AMOR ES DIOS

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Una se­ma­na di­fí­cil que tu­ve ha­ce po­co ter­mi­nó sien­do una opor­tu­ni­dad de re­fle­xio­nar so­bre el amor de Dios por mí y el mío por Él. Si bien sé que el amor que Dios me pro­fe­sa es om­ni­pre­sen­te e in­mu­ta­ble, a ve­ces me da la im­pre­sión de que mi amor por Él de­pen­de mu­cho de mis cir­cuns­tan­cias y emo­cio­nes. En mi con­di­ción de ser hu­mano, mi amor es mu­cho me­nos fuer­te que el de Dios.

Pa­se lo que pa­se, sea lo que sea que me to­que afron­tar, el amor de Dios por mí se­rá siempre cons­tan­te. No de­pen­de de mis cir­cuns­tan­cias y emo­cio­nes. Él sa­be que a ve­ces no lo amo co­mo se me­re­ce; aun así, con­ti­núa amán­do­me y ve­lan­do por mí. Lo úni­co que pue­de ha­cer que me sien­ta le­jos de Él o me­nos ama­do por Él es lo que yo per­mi­to que me afec­te.

Sé que se tra­ta de un prin­ci­pio es­pi­ri­tual bá­si­co, pe­ro lo ol­vi­do fá­cil­men­te cuan­do pa­so por ma­los mo­men­tos o no me sien­to muy uni­do a Dios. Que Dios me ayu­de a es­tar ple­na­men­te con­ven­ci­do — co­mo el após­tol Pa­blo— de que Je­sús me ama y cui­da­rá de mí pa­se lo que pa­se. No hay na­da más fir­me que Su amor. Toni Valera

2 El fiel amor que Dios les tie­ne a los que lo res­pe­tan es tan in­men­so co­mo el cie­lo so­bre la tie­rra. Sal­mo 103:11 ( PDT )

2 Dios de­mos­tró Su amor en la Cruz. Cuan­do Cris­to col­ga­ba del madero, y se de­san­gró, y mu­rió, Dios le es­ta­ba di­cien­do al mun­do: «Te amo». Billy Graham (n. 1918) 2

Dios te ama co­mo si fue­ras la úni­ca per­so­na del mun­do y ama a to­dos tan­to co­mo a ti. San Agus­tín (354– 430)

2 Aun­que nues­tros sen­ti­mien­tos fluc­túan, el amor de Dios por no­so­tros no. C. S. Le­wis (1898–1963)

2 No hay náu­fra­go per­di­do en lo más hon­do del mar de la iniqui­dad que el pro­fun­do amor de Dios no pue­da al­can­zar y re­di­mir. John Henry Jo­wett (1863–1923)

2 El amor es la fuerza más du­ra­de­ra del mun­do. Esa ener­gía crea­ti­va, tan bien ejem­pli­fi­ca­da en la vi­da de Cris­to, es el ins­tru­men­to más po­ten­te de que dis­po­ne la hu­ma­ni­dad en su bús­que­da de paz y se­gu­ri­dad. Mar­tin Lut­her King Jr. (1929–1968)

Mi amor es pa­cien­te y com­pren­si­vo en un mun­do in­to­le­ran­te; es tierno y gen­til aun cuan­do las per­so­nas se mues­tran in­sen­si­bles o in­di­fe­ren­tes. Mi amor con­sue­la en el do­lor y la so­le­dad. A los que es­tán con­fu­sos, les acla­ra los pen­sa­mien­tos. Ofre­ce re­po­so al can­sa­do, ayu­da al im­po­ten­te y re­no­va­das fuer­zas a quie­nes se sien­ten in­ca­pa­ces de con­ti­nuar. Mi amor in­fun­de paz en tiem­pos tor­men­to­sos.

Mi amor pue­de sa­nar a los que tie­nen la sa­lud que­bran­ta­da y ali­viar sus pe­nas y su­fri­mien­tos. Mi amor di­si­pa la ten­sión, las preo­cu­pa­cio­nes y el es­trés. Mi amor cam­bia el te­mor por fe y valor, y co­mu­ni­ca es­pe­ran­za a quien no le que­da nin­gu­na. Mi amor es luz que ahu­yen­ta las ti­nie­blas. Des­cien­de al más pro­fun­do abis­mo pa­ra sal­var, lle­ga a cual­quier ex­tre­mo pa­ra res­ca­tar. No se de­tie­ne an­te na­da. No hay pro­ble­ma que no pue­da re­me­diar, por in­so­lu­ble que pa­rez­ca.

Mi amor es un ob­se­quio especial que te ha­go. Siempre ha es­ta­do a tu dis­po­si­ción y siempre lo es­ta­rá.

Je­sús, quie­ro co­no­cer­te. Gra­cias por dar la vi­da por mí. Te rue­go que me per­do­nes to­das mis fal­tas. Te abro en es­te mo­men­to la puer­ta de mi co­ra­zón y te pi­do que en­tres en mí. Con­cé­de­me la vi­da eter­na y llé­na­me de amor pa­ra que sea ca­paz de amar co­mo Tú lo ha­ces. Amén.

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