MIS PRO­ME­SAS SI­GUEN VI­GEN­TES

Conectate - - NEWS - De Jesús, con ca­ri­ño

Di­je a Mis dis­cí­pu­los que to­dos los ca­be­llos de su ca­be­za es­ta­ban con­ta­dos, y que ni un so­lo pa­ja­ri­llo cae a tie­rra sin que Mi Pa­dre lo se­pa. Les ex­pli­qué que no te­nían por qué afa­nar­se por sus ne­ce­si­da­des ma­te­ria­les, que si con­fia­ban en Mí y me se­guían, Yo me ase­gu­ra­ría de que es­tas que­da­ran cu­bier­tas.

Pue­de que eso te pa­rez­ca po­co rea­lis­ta en el mun­do me­ta­li­za­do de hoy en día, en el que da la im­pre­sión de que ga­nar di­ne­ro es más im­por­tan­te que nun­ca. Los tiem­pos han cam­bia­do; Mis pro­me­sas no. Si­guen tan vi­gen­tes hoy en día co­mo ha­ce 2.000 años. Si bus­cas pri­me­ra­men­te el reino de Dios y ha­ces lo po­si­ble por obe­de­cer Mi Pa­la­bra, Mi Pa­dre te pro­vee­rá de to­do lo que ne­ce­si­tes1.

Si me amas y pro­cu­ras se­guir el ejem­plo que Yo di de amar a los de­más y ve­lar por ellos, Dios cui­da­rá de ti. Cla­ro que eso no te ga­ran­ti­za que de aquí en ade­lan­te va­yas a go­zar de una vi­da de lu­jos y co­mo­di­da­des. Las épo­cas di­fí­ci­les tam­bién for­man par­te del plan que tie­ne tu Pa­dre ce­les­tial pa­ra for­jar tu ca­rác­ter. Al igual que un pa­dre te­rre­nal no con­ce­de au­to­má­ti­ca­men­te a sus hi­jos to­do lo que le pi­den, Mi Pa­dre no siem­pre te da to­do lo que deseas. Más bien te da lo que ne­ce­si­tas y lo que, a Su jui­cio, es me­jor pa­ra ti, no so­lo pa­ra tu cuer­po, sino más im­por­tan­te aún, pa­ra tu es­pí­ri­tu in­mor­tal.

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