EN POR­TA­DA: Ju­lián Fueyo

So­le­mos ta­ra­rear me­lo­días, sin sa­ber quien las in­ter­pre­ta, las com­po­ne o en quien es­tán ins­pi­ra­das, en es­ta edi­ción co­no­ce­re­mos a fondo a un jo­ven com­po­si­tor y director de or­ques­ta, que con so­lo 21 años ha lo­gra­do cum­plir sus sue­ños en la in­dus­tria musica

Chic Magazine Tamaulipas - - Índice - POR: IVETH GAR­CÍA / FO­TOS: JO­SÉ CHANG / LO­CA­CIÓN: ADUA­NA MA­RÍ­TI­MA

Ac­tual­men­te es­tu­dia Com­po­si­ción Mu­si­cal y Di­rec­ción de Or­ques­ta en el con­ser­va­to­rio Cle­ve­land Ins­ti­tu­te of Mu­sic. Co­mo a los 11 años, tras ha­ber­se enamo­ra­do de la mú­si­ca clá­si­ca y sin te­ner la más mí­ni­ma idea de que exis­tía la mú­si­ca con­tem­po­rá­nea de sa­la de con­cier­to, pen­só: ¿qué pa­só con la gran mú­si­ca es­cri­ta por Mo­zart, Beet­ho­ven y to­dos los gran­des? ¿Por qué ya na­die es­cri­be mú­si­ca así de her­mo­sa? ¿Có­mo es po­si­ble que na­die lo ha­ya pen­sa­do? sin sa­ber que pron­to des­cu­bri­ría ese uni­ver­so mu­si­cal.

¿Có­mo ini­ció tu pa­sión por la mú­si­ca?

Des­de los dos años y me­dio, fui alumno de la maes­tra Ma. Te­re­sa Cor­ti­nas por más de 10 años, quién me trans­mi­tió su amor por la mú­si­ca. Tras in­te­grar­me a la Or­ques­ta de Cá­ma­ra Ma­ría Te­re­sa Cor­ti­nas, co­men­cé a to­mar cla­ses de com­po­si­ción con el maes­tro Ramón Alar­cón, to­mé cla­ses de Tea­tro y pin­tu­ra con Caín Val­dés en Ga­le­ría Pro­ject-Art y con­ti­nué mis es­tu­dios de Vio­lín y Piano, con Ar­tu­ro Es­qui­vel Brandt y Je­sús Gon­zá­lez. Mi abue­lo, Jor­ge, ha si­do tam­bién una gran in­fluen­cia pues me in­tro­du­jo a la apre­cia­ción del ar­te y la mú­si­ca clá­si­ca. Y es­tan­do en In­ter­lo­chen, tu­ve el pri­vi­le­gio de que el Doc­tor Matthew Schlo­mer me in­tro­du­je­ra al ar­te de la di­rec­ción or­ques­tal.

¿Có­mo lle­gas­te has­ta aquí, des­de que les di­jis­te a tus pa­pás que que­rías ser mú­si­co?

Vi­ví di­ver­sas eta­pas en que com­par­tí con mis pa­dres mi de­seo de ser mú­si­co. Des­de que te­nía 9 años les pla­ti­ca­ba mi an­gus­tia por no po­der en­fo­car­me en la mú­si­ca al 100 ya que de­bía cum­plir con otras obli­ga­cio­nes, pen­sa­ron que era al­go pa­sa­je­ro.

A los 12-13 años co­men­zó la se­gun­da eta­pa en la que re­pe­ti­da­men­te ha­bla­ba con ellos so­bre de­di­car­me pro­fe­sio­nal­men­te a la mú­si­ca. Es­cu­ché la fa­mo­sa fra­se de la que nin­gún ar­tis­ta es­tá exen­to: ¿y de qué vas a vivir? Tu­ve va­rias in­ter­ven­cio­nes en las que mis pa­pás y abue­los cues­tio­na­ban, enér­gi­ca­men­te mi in­te­rés por ser mú­si­co así co­mo mi es­ta­bi­li­dad eco­nó­mi­ca en el fu­tu­ro. Re­cuer­do una pre­gun­ta con mu­chí­si­ma cla­ri­dad: ¿Qué quie­res lo­grar con la mú­si­ca, y có­mo lo vas a me­dir? Es­ta es una pre­gun­ta que me si­go ha­cien­do, pe­ro a pe­sar de to­do, el apo­yo de mi fa­mi­lia ha si­do in­con­di­cio­nal.

La ter­ce­ra eta­pa de exal­ta­ción so­bre mi de­seo co­men­zó en el 2013 un año lleno de de­seos y an­he­los pa­ra mu­chos, yo, con so­lo 16 años, que­ría una opor­tu­ni­dad, un ca­mino que me lle­va­ra a la mú­si­ca co­mo pro­fe­sión. Fue en­ton­ces cuan­do mi her­mano ma­yor me acon­se­jó apli­car a In­ter­lo­chen Arts Aca­demy, una pres­ti­gia­da es­cue­la pre­pa­ra­to­ria en Mi­chi­gan, cu­yo ob­je­ti­vo es crear la si­guien­te ge­ne­ra­ción de ar­tis­tas en to­dos los cam­pos. Ar­mé un por­ta­fo­lio de com­po­si­cio­nes, con el cual me acep­ta­ron. Esa be­ca me per­mi­tió es­tu­diar en In­ter­lo­chen Arts Aca­demy en don­de cur­sé los úl­ti­mos dos años de High School. Tras gra­duar­me en In­ter­lo­chen, fui acep­ta­do en CIM, uno de los con­ser­va­to­rios más pres­ti­gia­dos de E.U.A. Eta­pas que he vi­vi­do con mu­cho en­tu­sias­mo. A full.

¿Qué cua­li­dad con­si­de­ras que de­be te­ner un director de or­ques­ta?

Vi­sión e in­te­gri­dad. La mú­si­ca, co­mo cual­quier otro ar­te, es la uni­dad, la in­te­gra­ción de mu­chos ele­men­tos. El director de or­ques­ta de­pen­de de su ca­pa­ci­dad pa­ra in­te­grar los ele­men­tos mu­si­ca­les pues­tos en dispu­ta, los ele­men­tos ar­tís­ti­cos, y los ele­men­tos hu­ma­nos (los mú­si­cos y la au­dien­cia). El sue­ño de to­do director es di­ri­gir una de las me­jo­res or­ques­tas, co­mo son la Fi­lar­mó­ni­ca de Berlín, de Viena, o el Royal Con­cert­ge­bouw, pa­ra mi se­ría di­ri­gir la Cle­ve­land Or­ches­tra.

¿Cuál es su con­se­jo pa­ra los jó­ve­nes que quie­ren in­cur­sio­nar en la mú­si­ca?

¡Ama la mú­si­ca! La hu­mil­dad, la cu­rio­si­dad y la per­se­ve­ran­cia se­rán tu mo­tor. El amor por la mú­si­ca, se­rá tu com­bus­ti­ble. Sin es­te úl­ti­mo ele­men­to, el mo­tor no ope­ra­rá.

¿Cuá­les son las ex­pe­rien­cias que te han mar­ca­do?

¡Uff! Me sien­to muy afor­tu­na­do, pri­vi­le­gia­do de es­tar ba­ta­llan­do pa­ra res­pon­der es­ta pre­gun­ta. Es­co­gien­do una, te cuen­to que Matthew Va­nBe­sien, Exe­cu­ti­ve Director de la New York Phil­har­mo­nic, me in­vi­tó a los ensayos de la NY Phil en el Lin­coln Cen­ter. Co­mo ex alumno de In­ter­lo­chen, Mr. Va­nBe­sien fue a dar una con­fe­ren­cia a IAA y lo co­no­cí du­ran­te el al­muer­zo con alum­nos se­lec­cio­na­dos. Pla­ti­can­do con él so­bre mi in­te­rés en la di­rec­ción de or­ques­ta, él me ofre­ció que cuan­do fue­ra a NYC, me in­vi­ta­ba a los ensayos de la NY Phil. En las se­ma­nas si­guien­tes a nues­tra plá­ti­ca, una obra mía se es­tre­nó en New York City, co­mo ga­na­do­ra del MA­TA Jr. Fes­ti­val, así que fui a Nue­va York y asis­tí a los ensayos de la NY Phil. Du­ran­te ese par de se­ma­nas, el ho­lan­dés Jaap van Zwe­den di­ri­gió la NY Phil y fue ma­ra­vi­llo­so ver­lo en ac­ción en los ensayos, pla­ti­car con él en los re­ce­sos y ver la cul­mi­na­ción del es­fuer­zo en los con­cier­tos. Unos me­ses más tar­de, anun­cia­ron a Jaap van Zwe­den co­mo el pró­xi­mo Mu­sic Director de la New York Phil­har­mo­nic a par­tir del 2018.

¿Cuá­les son tus me­tas y có­mo te vi­sua­li­zas en 30 años?

Quie­ro es­cri­bir la mú­si­ca de una Santa Mi­sa, qui­zás al­gu­na ope­ra, aún lo es­toy pen­san­do. Y me veo sien­do el director ti­tu­lar de una or­ques­ta pro­fe­sio­nal y com­po­nien­do mú­si­ca que se to­que en to­do el mun­do.

“MIS PA­PÁS ME EN­SE­ÑA­RON EL VA­LOR DE LA EDU­CA­CIÓN; EL PO­DER TRANS­FOR­MA­TI­VO DEL CO­NO­CI­MIEN­TO Y LA CU­RIO­SI­DAD”.

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