IDARELA ÁL­VA­REZ Y MA­RIANO ES­TRA­DA COM­PAR­TEN EN EX­CLU­SI­VA LA RO­MÁN­TI­CA HIS­TO­RIA DE AMOR QUE LOS UNIÓ

«Los mo­men­tos más emo­ti­vos de la bo­da fue­ron cuan­do mi pa­pá me en­tre­gó en la igle­sia y cuan­do Ma­riano y yo nos di­mos los ani­llos. Fue allí cuan­do sen­tí la ver­da­de­ra unión de nues­tra re­la­ción»

Hola Honduras - - Noticias - Tex­to: KARLA AGUILAR Fo­to­gra­fías: DA­NIEL MEN­DO­ZA/ ANAMARIAS EVEN­TOS WED­DING PLANNER

RO­SAS RO­JAS y can­de­la­bros blancos die­ron la bien­ve­ni­da a los in­vi­ta­dos de la so­ña­da bo­da en­tre Ma­riano e Idarela, quie­nes co­men­za­ron su his­to­ria de amor en Ni­ca­ra­gua y fue se­lla­da con un gran ¡Sí quie­ro! en la Igle­sia Nues­tra Se­ño­ra del Sa­gra­do Co­ra­zón en El Ha­ti­llo, en Tegucigalpa, Hon­du­ras. Fue una de las bo­das más ro­mán­ti­cas que se han vi­vi­do en la ciu­dad ca­pi­tal, por lo que ¡HO­LA! no qui­so per­der la opor­tu­ni­dad de re­cor­dar­la y co­no­cer par­te de es­te even­to tan im­por­tan­te pa­ra los no­vios.

—Idarela, cuén­ta­nos un po­co có­mo se co­no­cie­ron.

—Fue en el ve­rano del año 2011. Es­ta­ba vi­si­tan­do a mi me­jor ami­ga de la uni­ver­si­dad en Ni­ca­ra­gua y de­ci­di­mos ir a un bar en la pri­me­ra noche de mi es­ta­día en el país, ese fue el día en el cual co­no­cí a Ma­riano. Él era ami­go de mi ami­ga y des­de esa noche hu­bo una atrac­ción que no pu­di­mos, ni qui­si­mos, evitar. Co­men­za­mos una re­la­ción que siem­pre fue de le­jos, por­que es­tu­diá­ba­mos en uni­ver­si­da­des di­fe­ren­tes, yo en Tri­nity, en San An­to­nio y él en No­tre Da­me, In­dia­na; pe­ro Ma­riano, que me vi­si­ta­ba muy se­gui­do, se en­car­gó de que to­do fun­cio­na­ra per­fec­ta­men­te. Lue­go nos gra­dua­mos y nos to­có tra­ba­jar en paí­ses di­fe­ren­tes, él en Los Án­ge­les y yo en Pa­na­má, pe­ro igual hi­ci­mos to­do lo ne­ce­sa­rio pa­ra que el no­viaz­go fun­cio­ne. Creo que to­do eso ayu­dó a que Ma­riano de­ci­die­ra dar el si­guien­te pa­so: ¡Ca­sar­nos!

—¿Có­mo lle­ga esa pro­pues­ta de ma­tri­mo­nio?

—Des­pués de ha­ber te­ni­do una re­la­ción de le­jos du­ran­te tan­to tiem­po creí­mos que era lo me­jor dar el si­guien­te pa­so. Ma­riano le pi­dió mi mano a mi pa­pá, mien­tras él es­ta­ba en Ni­ca­ra­gua en un tor­neo cen­troa­me­ri­cano de Golf. La

«Se­gún mis cos­tum­bres fa­mi­lia­res, la no­via de­ci­de dón­de es la bo­da. No po­día de­jar de ha­cer­la don­de na­cí y vi­ví to­da mi vi­da. Pe­ro la bo­da ci­vil fue en Ni­ca­ra­gua»

—¿Cuál fue el con­cep­to que eli­gie­ron pa­ra la bo­da?

del amor. Es­ta­ba cons­cien­te de que no era tra­di­cio­nal usar flo­res ro­jas pa­ra una bo­da, pe­ro ese era mi sue­ño y to­do sa­lió be­llo. Ana­ma creó un es­pa­cio to­tal­men­te fue­ra de lo co­mún en el que, sin du­da, plas­mó el con­cep­to de lo que yo que­ría. un sue­ño he­cho reali­dad. —Cuan­do ini­ció la eta­pa del plan­ning su­pi­mos que que­ría­mos que Anamaría Du­rón (Ana­ma) se ocu­pa­se de nues­tra bo­da, por su ex­pe­rien­cia y por­que su tra­ba­jo siem­pre nos ha pa­re­ci­do be­llí­si­mo. Mi eta­pa de los pre­pa­ra­ti­vos no fue na­da te­dio­sa, ya que mi ma­má y Ana­ma se en­car­ga­ron de coor­di­nar to­dos los pre­pa­ra­ti­vos, cla­ro que to­man­do siem­pre en cuen­ta mis opi­nio­nes y elec­cio­nes. Al final to­do fue noche en que mi pa­pá se en­te­ró de los pla­nes de Ma­riano, me lla­mo y me in­sis­tió que com­pre un tic­ket de avión y via­ja­ra el día si­guien­te de Pa­na­má a Ni­ca­ra­gua. Yo lo hi­ce sin sa­ber la sor­pre­sa que me es­pe­ra­ba. Pa­ra ese día, via­ja­ron mis fa­mi­lia­res cer­ca­nos y, du­ran­te el fin de se­ma­na, Ma­riano me pro­pu­so que sea su es­po­sa, to­do fue una enor­me sor­pre­sa. —Ana­ma me pre­gun­tó en una de nues­tras reunio­nes de pla­ni­fi­ca­ción: cuan­do la gen­te ha­ble de tu bo­da, ¿qué pa­la­bras te gus­ta­ría que usaran pa­ra des­cri­bir­la? Mi res­pues­ta fue: una bo­da ro­mán­ti­ca y ale­gre. Di­je ro­mán­ti­ca por­que que­ría una bo­da lle­na de can­de­las y ro­sas, que pa­ra mí son la re­pre­sen­ta­ción

—¿Có­mo de­ci­die­ron ca­sar­se en Hon­du­ras si Ma­riano es de Ni­ca­ra­gua?

—Ha­ble­mos de los pre­pa­ra­ti­vos.

«El vestido lo com­pré en una tien­da en Pa­na­má, lla­ma­da Gau­dí No­vias. Fue pa­ra mí la par­te más emo­ti­va del pro­ce­so de planeación. Lo es­co­gí con mi abue­la, mi

ma­má y mi pri­ma»

—Soy una per­so­na bien tra­di­cio­nal. Se­gún mis cos­tum­bres fa­mi­lia­res, la no­via de­ci­de dón­de es la bo­da. No po­día de­jar de ha­cer­la don­de na­cí y vi­ví to­da mi vi­da. Pe­ro la bo­da ci­vil fue en Ni­ca­ra­gua.

—¿Se mo­vi­li­zó to­da la fa­mi­lia de Ma­riano pa­ra la bo­da?

—Sí. Lle­ga­ron los padres de mi es­po­so, des­de Ni­ca­ra­gua; el her­mano que vi­ve en San Fran­cis­co y la her­ma­na (con su hi­ja) que vi­ven en Washington DC. Tam­bién, se mo­vi­li­za­ron mu­chos de nuestros ami­gos de Pa­na­má y de las uni­ver­si­da­des en que am­bos es­tu­dia­mos.

—En cuan­to al vestido de no­via, ¿te cos­tó en­con­trar­lo?

—El vestido, de la mar­ca es­pa­ño­la St. Pa­tricks, lo com­pré en una tien­da en Pa­na­má, lla­ma­da Gau­dí No­vias. Fue pa­ra mí la par­te más emo­ti­va del pro­ce­so de planeación. Lo es­co­gí con mi abue­la, mi ma­má y mi pri­ma. Me pro­bé va­rios ves­ti­dos, pe­ro cuan­do me pu­se el in­di­ca­do sen­tí que con ese que­ría lle­gar al al­tar. Cuan­do me lo pro­bé to­das nos que­da­mos sin co­men­ta­rios, sim­ple­men­te ese era mi vestido, sa­bía­mos que era el in­di­ca­do. Fue de es­ti­lo si­re­na de la­ce blan­co y des­cu­bier­to en los hom­bros.

—¿Cuá­les fue­ron los mo­men­tos más emo­ti­vos de la bo­da?

—Cuan­do mi pa­pá me en­tre­gó en la igle­sia y cuan­do Ma­riano y yo nos di­mos los ani­llos. Es allí cuan­do sen­tí la ver­da­de­ra unión de nues­tra re­la­ción.

—¿Qué es lo que más re­cuer­das de ese día es­pe­cial?

—Lo que más re­cuer­do de ese día fue el brin­dis de mi pa­pá, en el cual no pu­do di­si­mu­lar su fe­li­ci­dad. Otro mo­men­to fue el del pri­mer bai­le con Ma­riano ya co­mo es­po­sos.

—¿Adón­de fue­ron de Lu­na de Miel?

—Ele­gi­mos a Ha­wái por­que que­ría­mos ir a un lu­gar que nin­guno de los dos co­no­cie­se y que nos de­ja­se un re­cuer­do inol­vi­da­ble y úni­co; por­que creo que va a ser muy di­fí­cil vol­ver a Ha­wái. ¡Que­da un po­co le­jos!

—¿Có­mo han si­do es­tos pri­me­ros me­ses de ca­sa­dos?

—Muy lin­dos, lle­nos de nue­vas ex­pe­rien­cias y, al mis­mo tiem­po, fue­ron los me­ses en los cua­les me ha to­ca­do adap­tar­me a un nue­vo ho­gar, un nue­vo país y nue­vas cos­tum­bres. Sin em­bar­go, el apo­yo de Ma­riano lo hi­zo to­do más fá­cil.

«Lo que más re­cuer­do de ese día fue el brin­dis de mi pa­pá, en el cual no pu­do di­si­mu­lar su fe­li­ci­dad. Otro mo­men­to fue el del pri­mer bai­le con Ma­riano ya

co­mo es­po­sos»

«Es im­por­tan­te pa­ra mí te­ner a mi fa­mi­lia cer­ca, por­que son lo que más quie­ro en es­te mun­do, así que he­mos he­cho lo po­si­ble pa­ra ir a Hon­du­ras ca­da

vez que te­ne­mos chan­ce»

«He te­ni­do que adap­tar­me a mu­chas co­sas nue­vas, pe­ro lo más com­pli­ca­do ha si­do no te­ner a mi fa­mi­lia y a mis ami­gas cer­ca. So­mos una fa­mi­lia muy uni­da y es­ta­ba acos­tum­bra­da a ver­los mu­cho, ya que éra­mos ca­si vecinos»

—¿Vi­si­ta­ron con fre­cuen­cia Hon­du­ras des­de que se ca­sa­ron?

—Nos ca­sa­mos ha­ce sie­te me­ses y fui­mos Hon­du­ras cua­tro ve­ces. Es im­por­tan­te pa­ra mí te­ner a mi fa­mi­lia cer­ca, por­que son lo que más quie­ro en es­te mun­do, así que he­mos he­cho lo po­si­ble pa­ra ir a Hon­du­ras ca­da vez que te­ne­mos chan­ce.

—Su­pon­go que el ma­tri­mo­nio les cam­bió la vi­da.

—Co­mo te co­men­ta­ba, cuan­do éra­mos no­vios vi­vía­mos en di­fe­ren­tes paí­ses y te­nía­mos una re­la­ción de le­jos. Pri­me­ro, yo en San An­to­nio, Te­xas y Ma­riano en In­dia­na. Des­pués, Ma­riano fue a Ca­li­for­nia y yo a Pa­na­má. Evi­den­te­men­te, aho­ra que vivimos jun­tos sien­to que po­de­mos com­par­tir más co­sas y que na­ció una co­ne­xión más pro­fun­da en­tre los dos.

—Veo las se­ries de televisión que a él más le gus­tan y lo abra­zo ca­da vez que pue­do.

—Nos gus­ta ir al ci­ne, re­cien­te­men­te em­pe­za­mos a ju­gar te­nis y nos en­can­ta sa­lir a co­mer y pro­bar lu­ga­res nue­vos.

—¿Có­mo con­sien­tes a tu es­po­so? —¿Qué les gus­ta ha­cer jun­tos? —¿Có­mo te has adap­ta­do a esta nue­va vi­da?

—He te­ni­do que adap­tar­me a mu­chas co­sas nue­vas, pe­ro lo más com­pli­ca­do ha si­do no te­ner a mi fa­mi­lia y a mis ami­gas cer­ca. So­mos una fa­mi­lia muy uni­da y es­ta­ba acos­tum­bra­da a ver­los mu­cho, ya que éra­mos ca­si vecinos.

—¿Lo que más ad­mi­ras de Ma­riano?

—Lo tra­ba­ja­dor que es y su fa­ci­li­dad pa­ra ha­cer bue­nas amis­ta­des.

—¿Cuál es el sue­ño que tie­nen en con­jun­to?

—So­ña­mos em­pren­der jun­tos un ne­go­cio y ha­cer­lo cre­cer des­de ce­ro. Tam­bién, so­ña­mos con crear una fa­mi­lia uni­da y ape­ga­da a Dios. Me gus­ta to­mar el ejem­plo de mis abue­los pa­ter­nos y ma­ter­nos, por­que nos han da­do un gran ejem­plo de uni­dad fa­mi­liar.

—Que­re­mos ob­te­ner jun­tos nues­tra maes­tría en Es­pa­ña y, co­mo ya te men­cio­ne, po­ner cuan­do sea po­si­ble nues­tro pro­pio ne­go­cio.

—¿Qué pla­nes tie­nen aho­ra?

Idarela y Ma­riano cum­plie­ron el sue­ño de sus vi­das al ju­rar­se amor eterno. Ac­tual­men­te am­bos re­si­den en Ni­ca­ra­gua, de don­de es ori­gi­na­rio el no­vio, sin em­bar­go, via­jan fre­cuen­te­men­te a Hon­du­ras a vis­tar los fa­mi­lia­res de

Idarela.

La fa­mi­lia al com­ple­to. En la fo­to­gra­fía, los no­vios po­san son­rien­tes jun­to a sus fa­mi­lia­res, da­mas de ho­nor y pa­dri­nos.

Ro­sas ro­jas y can­de­la­bros blancos die­ron la bien­ve­ni­da a los in­vi­ta­dos a la so­ña­da bo­da en­tre Ma­riano e Idarela, quie­nes co­men­za­ron su his­to­ria de amor en Ni­ca­ra­gua y fue se­lla­da con un gran ¡Sí quie­ro! en la Igle­sia Nues­tra Se­ño­ra del Sa­gra­do

Co­ra­zón en El Ha­ti­llo, en Tegucigalpa, Hon­du­ras.

Fue una de las bo­das más ro­mán­ti­cas que se han vi­vi­do en la ciu­dad ca­pi­tal, por lo que ¡HO­LA! no qui­so per­der la opor­tu­ni­dad de re­cor­dar­la y co­no­cer par­te de es­te even­to tan im­por­tan­te pa­ra los no­vios.

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