A don Jor­ge Luis le gus­tan las co­sas cla­ras en la Bi­co­lor

Las re­glas de jue­go Los ju­ga­do­res ya lo co­no­cen... Pin­to tie­ne el con­trol de to­do, des­de el cam­po has­ta la ho­ra de dor­mir

Diario El Heraldo - - Zona Deportiva - FORT MYERS

En el cam­pa­men­to de la Bi­co­lor, el téc­ni­co Jor­ge Luis Pin­to con­tro­la to­do.

Des­de los co­nos has­ta los asig­na­dos a la con­fe­ren­cia de pren­sa. In­ter­vie­ne en cual­quier asun­to de la H.

Su sello es una dis­ci­pli­na fé­rrea. No admite fa­llos en ese sen­ti­do. “Cuan­do un ju­ga­dor in­cum­ple ya ca­yó en des­gra­cia”, los des­cri­ben. Es di­fí­cil que dé la ra­zón. Así es don Jor­ge Luis.

Él mis­mo co­mo con­fe­ren­cis­ta ha­bla in­sis­ten­te­men­te de dis­ci­pli­na en el tra­ba­jo. Eso es lo que im­ple­men­ta a dia­rio y es­tos son al­gu­nas re­glas del có­di­go de Pin­to.

Tie­ne que res­pe­tar los ho­ra­rios. Eso es in­dis­pen­sa­ble. Aquí no hay ex­cep­cio­nes. Las lle­ga­das a las con­cen­tra­cio­nes, co­mi­das, ho­ras de en­treno, el tiem­po de acos­tar­se to­do es par­te de es­to. En la ac­tual con­cen­tra­ción el lí­mi­te pa­ra dor­mir son 9:30 de la no­che.

Otra es no quie­re dis­trac­cio­nes en el tra­ba­jo, en los en­tre­na­mien­tos, cuan­do hay char­la o vi­deos. Tie­ne que ha­ber ce­ro dis­trac­cio­nes de nin­gún ti­po, no so­lo de los ju­ga­do­res sino que na­die lle­gue a in­te­rrum­pir.

Tam­bién, no per­mi­te que na­die ajeno al tra­ba­jo en el cam­po en­tre al te­rreno de jue­go una vez allá arran­ca­do el tra­ba­jo. Si al­guien se le me­te, de una vez di­rá “her­mano yo me le me­to a us­ted a la ofi­ci­na”.

Re­pi­te mu­cho en los tra­ba­jos en el en­tre­na­mien­to. Pue­de reite­rar en mu­chos oca­sio­nes has­ta con­se­guir lo que quie­re.

Tie­ne mu­cho es­tu­dio del ri­val. Le da mu­chas herramientas al ju­ga­dor del ri­val que le va a to­car, ya sea del con­jun­to o ca­rac­te­rís­ti­cas de ju­ga­do­res.

Si Jor­ge Luis Pin­to de­tec­ta que un ju­ga­dor in­cum­plió con los có­di­gos dis­ci­pli­na­rios y del res­pe­tos ese ju­ga­dor ya ca­yó en des­gra­cia. Si no lo apar­ta en el mo­men­to, lo pue­de ha­cer en el mo­men­to in­di­ca­do.

Más dis­ci­pli­na...

Con el uso de ce­lu­la­res, no per­mi­te que sue­nen ce­lu­la­res en una char­la o el tiem­po de tra­ba­jo. Sin em­bar­go, no hay tan­ta res­tric­ción en las ha­bi­ta­cio­nes. A la ho­ra in­di­ca­da las lu­ces de las ha­bi­ta­cio­nes de­ben es­tar apa­ga­das. Ha­ce ron­das cons­tan­tes pa­ra ve­ri­fi­car que es­tá in­di­ca­ción se cum­pla a ca­ba­li­dad.

Tie­ne un con­trol ab­so­lu­to de to­do. Del gru­po de ju­ga­do­res y to­dos los que in­ter­ac­túan en el queha­cer de la Se­lec­ción. To­do es­tá ba­jo su su­per­vi­sión. Por es­ta ra­zón el es­co­ge el ho­tel y las can­chas de en­tre­na­mien­to.

Por úl­ti­mo, no to­le­ra la in­dis­ci­pli­na tác­ti­ca. Por el tra­ba­jo que se to­ma pa­ra los en­tre­na­mien­tos y el tiem­po que in­vier­te vien­do vi­deos del ri­val. No le gus­ta que un ju­ga­dor des­apro­ve­che to­do ese tra­ba­jo

A Pin­to le gus­tan el or­den y la dis­ci­pli­na, ese ha si­do fun­da­men­tal en su ca­rre­ra de éxi­to.

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