Do­nald Trump, un año del ‘Ame­ri­ca first’

En el pri­mer aniver­sa­rio de su vic­to­ria elec­to­ral, su pro­gra­ma po­lí­ti­co se des­in­fla y cre­ce la di­vi­sión

El Mundo - - PORTADA - P. PAR­DO

A una ho­ra y me­dia de Was­hing­ton, es­tá Fredericksburg. Vi­vien­das uni­fa­mi­lia­res en los bos­ques, jun­to a car­te­les que in­for­man de to­das las ba­ta­llas de la Gue­rra de Se­ce­sión de Es­ta­dos Uni­dos. És­ta –que en EEUU se lla­ma la Gue­rra Ci­vil – es la pri­me­ra gue­rra to­tal de la His­to­ria. Eso di­cen los es­ta­dou­ni­den­ses. Un país so­lo tie­ne vo­ca­ción de po­ten­cia cuan­do pue­de pre­su­mir de que sus gue­rras son más gran­des y ma­tan más.

En Fredericksburg hay una pe­que­ña pie­dra con una pla­ca que fue ins­ta­la­da en 1984, y que di­ce: «Prin­ci­pal lu­gar de subas­tas de es­cla­vos y pro­pie­da­des de Fredericksburg en los días pre­vios a la Gue­rra Ci­vil». A 10 mi­nu­tos es­tá el Ce­men­te­rio de los Sol­da­dos de la Con­fe­de­ra­ción en el que ya­cen «3.553 hom­bres» que tra­ta­ron que sus es­ta­dos se se­pa­ra­ran de EEUU. Por­que la Gue­rra de Se­ce­sión de EEUU es la úni­ca de la His­to­ria que se pro­du­jo pa­ra man­te­ner la es­cla­vi­tud.

Los mo­nu­men­tos de Fredericksburg lle­van años en la ca­lle. Has­ta aho­ra. Es­tas con­me­mo­ra­cio­nes de la es­cla­vi­tud se han con­ver­ti­do en el eje de las elec­cio­nes que ce­le­bra el estado ma­ña­na y en las que va a ele­gir, en­tre otros car­gos, el de go­ber­na­dor y en la me­jor re­pre­sen­ta­ción de có­mo es­tá EEUU un año des­pués de la vic­to­ria elec­to­ral de Do­nald Trump.

Las de Vir­gi­nia son unas elec­cio­nes que re­su­men la si­tua­ción po­lí­ti­ca de EEUU mu­cho me­jor que cual­quier do­cu­men­to o aná­li­sis de­mos­có­pi­co. Cuan­do el jue­ves con­ce­dió una en­tre­vis­ta a es­te pe­rió­di­co, el es­cri­tor in­dio-bri­tá­ni­co-es­ta­dou­ni­den­se Salman Rushdie di­jo que «Es­ta­dos Uni­dos es un país muy ro­to». Lo es, en­tre otras co­sas, por­que la úni­ca for­ma de ga­nar unas elec­cio­nes es frag­men­tan­do a los vo­tan­tes.

Pa­ra ver có­mo de ro­to es­tá EEUU, hay que pres­tar aten­ción a tres nom­bres en las elec­cio­nes de Vir­gi­nia: Terry McAu­lif­fe, Ed Gi­llep­sie, Ken Cuc­ci­ne­lli, y Ralph Nort­ham.

Terry McAu­lif­fe es el go­ber­na­dor sa­lien­te. Un hom­bre de Clin­ton al 100%. Un hom­bre de cen­tro, pa­ra el que las dos co­sas más im­por­tan­tes son el po­der y la leal­tad a Bill Clin­ton. Y un arro­gan­te. En to­da la con­tro­ver­sia de los mo­nu­men­tos con­fe­de­ra­dos que li­te­ral­men­te al­fom­bran Vir­gi­nia, McAu­lif­fe ha di­cho una co­sa y la con­tra­ria. En ju­nio de 2015, des­pués de que un ra­cis­ta blan­co ase­si­na­ra a nue­ve pa­rro­quia­nos ne­gros en el ve­cino estado de Ca­ro­li­na del Sur di­jo: «De­jad las es­ta­tuas y esas co­sas en paz». El 27 de agos­to pa­sa­do, des­pués de que una per­so­na

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