Amor en ac­ción

Conectate - - FRONT PAGE - De Je­sús, con cariño

An­te­po­ner las ne­ce­si­da­des aje­nas a las tu­yas te de­ja un agra­da­ble sen­ti­mien­to de ale­gría y sa­tis­fac­ción. Cuan­do tie­nes un ges­to ama­ble con al­guien, no so­lo le ha­ces bien a él, sino tam­bién a ti. La fe­li­ci­dad que ema­na de los ac­tos de bon­dad y cariño no es un pla­cer frí­vo­lo o una sa­tis­fac­ción su­per­fi­cial, sino una sen­sa­ción de rea­li­za­ción mu­cho más pro­fun­da. Obran­do así ha­ces que Mi Es­pí­ri­tu de amor sal­pi­que el mun­do que te ro­dea, la vida de otras per­so­nas y tu pro­pia vida.

Don­de ac­túa el amor, estoy Yo ac­tuan­do. Es na­tu­ral en el ser hu­mano ve­lar pri­me­ro por sus pro­pios in­tere­ses, ser egoís­ta, in­clu­so exi­gen­te, y es­pe­rar a que los de­más lo tra­ten bien an­tes de co­rres­pon­der­les de la mis­ma ma­ne­ra. Yo, en cam­bio, obro con de­sin­te­rés. Pue­de que un ac­to de dul­zu­ra y ge­ne­ro­si­dad ha­cia otra per­so­na re­quie­ra un es­fuer­zo; sin em­bar­go, ca­da vez que lo ha­gas com­pren­de­rás que es la me­jor ma­ne­ra de vi­vir. El se­cre­to es­tá en ad­ver­tir la pre­sen­cia de los de­más, va­lo­rar lo que ha­cen, mi­rar más allá de las apa­rien­cias y tra­tar de des­cu­brir lo que tie­nen den­tro.

Pien­sa en al­gún de­ta­lle que pue­des te­ner con una per­so­na pa­ra ale­grar­le la vida, o pa­ra que dis­fru­te de un día o una se­ma­na más agra­da­ble, re­la­ja­da y di­ver­ti­da, un po­qui­to me­nos es­tre­san­te, me­nos car­go­sa, me­nos ago­ta­do­ra, me­nos li­mi­tan­te. Con ello pon­drás tam­bién una no­ta ale­gre en tu jor­na­da o en tu se­ma­na. Bús­ca­me en los de­más, y que ellos tam­bién me vean a Mí re­fle­ja­do en ti.

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