El fru­to irre­sis­ti­ble: la ama­bi­li­dad

Conectate - - FRONT PAGE - Ra­fael Hol­ding Ra­fael Hol­ding es es­cri­tor. Vi­ve en Aus­tra­lia. El fru­to irre­sis­ti­ble: la ama­bi­li­dad es un ex­trac­to del li­bro Los do­nes de Dios, de la co­lec­ción Actívate, en ven­ta en la tien­da vir­tual de Aurora (http://shop.au­ro­ra­pro­duc­tion.com/).

La ama­bi­li­dad es amor en ac­ción, amor tra­du­ci­do a sen­ci­llos ac­tos co­ti­dia­nos. Es con­si­de­ra­ción. Es vi­vir la re­gla de oro, tra­tar a los de­más co­mo quie­res que te tra­ten1. Es ha­cer la vis­ta gor­da an­te las pi­fias y fla­que­zas aje­nas. Es te­ner un co­ra­zón com­pa­si­vo y per­do­nar a los de­más tan­to co­mo nos per­do­na Dios a no­so­tros2.

La ama­bi­li­dad pro­pi­cia bue­na vo­lun­tad. Nues­tras pa­la­bras ama­bles y ges­tos con­si­de­ra­dos les mues­tran a los de­más que nos pa­re­cen im­por­tan­tes su fe­li­ci­dad y bie­nes­tar, y eso los mue­ve a res­pon­der de igual ma­ne­ra. La ama­bi­li­dad es uno de los bie­nes más di­fí­ci­les de re­ga­lar, por­que ca­si siem­pre nos la de­vuel­ven. No cues­ta na­da, pe­ro ¡cuán­tas co­sas se al­can­zan con ella! Una son­ri­sa o una pa­la­bra ama­ble pue­den ser de­ci­si­vas pa­ra quien es­tá pa­san­do por un día di­fí­cil. ¡Un po­co de amor lle­ga muy le­jos!

To­do el mun­do en­tien­de el len­gua­je de la ama­bi­li­dad. Los cris­tia­nos so­mos em­ba­ja­do­res del amor de Dios; la ama­bi­li­dad con que tra­ta­mos a los de­más les ha­ce no­to­rio el amor de Dios y Su in­te­rés por ellos, y con­tri­bu­ye a acer­car­los a Él.

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