VADHIR DERBEZ PO­SA PA­RA NO­SO­TROS EN SUS MAG­NÍ­FI­COS 25 AÑOS

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VDer­bez ha cum­pli­do 25 años y lo ha ce­le­bra­do en ex­clu­si­va con ¡HO­LA!, po­san­do en fan­tás­ti­cos es­ce­na­rios de Mia­mi y ha­cien­do un ba­lan­ce de su vi­da per­so­nal y pro­fe­sio­nal. En su en­tre­vis­ta más sin­ce­ra, nos abre su co­ra­zón, ex­tro­ver­ti­do e in­ge­nio­so.

—Vadhir, ¿có­mo te sien­tes al cum­plir 25 años?

—Me sien­to fe­liz, agra­de­ci­do con la vi­da por to­das las opor­tu­ni­da­des que he te­ni­do has­ta aho­ra. En es­te mo­men­to me sien­to muy sa­tis­fe­cho a ni­vel per­so­nal y pro­fe­sio­nal.

—Ya has vi­vi­do mu­chas ex­pe­rien­cias con el amor...

—De cha­vi­to vi­ves el amor des­bor­da­do. Se da de to­do: amor con ce­los, pa­sión, cuer­nos... To­das las vi­ven­cias me han lle­va­do a ser la per­so­na que soy hoy. Pro­cu­ro no co­me­ter los erro­res del pa­sa­do.

—¿Te ha to­ca­do per­do­nar una in­fi­de­li­dad?

—Yo sí he per­do­na­do una in­fi­de­li­dad: o soy muy ton­to o muy inocen­te. Pe­ro creo que cuan­do exis­te el amor hay que sa­ber en­ten­der. Y per­do­nar. —Sí, por su­pues­to. Uno va apren­dien­do de ca­da re­la­ción, y cla­ro que se co­me­ten erro­res. En es­te mo­men­to, por ejem­plo, es­toy so­lo, es­toy sol­te­ro, pe­ro si lle­ga al­guien, me ha­ría ilu­sión.

—¿Y has in­cu­rri­do en una in­fi­de­li­dad? —A tu cor­ta edad has te­ni­do mu­chas ex­pe­rien­cias…

—Sí, he te­ni­do gran­des vi­ven­cias. Es­tu­ve con una cha­va muy es­pe­cial, mien­tras hi­ce en Es­ta­dos Uni­dos «Mi­ra quién bai­la». Tam­bién tu­ve una re­la­ción por más de dos años con Jass, la can­tan­te. Y, más re­cien­te­men­te, tu­ve una re­la­ción con una psi­có­lo­ga de Mon­te­rrey, una bue­na ni­ña, pe­ro no du­ra­mos tan­to...

—Creo que soy un po­co más ma­du­ro de lo que co­rres­pon­de a mi edad. Es­te me­dio ace­le­ra la ma­du­rez en mu­chas co­sas. Pe­ro soy cons­cien­te de que me fal­ta mu­cho por apren­der.

—¿Te con­si­de­ras ma­du­ro? —Tam­bién los gol­pes ayu­dan a cre­cer...

—Lo que no te ma­ta te ha­ce más fuer­te. El que te par­ta el co­ra­zón, co­sas con la fa­mi­lia, que te va­ya mal en el tra­ba­jo, pro­ble­mas en la es­cue­la, de to­do eso se apren­de. Y se cre­ce. Y si no apren­des, la vi­da te man­da al­go más fuer­te has­ta que caes en el ho­yo y no te que­da otra que le­van­tar­te.

Sin­ce­ro, es­pon­tá­neo y con mu­cho co­ra­zón, nos ha­bla de su fa­mi­lia, de sus amo­res y de sus sue­ños de fu­tu­ro, en Mia­mi

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