«No en­tien­do la do­ble mo­ral de los atle­tas in­de­pen­den­tis­tas»

Ha­blar con ella jus­to an­tes de una com­pe­ti­ción era di­fí­cil. En ple­na con­cen­tra­ción, su ale­gría in­na­ta se con­ver­tía en se­rie­dad y sal­ta­ba las pre­gun­tas co­mo lis­to­nes a dos me­tros. Ha­bía que lla­mar­la días an­tes. Aho­ra, ya relajada, en­tre pro­yec­tos y dis­frut

El Mundo - - DEPORTES - JA­VIER SÁN­CHEZ

Ruth Bei­tia (San­tan­der, 1979) sue­na tan ale­gre co­mo siem­pre. Cal­za otras za­pa­ti­llas: ayer eran de cla­vos y hoy lle­van ca­las. La exi­gen­cia es dis­tin­ta: «Ya no com­pi­to más, só­lo me de­di­co a dis­fru­tar». Pe­ro man­tie­ne el mis­mo jú­bi­lo. Se­ma­nas des­pués de re­ti­rar­se del atletismo, se ha en­tre­ga­do a un de­por­te has­ta aho­ra prohi­bi­do para ella: el ciclismo. «Mi no­vio me re­ga­ló una moun­tain bi­ke y me en­can­ta. No pa­ro. No ha­bía mon­ta­do des­de ha­ce mu­chí­si­mos años por­que el pe­da­leo no es bueno para la mus­cu­la­tu­ra del sal­to», co­men­ta a EL MUN­DO la aún vi­gen­te cam­peo­na olím­pi­ca de al­tu­ra cen­tra­da ya en su nue­va vi­da: re­ci­be ho­me­na­jes (co­mo el jue­ves en el mi­tin de Madrid), am­bi­cio­na en la po­lí­ti­ca, es­tu­dia pri­me­ro de Psi­co­lo­gía y, so­bre to­do, prue­ba de­por­tes, mu­chos de­por­tes. Ade­más del «apa­sio­nan­te» ciclismo, en po­cos días ha prac­ti­ca­do el pa­ti­na­je, el pádel, el al­pi­nis­mo, el padd­le surf… y has­ta la ca­rre­ra a pie «de aque­lla ma­ne­ra». Es­te do­min­go com­ple­tó los cin­co ki­ló­me­tros de la II Ca­rre­ra Go Fit de Va­lleher­mo­so, pe­ro ya ade­lan­ta que el run­ning no es lo su­yo.

Pre­gun­ta.– ¿La me­jor atleta es­pa­ño­la de siem­pre no quie­re co­rrer?

Res­pues­ta.– Es que co­rrer es muy, muy di­fe­ren­te a sal­tar. Mi en­tre­na­mien­to para la al­tu­ra era ex­plo­si­vo, anae­ró­bi­co, y aho­ra in­ten­to sa­lir a tro­tar, pe­ro no con­tro­lo la res­pi­ra­ción, me aho­go. He des­cu­bier­to que se me da bien la bi­ci­cle­ta, el pa­ti­na­je siem­pre me gus­tó, pe­ro co­rrer, na­da, na­da.

P.– ¿Tan­to de­por­te es una es­pe­cie de te­ra­pia pos­tre­ti­ra­da?

R.– Pue­de ser, pe­ro no creo. Só­lo bus­co co­sas nuevas fue­ra de la pis­ta. Aun­que ya me he es­ca­pa­do va­rias ve­ces a ver los en­tre­na­mien­tos de Ra­món [To­rral­bo, su téc­ni­co de siem­pre], a ha­blar con el gru­po y, la ver­dad, no pa­ro de en­viar­les men­sa­jes de What­sapp. No lo di­go con tris­te­za, eh, en es­ta tran­si­ción soy muy fe­liz. El lu­to ya lo pa­sé la tem­po­ra­da pa­sa­da, an­tes de la re­ti­ra­da, con los me­ses de do­lo­res. Cuan­do las mo­les­tias pa­sa­ban de ar­ti­cu­la­ción a ar­ti­cu­la­ción, cuan­do no sa­bían de dón­de ve­nían, cuan­do no po­día en­tre­nar, ya era cons­cien­te que el sue­ño se aca­ba­ba. Aque­llo sí fue com­pli­ca­do. P.– ¿Ya no hay do­lo­res?

R.– Los hay, sí. Me des­pier­to ca­da día do­lo­ri­da, me due­le mu­cho el cuer­po. Pe­ro los mé­di­cos des­car­ta­ron que fue­ra una ar­tri­tis reuma­toi­de, una en­fer­me­dad crónica, y me tran­qui­li­za­ron. Lle­vé mi cuer­po al lí­mi­te y aho­ra pa­go la fac­tu­ra. Se­gu­ro que po­co a po­co voy a me­jor.

P.– En su an­te­rior re­ti­ra­da, des­pués de los Jue­gos de Lon­dres 2012, su en­tre­na­dor le en­ga­ñó para que vol­vie­ra in­vi­tán­do­le a dar cla­ses a unas jó­ve­nes sal­ta­do­ras. Si pa­san esos do­lo­res y si­gue acu­dien­do a ver los en­tre­na­mien­tos…

R.– No, no, im­po­si­ble. Mi ca­rre­ra ya aca­bó y Ra­món lo sa­be per­fec­ta­men­te. Fue­ron 27 años muy fe­li­ces, pe­ro ya ter­mi­na­ron.

P.– Y, ade­más de prac­ti­car de­por­tes...¿Aho­ra qué?

R.– ¡Aho­ra mu­chas co­sas! Aho­ra es­toy es­tu­dian­do pri­me­ro de Psi­co­lo­gía en la Uni­ver­si­dad Ca­tó­li­ca de Mur­cia (UCAM) y creo que mi fu­tu­ro pue­de ir por ahí. Ya soy li­cen­cia­da en Fi­sio­te­ra­pia, pe­ro des­pués de tan­tos años me he que­da­do atrás, no sé por dón­de va aho­ra la pro­fe­sión. Me mo­ti­va más la psi­co­lo­gía de­por­ti­va, me en­can­ta. Ade­más si­go muy de­di­ca­da a mi car­go [es dipu­tada del Par­ti­do Po­pu­lar en el Par­la­men­to de Can­ta­bria] y es­pe­ro que así sea mu­cho tiem­po.

P.– ¿Da­rá el sal­to a Madrid, sea al Con­gre­so o al Se­na­do?

R.– Es una po­si­bi­li­dad, no la des­car­to para na­da, pe­ro no de­pen­de de mí. Si mi par­ti­do qui­sie­ra y lue­go los es­pa­ño­les me es­co­gen… La po­lí­ti­ca me apa­sio­na por­que sien­to que apor­to, que ayu­do, que se es­cu­chan mis ideas. Nun­ca me he sen­ti­do co­mo un nom­bre co­no­ci­do en una lis­ta. Y sea en Can­ta­bria o sea en Madrid tra­ba­ja­ré para que con­ti­núe sien­do así.

P.– Es­tas se­ma­nas no se pue­de en­tre­vis­tar a un de­por­tis­ta sin pre­gun­tar­le por Ca­ta­lu­ña…

R.– Para mí, Ra­joy lo ha he­cho muy bien. Qui­zá más len­to de lo que al­gu­na gen­te que­ría, pe­ro ha sa­li­do muy bien. El otro día [el do­min­go 29 de oc­tu­bre] es­tu­ve en Barcelona, en la ma­ni­fes­ta­ción, y pu­de ha­blar con mu­chí­si­mos ca­ta­la­nes que se sien­ten es­pa­ño­les. Es tris­te que ha­ya­mos te­ni­do que lle­gar a es­ta si­tua­ción, pe­ro aho­ra han re­cu­pe­ra­do su voz. En las pró­xi­mas elec­cio­nes se ve­rá.

P.– Cuan­do era ca­pi­ta­na de la se­lec­ción es­pa­ño­la tu­vo que ser di­plo­má­ti­ca con al­gún atleta que se de­cla­ró in­de­pen­den­tis­ta.

R.– La ver­dad es que nun­ca en­ten­dí esa do­ble mo­ral de los in­de­pen­den­tis­tas que com­pi­ten con Es­pa­ña. Yo no ves­ti­ría la ca­mi­se­ta de un país que no sien­to co­mo mío. Por eso a los atle­tas in­de­pen­den­tis­tas que co­no­cí siem­pre les di­je que el pro­ble­ma era su­yo. Cuan­do ga­nan, lo ha­cen por y para Es­pa­ña. Allá ellos.

P.– Guarda sus me­da­llas en el Mu­seo del De­por­te de San­tan­der. ¿Ya ha ido a ver­las?

R.– Sí, cla­ro. Fue un gus­ta­zo po­der ce­der­las y el día de la rue­da de pren­sa de re­ti­ra­da, ver­las to­das jun­tas… ¡uf! Fue cho­can­te. Me que­dé ma­ra­vi­lla­da. Es fá­cil de­cir que la pri­me­ra que bus­co es el oro de los Jue­gos de Río, pe­ro to­das, to­das, me traen re­cuer­dos. He vi­vi­do un sue­ño, he te­ni­do esa suer­te, ese in­men­so pri­vi­le­gio y só­lo pue­do es­tar agra­de­ci­da a la vi­da por ello.

P.– ¿Que­dó al­go pen­dien­te? R.– Si de­jo vo­lar la ima­gi­na­ción, sin du­da: ser cam­peo­na del mun­do, sal­tar más, sal­tar has­ta 2050... Pe­ro el sal­to ha si­do exa­ge­ra­da­men­te ge­ne­ro­so con­mi­go. He com­pe­ti­do con tres ge­ne­ra­cio­nes de sal­ta­do­ras, he he­cho mu­chí­si­mas amis­ta­des, he subido a po­dios, me he re­ti­ra­do a los 38 años, he apren­di­do mu­chos va­lo­res… si si­go no pa­ro. En fin, el sal­to me ha he­cho quien soy, ¿Qué más pue­do pe­dir?

DA­VID S. BUS­TA­MAN­TE

La ex atleta Ruth Bei­tia po­sa para EL MUN­DO en San­tan­der, ayer.

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