3,5 mi­llo­nes de lec­to­res del ‘Ti­mes’

El Mundo - - OPINIÓN - POR VI­CEN­TE LOZANO

LA EM­PRE­SA edi­to­rial de ‘The New York Ti­mes’ aca­ba de ha­cer pú­bli­cos los re­sul­ta­dos fi­nan­cie­ros del ter­cer tri­mes­tre del año. Han si­do me­jor de lo es­pe­ra­do, pe­ro al mar­gen de la evo­lu­ción eco­nó­mi­ca, los ana­lis­tas han re­fle­ja­do en sus co­men­ta­rios que se em­pie­za a vis­lum­brar la sen­sa­ción de que lo peor ha pa­sa­do ya para el ‘Ti­mes’. La ci­fra que ha aca­pa­ra­do los ti­tu­la­res es que el dia­rio es­tá a pun­to de al­can­zar los 2,5 mi­llo­nes de sus­crip­to­res di­gi­ta­les (2,1 mi­llo­nes de la edi­ción ‘online’, unos 300.000 de la web de cru­ci­gra­mas y 30.000 de la exi­to­sa pá­gi­na de co­ci­na que con­vir­tió de pa­go ha­ce unos me­ses). Uni­dos al mi­llón de lec­to­res que que­dan de la edi­ción im­pre­sa, ‘The New York Ti­mes’ ha vuel­to a con­se­guir que el 60% de sus in­gre­sos to­ta­les pro­ce­dan de los lec­to­res. Co­mo siem­pre fue en la pren­sa tra­di­cio­nal.

Es­te cier­to op­ti­mis­mo que se res­pi­ra ya en par­te de la pren­sa de EEUU vie­ne de la mano del fa­mo­so pa­go por los con­te­ni­dos. Y es muy bueno que es­ta ex­plo­sión de la vuel­ta de los lec­to­res a pa­gar por la in­for­ma­ción –en su ver­sio­nes im­pre­sa o di­gi­tal– ha­ya ve­ni­do co­mo reac­ción a los in­ten­tos de ma­ni­pu­la­ción de la opi­nión pública de los úl­ti­mos años, sea a tra­vés de las re­des so­cia­les, de las ‘fa­ke news’ o con los dis­cur­sos de la pos­ver­dad. Hay quien di­ce que Trump ha he­cho más por los ‘le­gacy me­dia’ en es­te año que los más repu­tados gu­rús en los úl­ti­mos lus­tros: el ‘Ti­mes’ ca­si ha du­pli­ca­do sus sus­crip­cio­nes di­gi­ta­les con el ac­tual pre­si­den­te de EEUU. En otras pa­la­bras, los lec­to­res han bus­ca­do la seguridad de la in­for­ma­ción con­tras­ta­da y crí­ti­ca con el po­der por la que siem­pre se han dis­tin­gui­do es­tos me­dios. Y lo bueno es que la han en­con­tra­do.

Es ab­sur­da cual­quier com­pa­ra­ción con el ‘New York Ti­mes’, pe­ro la ‘Da­ma gris’ deja cla­ro que la úni­ca for­ma de sa­lir ade­lan­te es con­se­guir in­gre­sos de los lec­to­res/usua­rios y ello pa­sa por plan­tear­se en se­rio el co­bro por los con­te­ni­dos y, an­tes, ofre­cer con­te­ni­dos dig­nos de ser co­bra­dos. No ha­ce fal­ta ser el New York Ti­mes; ya hay ex­pe­rien­cias en mu­chos paí­ses que lo ates­ti­guan.

La pren­sa es­cri­ta siem­pre ha vi­vi­do de los lec­to­res y de la pu­bli­ci­dad. Pues la pren­sa es­cri­ta en in­ter­net tie­ne que apren­der a vi­vir tam­bién de los lec­to­res y de la pu­bli­ci­dad, aun­que unos lle­guen por otros ca­na­les y la otra sea dis­tin­ta a la an­te­rior. Mi­llo­nes de usua­rios úni­cos no sir­ven de ca­si na­da si, de ellos, unos mi­les no em­pie­zan a pa­gar. El desafío es dar­les ra­zo­nes para que lo ha­gan. @vi­cen­te­lo­zano

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