DE CATARRITO A PUL­MO­NÍA

El Economista (México) - Estrategias - - EDITORIAL -

La lec­ción que vi­vie­ron los mer­ca­dos en el 2008 no de­be ol­vi­dar­se; nin­gún ex­per­to an­ti­ci­pó lo que se­ría una de las re­ce­sio­nes más pro­fun­das de la his­to­ria, la mag­ni­tud de sus efec­tos con­tra­jo la eco­no­mía a ni­vel mun­dial y la re­cu­pe­ra­ción en tér­mi­nos de nú­me­ros ha si­do len­ta.

Si bien el ori­gen de la Gran Re­ce­sión se le atri­bu­ye a la quie­bra de Leh­man Brot­hers, se de­be en­fa­ti­zar que la raíz es­tu­vo en el ex­ce­so de gas­to y en­deu­da­mien­to por par­te de los es­ta­dou­ni­den­ses, es­ti­mu­la­do por ba­jas ta­sas de in­te­rés. Mu­chas per­so­nas ad­qui­rie­ron pro­pie­da­des por en­ci­ma de su ca­pa­ci­dad de pa­go.

Con lo que res­pec­ta a Mé­xi­co, gra­cias a la glo­ba­li­za­ción, el fa­mo­so catarrito (des­de el pun­to de vis­ta del en­ton­ces ti­tu­lar de la Se­cre­ta­ría de Ha­cien­da y Cré­di­to Pú­bli­co, Agus­tín Cars­tens) ter­mi­nó en una cruel pul­mo­nía, don­de la eco­no­mía na­cio­nal se con­tra­jo en 6.1% du­ran­te el 2009.

Las se­ña­les de aler­ta que hoy nos mues­tran los mer­ca­dos pre­vén una si­tua­ción com­pli­ca­da pa­ra el si­guien­te año; si bien una cri­sis eco­nó­mi­ca no se pue­de pre­de­cir, sí se pue­de apren­der del pa­sa­do y co­rre­gir pa­ra lle­var un me­jor rum­bo a la eco­no­mía con me­jo­res de­ci­sio­nes.

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