Los mer­ca­dos y la pri­me­ra lla­ma­da

Exis­te la du­da de si lle­gó el mo­men­to de una co­rrec­ción en los ín­di­ces bur­sá­ti­les es­ta­dou­ni­den­ses

El Economista (México) - - Portada - En­ri­que Cam­pos

El miér­co­les que el lla­ma­do ín­di­ce del mie­do se dis­pa­ra­ba ca­si 30% y que los mer­ca­dos bur­sá­ti­les se des­plo­ma­ban co­mo fi­chas de do­mi­nó, al­gu­nos con ba­jas de más de 4%, la pre­gun­ta era si es­tá­ba­mos en la an­te­sa­la de un cam­bio de ci­clo en la eco­no­mía es­ta­dou­ni­den­se.

Y si bien una go­lon­dri­na de una ba­ja co­mo la de es­ta se­ma­na no ha­ce un ve­rano re­ce­si­vo, sí ha­bría la du­da de si lle­gó el mo­men­to de una co­rrec­ción en los ín­di­ces bur­sá­ti­les es­ta­dou­ni­den­ses que han es­ta­do de fies­ta du­ran­te mu­cho tiem­po.

To­do pa­re­ce que­dar en una pri­me­ra lla­ma­da, en una aler­ta an­te el cú­mu­lo de ca­la­mi­da­des que sí pue­den aca­bar por com­pro­me­ter la sa­lud de la eco­no­mía de Es­ta­dos Uni­dos y del mun­do.

Lo más one­ro­so pa­ra el fu­tu­ro eco­nó­mi­co de Es­ta­dos Uni­dos es el cas­ti­go au­to­in­frin­gi­do de la gue­rra co­mer­cial con Chi­na. La in­cer­ti­dum­bre de co­no­cer has­ta dón­de pue­de es­ca­lar es­te con­flic­to a la par de las pre­sio­nes in­fla­cio­na­rias y el me­nor cre­ci­mien­to de­ri­va­do de los aran­ce­les im­pues­tos ha­ce te­mer a los mer­ca­dos que es­tán so­bre­es­ti­man­do la so­li­dez es­ta­dou­ni­den­se.

Evi­den­te­men­te que la co­rrec­ción en las ex­pec­ta­ti­vas de cre­ci­mien­to del Pro­duc­to In­terno Bru­to de Es­ta­dos Uni­dos que re­cién dio a co­no­cer el Fon­do Mo­ne­ta­rio In­ter­na­cio­nal no es más que una con­se­cuen­cia de esos te­mo­res.

Des­de Europa tam­bién se ad­vier­ten ame­na­zas fi­nan­cie­ras im­por­tan­tes. El po­pu­lis­mo es­tá de mo­da y em­pie­za a de­jar es­tra­gos pre­su­pues­ta­les. Ita­lia es el ca­so más no­to­rio por lo obs­ceno de los pre­su­pues­tos plan­tea­dos por el nue­vo go­bierno.

Pe­ro los so­cia­lis­tas de Es­pa­ña, que lle­ga­ron al po­der con ar­gu­cias le­ga­loi­des, han pre­sen­ta­do un pa­que­te pre­su­pues­tal que an­ti­ci­pa la re­edi­ción de una cri­sis fis­cal en ese país y en no mu­cho tiem­po.

Hay que su­mar los al­tos precios del pe­tró­leo, que in­flu­yen en el con­su­mo de com­bus­ti­bles y por lo tan­to en la in­fla­ción. Y los ni­ve­les de pleno em­pleo se tras­pa­san a las pre­sio­nes sa­la­ria­les que tam­bién re­per­cu­ten en los precios.

Hay que se­guir tam­bién el po­si­ble plei­to en­tre Do­nald Trump y su pro­pio banco cen­tral. De­sa­cre­di­tar las de­ci­sio­nes de po­lí­ti­ca mo­ne­ta­ria de la Re­ser­va Fe­de­ral co­rre en con­tra de sus pro­pios in­tere­ses, pe­ro hay que ver quién se lo ex­pli­ca.

Lo bueno es que ayer lle­gó un bal­de de agua fría pa­ra tran­qui­li­zar al­gu­nos de los te­mo­res del mer­ca­do. Una in­fla­ción al con­su­mi­dor por de­ba­jo de lo que es­pe­ra­ba el mer­ca­do y un po­co de hie­lo en el mer­ca­do la­bo­ral, con el au­men­to en las so­li­ci­tu­des de des­em­pleo, le dan mar­gen pa­ra que los mer­ca­dos co­rri­jan.

Ha­brá al­gu­nos mer­ca­dos que sí de­be­rán ini­ciar pro­ce­sos de co­rrec­ción y lo ha­rán. Hay otros don­de­se tie­ne que mo­de­rar la eu­fo­ria y qui­zá es­pe­rar a que los re­sul­ta­dos eco­nó­mi­cos ava­len los ni­ve­les al­can­za­dos en el pre­cio del as ac­cio­nes. Pe­ro por aho­ra no hay na­da que ten­ga que ver con un cam­bio de ci­clo. Es­to, pa­ra bue­na suer­te del mun­do en­te­ro.

Pe­ro nun­ca hay que per­der de vis­ta dón­de es­ta­mos pa­ra­dos. Los te­rri­to­rios en los que Do­nald Trump es ca­paz de des­com­po­ner los equi­li­brios mun­dia­les con un tuit de­ben ser pi­sa­dos con mu­cho cui­da­do.

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