma­yo­ría de esas fa­mi­lias en­lu­ta­das.

Di­mas Ra­mos era un fu­tu­ro in­ge­nie­ro en sis­te­mas que fue ape­drea­do por ro­bar­le un par de za­pa­tos, era aman­te de la mú­si­ca y en­tre­ga­do a Dios. Na­die pue­de creer có­mo has­ta el mo­men­to no hay res­pon­sa­bles por ese he­cho.

De­rick Ana­ri­ba, es­tu­dian­te de me­di­ci­na, fue acri­bi­lla­do cuan­do se di­ri­gía a una can­cha a ju­gar fút­bol, no hay res­pon­sa­bles que den cuen­tas por ese cri­men y su fa­mi­lia aún no com­pren­de por qué lo ata­ca­ron. Y sin du­da el ase­si­na­to que con­mo­cio­nó a to­do el país en agos­to pa­sa­do fue la muer­te de án­ge­la Ma­ri­na Lo­bo, es­tu­dian­te de úl­ti­mo año de ar­qui­tec­tu­ra, quien fue co­bar­de­men­te ase­si­na­da por un cri­mi­nal por no de­jar­se asal­tar tres días an­tes. En es­te cri­men hay un de­te­ni­do, sin em­bar­go, no hay cer­te­za de que el ca­so sea ju­di­cia­li­za­do.

His­to­rias co­mo esas han es­tru­ja­do el co­ra­zón de mi­llo­nes de per­so­nas en Hon­du­ras, que lo úni­co que pi­den es que los res­pon­sa­bles pa­guen por sus fal­tas, aun­que es­to no de­vuel­va la vi­da a los jó­ve­nes.

En lo que va de es­te año no se co­no­cen re­sul­ta­dos pun­tua­les en la in­ves­ti­ga­ción de nin­guno de esos crí­me­nes y mu­cho me­nos hay gen­te tras las re­jas

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