EL HON­GO ES­CU­RRI­DI­ZO

Conectate - - NEWS - Oli­via Bauer Oli­via Bauer tra­ba­ja con una or­ga­ni­za­ción co­mu­ni­ta­ria sin fi­nes de lu­cro en Ca­na­dá.

Cor­ta­ba ver­du­ras pa­ra la ce­na y dos ve­ces atra­pé un cham­pi­ñón que se sa­lió de la ta­bla de cor­tar an­tes que se ca­ye­ra al pi­so.

Di gra­cias en si­len­cio: «Dios, eres muy bueno con­mi­go».

En otro rincón de mi ca­be­za es­ta­ba pen­san­do en la so­li­ci­tud de arrien­do de un apar­ta­men­to que ha­bía pre­sen­ta­do esa ma­ña­na. «Se­ñor, te rue­go que seas bueno con­mi­go y ha­gas que acep­ten mi so­li­ci­tud ».

Como si Dios a ve­ces no fue­ra bueno.

Re­cor­dé una pre­sen­ta­ción de los News­boys que ha­bía vis­to en un vi­deo de YouTu­be con la can­ción Bles­sed Be Your Na­me ( Te ben­de­ci­ré). Te ben­de­ci­ré en la tie­rra que fér­til es, en lu­ga­res de le­che y miel, te ben­de­ci­ré. Te ben­de­ci­ré cuan­do to­do es de­sola­ción, si cru­zan­do el de­sier­to es­toy, te ben­de­ci­ré.

El Se­ñor es bueno y jus­to, así en las oca­sio­nes fe­li­ces como en los mo­men­tos di­fí­ci­les. Su bon­dad se de­mues­tra en lo que nos en­tre­ga y en lo que nos nie­ga, en lo que per­mi­te y en lo que im­pi­de. Se tra­ta de un con­cep­to muy abar­ca­dor. Si adop­ta­mos esa men­ta­li­dad, inevi­ta­ble­men­te se in­cre­men­tan nues­tro go­zo, fe, paz y gra­ti­tud.

Ten­go la es­pe­ran­za de que si re­fle­xiono so­bre esa ver­dad co­no­ci­da y so­bre el men­sa­je de la can­ción lo­gra­ré que ca­le un po­qui­to más hon­do en mí. Más que una fra­se que me ha­ble de vez en cuan­do a la con­cien­cia o una can­ción que se me pa­se a ve­ces por el pen­sa­mien­to, quie­ro que lle­gue a ser par­te ín­ti­ma de mi ser.

David prac­ti­có ese con­cep­to: «Ben­de­ci­ré al Se­ñor en to­do tiem­po; Su ala­ban­za es­ta­rá de con­ti­nuo en mi bo­ca » 1.

San­tia­go lo en­ten­dió: «To­do lo que es bueno y per­fec­to des­cien­de a no­so­tros de par­te de Dios nues­tro Pa­dre, quien creó to­das las lu­ces de los cie­los. Él nun­ca cam­bia ni va­ría como una som­bra en mo­vi­mien­to» 2. (Dios no es ve­lei­do­so en lo to­can­te a res­pon­der mis ora­cio­nes o ac­tuar en mi fa­vor.)

Job lo in­mor­ta­li­zó pa­ra las fu­tu­ras ge­ne­ra­cio­nes de gen­te de fe: «El Se­ñor me dio lo que te­nía y el Se­ñor me lo ha qui­ta­do. ¡ Ala­ba­do sea el nom­bre del Se­ñor!»

3 Atra­pé el cham­pi­ñón. Es po­si­ble que no con­si­ga el apar­ta­men­to.

De to­dos mo­dos, Dios es bueno.

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