ES­TU­DIOS DE­MUES­TRAN QUE 97% DE MU­JE­RES ELI­GE EL CUE­LLO CO­MO LA SE­GUN­DA ZO­NA FA­VO­RI­TA PARA RE­CI­BIR BE­SOS, TRAS LA BO­CA.

Cosmopolitan (México) - - AMOR & SEXO -

FRAN­CÉS

Es el tí­pi­co be­so con len­gua, pe­ro tie­ne un tru­co: em­pie­za con mo­vi­mien­tos len­tos, pri­me­ro la pun­ta y con­ti­núa con el res­to a me­di­da que el am­bien­te se va­ya tor­nan­do hot. Jue­ga con la len­gua de tu pa­re­ja, rea­li­za mo­vi­mien­tos cir­cu­la­res y cam­bia el rit­mo y la intensidad para au­men­tar la ten­sión se­xual.

SU­PE­RIOR

Si eres de las que muer­den el la­bio su­pe­rior de su chi­co y él ha­ce lo mis­mo con tu in­fe­rior, estás prac­ti­can­do un be­so an­ces­tral que ya se en­cuen­tra es­cri­to en el

Ka­ma­su­tra ha­ce po­co más de mil años. Sin em­bar­go, ojo: es re­co­men­da­ble para mo­men­tos su­per­can­den­tes y siem­pre y cuan­do se con­tro­le la fuer­za. ¡Así que, a mor­der se ha di­cho!

DI­REC­TO

Se­gu­ro que si te de­ci­mos ‘pi­qui­to’ sa­bes de lo que es­ta­mos ha­blan­do. Lo ideal es dar­lo con los la­bios re­la­ja­dos (na­da de apre­tar­los). Si bus­cas que la ten­sión se in­cre­men­te pue­des co­men­zar a pa­sar tu len­gua por la bo­ca de tu chi­co co­mo si fue­ra un he­la­do (no te emo­cio­nes co­mo si en ver­dad lo fue­ra).

MA­RI­PO­SA

¿Quién di­jo que só­lo se pue­den dar be­sos con la bo­ca? La ba­se de és­te con­sis­te en imi­tar el cos­qui­lleo que pro­du­ci­rían las alas de este in­sec­to en la piel. Acer­ca tus pestañas al pó­mu­lo, el cue­llo u otra par­te del cuerpo de tu pa­re­ja y abre y cie­rra los ojos va­rias ve­ces. Un gran co­mien­zo, sin du­da.

PALPITANTE

Se­gu­ro que hay mu­chos mo­men­tos en los que deseas mos­trar­le que tu co­ra­zón es­tá re­ple­to de amor por él, pe­ro no ne­ce­sa­ria­men­te quie­res te­ner se­xo. Para es­tos ins­tan­tes, re­co­rre sus la­bios y las co­mi­su­ras de su bo­ca con mi­les de “muacks”. Se de­rre­ti­rá por ti.

PA­LI­ZA

No te asus­tes, que no le tie­nes que pe­gar a na­die. Sim­ple­men­te se tra­ta de suc­cio­nar sus la­bios e in­tro­du­cir­los en tu bo­ca, mien­tras le das pal­ma­di­tas en el tra­se­ro. Si quie­res ir un po­co más allá, pue­des aca­ri­ciar­le los ge­ni­ta­les por en­ci­ma del pan­ta­lón. ¿Te atre­ves?

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