EMI­LIO Y ELE­NA MAL­DO­NA­DO

«La vi­da aquí es muy tran­qui­la, el en­torno se pres­ta pa­ra te­ner más paz. No me arre­pien­to de ha­ber­me que­da­do, han si­do 14 años muy ben­de­ci­dos» «Me en­can­ta co­no­cer su his­to­ria y po­der trans­mi­tir­la. Ade­más, mi es­po­sa y mis hi­jas es­tán acá, lo que me ha­ce s

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Nos des­cu­bren su her­mo­so pa­raí­so en Roa­tán

EMI­LIO Y ELE­NA adop­ta­ron la Is­la de Roa­tán co­mo su ho­gar. Jun­tos han for­ma­do una lin­da fa­mi­lia con sus dos her­mo­sas hi­jas, a quie­nes quie­ren ver cre­cer en un lu­gar ro­dea­do de la na­tu­ra­le­za, li­ber­tad y so­bre to­do, del be­llo mar que en­vuel­ve al si­tio. ¡HO­LA! con­ver­só con ellos pa­ra co­no­cer más de sus vi­das y el ca­ri­ño que le tie­nen a es­te pa­raí­so en el que vi­ven. Emi­lio es un hom­bre ta­len­to­so que se ha con­ver­ti­do en un im­pul­sor del turismo en Roa­tán. Des­de la ge­ren­cia del Pa­ra­di­se Beach Ho­tel em­pren­de nue­vas ac­cio­nes pa­ra el bie­nes­tar y cre­ci­mien­to de es­te lu­gar que le ro­bó el co­ra­zón. —Cuén­te­nos, ¿cuán­to lle­va en Roa­tán? —Ca­si cua­tro años, el tiem­po pa­sa muy rá­pi­do, pe­ro es­toy fe­liz de es­tar en esta be­lla is­la. Re­cuer­do que cuan­do lle­gué es­ta­ba llo­vien­do mu­cho, pe­ro me sor­pren­dió que no hu­bie­se trá­fi­co. Ac­tual­men­te eso ha cam­bia­do un po­co.

—¿Có­mo fue el cambio de ve­nir de una ciu­dad a una is­la?

—Uno tie­ne que ha­cer el cambio men­tal­men­te. Cla­ro que es muy dis­tin­to, pe­ro ve­nir a es­te pa­raí­so no me afec­tó en na­da. Aho­ra ten­go la di­cha de des­per­tar y ver ese mar Ca­ri­be con un sol es­pec­ta­cu­lar. —¿Le cos­tó acos­tum­brar­se al nue­vo em­pleo? —Es di­fe­ren­te tra­ba­jar en una is­la, pues hay mu­chos fac­to­res que se de­ben to­mar en cuen­ta, ya que to­do se im­por­ta. Se de­be es­tar pen­dien­te del cli­ma, por­que es uno de los fac­to­res que pue­de im­pe­dir­nos tra­ba­jar en nues­tro ni­cho, que es el ser­vi­cio al clien­te y el turismo. Si no hay buen cli­ma no en­tran los bar­cos y no po­de­mos abas­te­cer­nos de los pro­duc­tos ne­ce­sa­rios pa­ra man­te­ner nuestros me­nús y nues­tro ser­vi­cio del día a día.

«Aho­ra con las dos ni­ñas te­ne­mos una vi­sión di­fe­ren­te de la vi­da y he­mos ad­qui­ri­do un nue­vo un nue­vo com­pro­mi­so con la is­la en el área del me­dioam­bien­te. La gen­te no vie­ne a co­no­cer la his­to­ria

del lu­gar, ellos vie­nen a dis­fru­tar la pla­ya, el bu­ceo»

«Ini­cial­men­te so­lo ve­nia por tres me­ses a la is­la, pe­ro el pro­yec­to pa­ra el cual me ha­bían con­tra­ta­do de­mo­ró en ini­ciar y me fui que­dan­do por­que ya te­nía amis­ta­des y por­que aquí en­con­tré mi paz» nos co­men­ta Ele­na, quien po­sa en esta fo­to­gra­fía jun­to a to­da su fa­mi­lia.

—¿Có­mo lle­ga a la ge­ren­cia del Ho­tel Pa­ra­di­se? —Yo em­pe­cé mi ca­rre­ra ho­te­le­ra en Gru­po Real de El Salvador y es­tu­ve nue­ve años con ellos. Pe­ro lue­go la vi­da me te­nía pre­pa­ra­do un fu­tu­ro en Hon­du­ras, to­mé la de­di­ción de pro­po­ner­le ma­tri­mo­nio a mi ac­tual es­po­sa y ella no qui­so ra­di­car­se en otro lu­gar, así que me vi en la obli­ga­ción de ve­nir a Roa­tán y no me arre­pien­to. Sin du­da que fue un cambio gran­de, pe­ro de­ci­di­mos que si que­ría­mos que la re­la­ción fun­cio­na­ra, al­guien te­nía que ce­der y en es­te ca­so me to­có a mí. Al lle­gar a la is­la em­pe­cé a tra­ba­jar co­mo di­rec­tor eje­cu­ti­vo de San Cor­po­ra­tion y pos­te­rior­men­te sur­gió la opor­tu­ni­dad en la par­te ho­te­le­ra, acep­té por­que iba a tra­ba­jar nue­va­men­teen lo que me apa­sio­na, el ser­vi­cio al clien­te y en crear nue­vas ex­pe­rien­cias pa­ra atraer el turismo. —¿Qué ha cam­bia­do en el ho­tel des­de su ges­tión? —He­mos lo­gra­do for­mar un buen equi­po, en el cual to­dos es­ta­mos en la mis­ma di­rec­ción, con la de­di­ca­ción y el en­tu­sias­mo ne­ce­sa­rio. Te­ne­mos muy bue­na acep­ta­ción en el mer­ca­do in­ter­na­cio­nal y lo­cal, lo que ha cam­bia­do ha si­do nues­tra gen­te y nues­tra ma­ne­ra de pen­sar, siem­pre ten­go pre­sen­te un di­cho chino que me gus­ta mu­cho: “atien­de co­mo qui­sie­ras que te aten­die­ran”. —El Pa­ra­di­se se des­ta­ca por te­ner ideas ori­gi­na­les. Cuén­te­nos so­bre la me­sa de are­na pa­ra ce­nas ro­mán­ti­cas y la si­lla gi­gan­te en el mar. —Las me­jo­res ideas son siem­pre las más lo­cas. To­das las de­ci­sio­nes las to­ma­mos en equi­po y, a Sa­muel, nues­tro ge­ren­te de res­tau­ran­te, se le ocu­rrió un día es­car­bar un agu­je­ro y ha­cer una me­sa por­que los pro­pie­ta­rios del ho­tel cum­plían aniver­sa­rio y que­rían ce­le­brar­lo. Al final no se pu­do ha­cer por­que llo­vió, pe­ro él que­dó con la in­quie­tud y lo hi­zo pa­ra ofre­cer ce­nas a nuestros hués­pe­des, pa­ra que vi­vie­ran una ex­pe­rien­cia di­fe­ren­te y co­mie­ran de­li­cio­so en la are­na, al­go que en la ciu­dad no se pue­de ha­cer. La si­lla fue una idea que se nos ocu­rrió en una plá­ti­ca con Ro­ber­to Can­te­ro so­bre que po­día­mos ha­cer de di­fe­ren­te pa­ra que el clien­te tu­vie­ra una bo­ni­ta fo­to de re­cuer­do de Roa­tán, me en­can­tó la idea y la hi­ci­mos reali­dad, pron­to ha­re­mos unas re­pli­cas que co­lo­ca­re­mos en los ae­ro­puer­tos del país. —¿Cuá­les son sus lu­ga­res fa­vo­ri­tos en Roa­tán? —Yo me sien­to jo­ven to­da­vía, aun­que mi es­po­sa me di­ce que no, pe­ro me gus­ta mu­cho pes­car y vi­si­tar la par­te es­te de la is­la en un ho­tel que se llama Pa­ya Bay que tie­ne una pro­pie­dad pre­cio­sa y úni­ca, por­que es una pla­ya so­li­ta­ria. Tam­bién dis­fru­to ir a Frenchy’s 44 y Little French Key unos lu­ga­res pa­ra­di­sía­cos; son ca­yos muy her­mo­sos. Little French Key tie­ne su zoo­ló­gi­co con nue­vas ad­qui­si­cio­nes, co­mo un ja­guar y un ti­gre, así co­mo el ti­gri­llo que na­ció allí en

Ele­na: «De Roa­tán me gus­ta to­do, des­de el es­te al oes­te, pe­ro me en­can­ta mu­cho más el la­do es­te, por­que es un lu­gar que no ha si­do ex­plo­ta­do y aún tie­ne su be­lle­za na­tu­ral. Tam­bién me gus­ta mu­cho el lu­gar don­de yo tra­ba­jo, el puer­to Maho­gany Bay, es­toy enamo­ra­da de ese lu­gar» «Ten­go un tra­ba­jo del que me pue­do des­co­nec­tar que al sa­lir, con­tra­rio a Emi­lio. Al lle­gar a la ca­sa me de­di­co a mis ni­ñas, amo es­tar en mi ca­sa con mis hi­jas, Emi­lio y nuestros pe­rros. Emi­lio es el que co­ci­na y nos atien­de a to­das»

ase­gu­ra Ele­na.

ex­ce­len­tes con­di­cio­nes. Nor­mal­men­te pa­so el 85% de mi tiem­po en West Bay, que es una de las par­tes que más co­noz­co y que creo que es la úni­ca par­te de to­do Roa­tán don­de el agua del mar es una pis­ci­na, por su cla­ri­dad y tran­qui­li­dad. —¿Qué le gus­ta­ría ha­cer por es­te pa­raí­so de is­la? —Uno de los le­ga­dos que quie­ro de­jar es una es­cue­la de aten­ción al clien­te y hos­te­le­ría. Ya es­toy en pla­nes y pla­ti­cas con dos uni­ver­si­da­des y es­ta­mos es­pe­ran­do que pa­se el año elec­to­ral pa­ra mon­tar el pro­yec­to. Es al­go que me mo­ti­va y quie­ro ha­cer por es­te lu­gar, ya que mis dos hi­jas son ca­ra­co­las y es­tán cre­cien­do aquí. —Lo ve­mos muy en­ca­ri­ña­do con es­te lu­gar. ¿Qué re­pre­sen­ta Roa­tán pa­ra us­ted? —Soy un aman­te del océano, me he enamo­ra­do de ver có­mo las de­más per­so­nas ven a Roa­tán cuan­do vie­nen y me en­can­ta po­der aten­der­les. En es­te tiem­po he po­di­do apren­der la cul­tu­ra de la is­la, que es di­fe­ren­te a la del res­to de Hon­du­ras, me en­can­ta co­no­cer su his­to­ria y trans­mi­tir­la. Ade­más, mi es­po­sa y mis hi­jas es­tán acá y eso me

ha­ce sen­tir par­te de su so­cie­dad. —¿Có­mo tra­ba­ja con Ele­na pa­ra el bie­nes­tar de la is­la? —Aho­ra con las dos ni­ñas te­ne­mos una vi­sión di­fe­ren­te de la vi­da y he­mos ad­qui­ri­do un nue­vo un nue­vo com­pro­mi­so con la is­la en el área del me­dioam­bien­te. La gen­te no vie­ne a co­no­cer la his­to­ria del lu­gar, ellos vie­nen a dis­fru­tar la pla­ya, el bu­ceo, etc.; y si no­so­tros no cui­da­mos ni po­ne­mos de nues­tra par­te pa­ra ha­cer con­cien­cia, se crea­rá un im­pac­to muy fuer­te no so­lo a Roa­tán, sino tam­bién a Hon­du­ras. Por eso te­ne­mos pla­nes pa­ra tra­ba­jar de lleno en es­to. —Ele­na, ¡ya son14 años en Roa­tán! —Ini­cial­men­te so­lo ve­nia por tres me­ses a la is­la, pe­ro el pro­yec­to pa­ra el cual me ha­bían con­tra­ta­do de­mo­ró en ini­ciar y me fui que­dan­do por­que ya te­nía amis­ta­des y por­que aquí en­con­tré mi paz. —¿Có­mo es la vi­da en una is­la? —Muy tran­qui­la y eso no quie­re de­cir que no se tra­ba­ja, lo que pa­sa es que el en­torno se pres­ta pa­ra te­ner más paz. No me arre­pien­to de ha­ber­me que­da­do, han si­do 14 años muy ben­de­ci­dos y más cuan­do me pu­de ro­bar a Emi­lio y ha­cer que vi­nie­ra a vi­vir aquí. Lo úni­co que no ter­mi­na de cua­drar en la ecua­ción es que no ten­go a to­da mi fa­mi­lia aquí, ex­tra­ño mu­cho a mis padres. —¿Cuá­les son sus lu­ga­res fa­vo­ri­tos? —De Roa­tán me gus­ta to­do, des­de el es­te al oes­te, pe­ro me en­can­ta mu­cho más el la­do es­te, por­que es un lu­gar que no ha si­do ex­plo­ta­do y aún tie­ne su be­lle­za na­tu­ral. Tam­bién me gus­ta mu­cho el lu­gar don­de yo tra­ba­jo, el puer­to Maho­gany Bay, es­toy enamo­ra­da de ese lu­gar. —¿Cuál es su sue­ño? —Se­guir tra­ba­jan­do en la par­te am­bien­tal, quie­ro po­ner to­do mi es­fuer­zo en eso y pro­te­ger el me­dioam­bien­te en la par­te de los océa­nos. La gen­te no co­no­ce, por fal­ta de edu­ca­ción tal vez, la im­por­tan­cia del co­ral y los man­gla­res, por eso mi in­te­rés es edu­car a la po­bla­ción de la is­la pa­ra que cui­de el eco­sis­te­ma. Quie­ro de­jar co­mo le­ga­do un cambio en el pen­sar de las per­so­nas. —Jun­to a Emi­lio tra­ba­jan por im­pul­sar la is­la, ¿cier­to? —Emi­lio es un gran em­ba­ja­dor de su nom­bre, él tie­ne el ca­nal ha­cer­la más co­no­ci­da y mi tra­ba­jo es más de­trás de cá­ma­ra, por­que me en­fo­co en el as­pec­to am­bien­tal, pe­ro so­mos un gran com­ple­men­to, él ven­de Roa­tán y yo es­toy atrás tra­tan­do de pro­te­ger­lo y man­te­ner­lo vi­vo. —¿Qué re­pre­sen­ta pa­ra us­ted vi­vir en Roa­tán? —Fe­li­ci­dad pa­ra mis hi­jas, paz, se­gu­ri­dad y li­ber­tad. Ver a Arian­ne co­rrer en la are­na y me­ter­se al mar sin miedo, me lle­na de mu­cha fe­li­ci­dad y paz. Quie­ro ver a mis hi­jas cre­cer aquí. —¿ Cual es su rol en la ca­sa? —Gra­cias a Dios ten­go un tra­ba­jo del que me pue­do des­co­nec­tar que al sa­lir, con­tra­rio a Emi­lio. Al lle­gar a la ca­sa me de­di­co a mis ni­ñas, amo es­tar en mi ca­sa con mis hi­jas, Emi­lio y nuestros pe­rros. Emi­lio es el que co­ci­na y nos atien-

Ele­na: «Roa­tán sig­ni­fi­ca fe­li­ci­dad pa­ra mis hi­jas, paz, se­gu­ri­dad y li­ber­tad. Ver a Arian­ne co­rrer en la are­na y me­ter­se al mar sin miedo, me lle­na de mu­cha fe­li­ci­dad y paz. Quie­ro ver a mis hi­jas cre­cer

aquí»

«Uno de los le­ga­dos que quie­ro de­jar es una es­cue­la de aten­ción al clien­te y hos­te­le­ría. Ya es­toy en pla­nes y pla­ti­cas con dos uni­ver­si­da­des y es­ta­mos es­pe­ran­do que pa­se el año elec­to­ral pa­ra mon­tar el pro­yec­to. Es al­go que me mo­ti­va y quie­ro ha­cer por es­te lu­gar, ya que mis dos hi­jas son ca­ra­co­las y es­tán cre­cien­do aquí» nos co­men­ta Emi­lio.

de a to­das. —¿Có­mo es su re­la­ción con sus padres? —Ellos vi­ven en Tegucigalpa, pe­ro ha­bla­mos a dia­rio, pues yo sin mis padres no soy na­da, los ex­tra­ño mu­cho. A mis her­ma­nos y a mí nos han en­se­ña­do el res­pe­to y el tra­ba­jar con rec­ti­tud. Mi pa­pá, que es pe­dia­tra, re­ci­bió a mis dos hi­jas al na­cer, es una co­ne­xión muy gran­de con él. Con mi ma­má pa­sa lo mis­mo, ella es úni­ca y es­pe­cial. Mis ge­nia­les her­ma­nos son mis me­jo­res ami­gos. Agra­dez­co a Dios por mi fa­mi­lia y le doy gra­cias a ella por ha­ber acep­ta­do a Emi­lio co­mo otro hi­jo. —¿Qué pro­yec­tos tie­ne? —Se­guir cre­cien­do pro­fe­sio­nal­men­te en el cui­da­do del eco­sis­te­ma, pe­ro tam­bién, jun­to a Emi­lio, em­pren­der un ne­go­cio. Gra­cias a Dios a los dos nos gus­tan las mis­mas co­sas y nos po­ne­mos de acuer­do muy rá­pi­do.

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