El pro­fe­sor Fran­cis­co, un ejem­plo de es­me­ro

For­ma­dor Desde ha­ce 25 años su­fre de neu­ro­pa­tía, pe­ro su con­di­ción no lo ha ale­ja­do de las au­las de cla­ses

Diario El Heraldo - - Portada - TEGUCIGALPA Hay­di Ca­rras­co El Heraldo dia­rio@el­he­ral­do.hn

Hay maes­tros que en­se­ñan a tra­vés de las palabras, otros que trans­mi­ten sus ex­pe­rien­cias, pe­ro hay quie­nes en­se­ñan a tra­vés de sus ac­cio­nes.

Fran­cis­co Flo­res es uno de esos maes­tros, que desde su ju­ven­tud qui­so en­se­ñar a los más pe­que­ños la sen­ci­llez de las ma­te­má­ti­cas y la elo­cuen­cia del es­pa­ñol.

Pe­ro, para en­se­ñar a los de­más, pri­me­ro tu­vo que apren­der él, pues aun­que su ju­ven­tud fue muy sa­na los años le die­ron una lec­ción de vi­da.

Cuan­do te­nía 25 años de edad, su cuer­po co­men­zó a de­bi­li­tar­se y a de­for­mar­se. Des­pués de va­rios es­tu­dios, los mé­di­cos le diag­nos­ti­ca­ron neu­ro­pa­tía, una en­fer­me­dad que afec­ta el sis­te­ma ner­vio­so. Esa con­di­ción pro­vo­có que sus múscu­los se de­bi­li­ta­ran y per­die­ran par­te del mo­vi­mien­to, has­ta que lo de­jó en si­lla de rue­das. Tam­bién, sus ma­nos su­frie­ron cier­to da­ño que le di­fi­cul­ta su­je­tar al­gu­nas cosas.

Sin em­bar­go, ca­da día ha si­do una ex­pe­rien­cia para él; su es­po­sa Nor­ma Men­do­za, sus hi­jos Jo­sué y Cristyn Flo­res y sus alum­nos, ade­más de apren­der so­bre aca­de­mia,

apren­den a va­lo­rar y a no dis­cri­mi­nar a las per­so­nas.

“Yo ten­go pro­ble­mas en mis ro­di­llas, por­que no pue­do es­ti­rar­las com­ple­ta­men­te, pe­ro así se­gui­mos ade­lan­te, tra­ba­jan­do y tra­ba­jan­do por­que no po­de­mos de­cir aquí se ter­mi­nó la vi­da”, di­jo Fran­cis­co.

Día a día

“El pro­fe Fran­cis­co”, como le lla­man sus alum­nos, es­tu­dió en la Es­cue­la Nor­mal de Oc­ci­den­te, en La Es­pe­ran­za, In­ti­bu­cá. A sus 16 años se gra­duó como maes­tro y a los po­cos meses em­pe­zó a ejer­cer la pro­fe­sión.

Su pri­mer em­pleo fue en una es­cue­la en La Mos­qui­tia, en el de­par­ta­men­to de Gra­cias a Dios, sin em­bar­go, solo la­bo­ró un año.

Des­pués pa­só a tra­ba­jar en la uni­dad de fac­tu­ra­ción de la Em­pre­sa Na­cio­nal de Ener­gía Eléc­tri­ca (ENEE), don­de es­tu­vo por 10 años.

Ac­tual­men­te trabaja como pro­fe­sor en la Es­cue­la Ál­va­ro Con­tre­ras en la ca­pi­tal del país, don­de im­par­te las cla­ses bá­si­cas para los cur­sos su­pe­rio­res desde ha­ce ocho años.

Ca­da ma­ña­na lle­ga has­ta es­te cen­tro edu­ca­ti­vo para com­par­tir el pan del sa­ber con sus 38 pu­pi­los que cur­san el quin­to gra­do, sec­ción “2”.

En una si­lla de rue­das re­co­rre los pa­si­llos del cen­tro edu­ca­ti­vo y se di­ri­ge has­ta su au­la de en­se­ñan­za, don­de los mu­ra­les y fi­gu­ras geo­mé­tri­cas re­sal­tan en las paredes.

La pe­que­ña au­la es un mun­do de aven­tu­ras, pues los ni­ños apren­den y dis­fru­tan las cla­ses de es­pa­ñol, ma­te­má­ti­cas, cien­cias na­tu­ra­les, cien­cias so­cia­les y cí­vi­ca.

Con ayu­da de sus alum­nos rea­li­za las di­fe­ren­tes

ac­ti­vi­da­des como re­vi­sar sus ta­reas, es­cri­bir en la pi­za­rra o sos­te­ner ma­te­ria­les que con­tri­bu­yan al co­no­ci­mien­to de es­tos pe­que­ños.

El pro­fe Fran­cis­co es muy que­ri­do por sus alum­nos, so­bre todo por­que sus di­fi­cul­ta­des para ca­mi­nar no han si­do im­pe­di­men­to para rea­li­zar ac­ti­vi­da­des ex­tra­cu­rri­cu­la­res, como ju­gar con los es­tu­dian­tes.

Para Eme­lin Sa­li­nas, alum­na del pro­fe­sor Fran­cis­co, las cla­ses son más que es­cu­char por­que el maes­tro les per­mi­te ha­cer dinámicas para que la en­se­ñan­za sea un me­dio más di­ver­ti­do.

“A los ni­ños les di­go que es un pri­vi­le­gio es­tar de­lan­te de ellos por­que es­tar en­se­ñan­do las pri­me­ras le­tras a un ni­ño es al­go que de­ja hue­llas en es­tos pe­que­ños”, di­jo con una son­ri­sa en su ros­tro el pro­fe Fran­cis­co.

Re­cor­dó que siem­pre lle­gan a la es­cue­la alum­nos de años atrás, quie­nes le agra­de­cen por los con­se­jos y en­se­ñan­za que du­ran­te mu­chos años les dio.

Para Fran­cis­co de­jar hue­llas en sus alum­nos es el tra­ba­jo más gra­ti­fi­can­te por­que sig­ni­fi­ca que hi­zo al­go bueno por el

fu­tu­ro de Hon­du­ras.

“Cuan­do yo mi­ro que ese jo­ven si­gue sa­lien­do ade­lan­te y si­gue es­tu­dian­do, para mí es una sa­tis­fac­ción, un go­zo y una ale­gría”, ex­pli­có.

En la Es­cue­la Ál­va­ro Con­tre­ras, el pro­fe­sor tam­bién par­ti­ci­pa como coor­di­na­dor de ac­tos cí­vi­cos y en los des­fi­les par­ti­ci­pó al lado de sus alum­nos. Pa­de­cer esta con­di­ción fí­si­ca le ha per­mi­ti­do al pro­fe­sor Fran­cis­co ob­te­ner una fuer­za ex­tra para de­mos­trar sus ha­bi­li­da­des.

En mu­chas oca­sio­nes ha en­con­tra­do di­fi­cul­ta­des por­que mu­chas per­so­nas pien­san que “soy in­ca­paz de rea­li­zar las cosas”, di­jo.

“Cuan­do no lo co­no­cen a uno hay discriminación por­que en nues­tro país no nos han li­be­ra­do para no ver a las per­so­nas con una dis­ca­pa­ci­dad sin discriminación”, ex­pli­có.

Se­gún el pro­fe­sor, en el cen­tro edu­ca­ti­vo Ál­va­ro Con­tre­ras la si­tua­ción es di­fe­ren­te por­que re­ci­be apo­yo de los pa­dres de fa­mi­lia, do­cen­tes y has­ta de los alum­nos.

Ele­na Ma­ría Agui­lar, maes­tra del cen­tro edu­ca­ti­vo Ál­va­ro Con­tre­ras, di­jo que en la es­cue­la el pro­fe­sor Fran­cis­co es co­no­ci­do por ser una per­so­na res­pon­sa­ble y que­ri­da por sus es­tu­dian­tes, lo que da bue­na ra­zón de la en­se­ñan­za que brin­da a sus pu­pi­los, quie­nes son el fu­tu­ro de Hon­du­ras.

El pro­fe­sor Fran­cis­co es un ejem­plo para mi­les de do­cen­tes que hoy 17 de sep­tiem­bre ce­le­bran el Día del Maes­tro

En el Día del Maes­tro, los es­tu­dian­tes de la Es­cue­la Ál­va­ro Con­tre­ras agra­de­cie­ron a su pro­fe­sor por el esfuerzo y de­di­ca­ción.

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