Enamórate del ejer­ci­cio

Con es­tos con­se­jos po­drás cam­biar tu es­ti­lo de vi­da si los apli­cas

Domingo 360 - - Fitness -

To­das te­ne­mos ese ami­go (o ami­ga) que, a pe­sar de sus agen­das ocu­pa­das y tra­ba­jos es­tre­san­tes, NUN­CA se pier­den un día en el gim­na­sio. No pue­den de­jar de ha­blar del ma­ra­tón al que se van a ins­cri­bir, los ki­ló­me­tros que co­rren al día o lo bien que la han pa­sa­do en sus cla­ses de pi­la­tes. Y cla­ro, so­na­rán al­go ob­se­si­vos, pe­ro va­ya que su amor por el ejer­ci­cio es en­vi­dia­ble.

En es­te mo­men­to, ve y pon tu alar­ma tem­prano pa­ra ha­cer ejer­ci­cio. Si pue­des, des­car­ga una app que te ga­ran­ti­ce des­pe­rar­te y no po­ner el bo­tón de snoo­ze ca­da 5 mi­nu­tos. Los be­ne­fi­cios de ha­cer ejer­ci­cio en las ma­ña­nas son mu­chos, pe­ro na­da te ha­rá más fe­liz que ter­mi­nar tu ru­ti­na tem­prano y dis­fru­tar de lo que gus­tes el res­to del día.

Exis­te una leyenda ur­ba­na que di­ce que to­ma 21 días pa­ra acos­tum­brar­se a al­go y crear un há­bi­to, pe­ro no hay prác­ti­ca­men­te na­da que so­por­te es­ta idea. Por su par­te, los pro­fe­sio­na­les re­co­mien­dan que se ne­ce­si­tan 6 se­ma­nas mí­ni­mo pa­ra no­tar un gus­to pa­ra el ejer­ci­cio. Es­to su­ce­de por­que es a par­tir de un mes y me­dio que se no­tan cam­bios fí­si­cos en el cuer­po.

Así que has in­ten­ta­do spin­ning y lo odias­te y el Cros­sfit te de­jó ado­lo­ri­da to­da la semana. Pe­ro no te des­ani­mes, no todos los ejer­ci­cios son pa­ra ti, si fue­ra tan fá­cil en­con­trar al in­di­ca­do, no es­ta­ría­mos en un país de gor­dos y se­den­ta­rios. La cla­ve es­tá en se­guir in­ten­ta­do y no per­der las es­pe­ran­zas en nin­gún mo­men­to.

Ha­cer ejer­ci­cio es más di­ver­ti­do con una ami­ga. Así no só­lo te sen­ti­rás obli­ga­da a ha­cer­lo todos los días (por la cul­pa), sino que en­tre us­te­des po­drán apo­yar­se y echar­se po­rras pa­ra lle­gar a su co­me­ti­do.

Pien­sa en cuán­do, dón­de y có­mo te con­vie­ne tu ru­ti­na de ejer­ci­cio. Si es­tá le­jos, ob­via­men­te te da­rá mu­cha flo­je­ra. Si cho­ca con tus ho­ra­rios, ni ha­blar. Pla­nea bien pa­ra que tu ru­ti­na se vuel­va al­go con­ve­nien­te y no al­go que arrui­ne tus pla­nes.

Si le in­vier­tes a tu ru­ti­na de ejer­ci­cio, te sen­ti­rás cul­pa­ble de no lle­var­la a ca­bo. Sa­be­mos que es­ta es un ar­ma de do­ble fi­lo, pe­ro va­le la pe­na arries­gar la in­ver­sión por al­go que só­lo ter­mi­na­rá be­ne­fi­cián­do­te.

En­gá­ña­te an­ti­ci­pan­do tu ru­ti­na de ejer­ci­cio. Pue­de ser con una nue­va lis­ta de re­pro­duc­ción o mien­tras ves uno de tus se­ries fa­vo­ri­tas. Lo im­por­tan­te es que an­ti­ci­pes esos mo­men­tos pa­ra po­der dis­fru­tar­los más.

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