«El se­xo no es ma­chis­ta ni fe­mi­nis­ta»

El Mundo - - DEPORTES -

Pre­gun­ta.– ¿Có­mo lle­va la fa­ma?

Res­pues­ta.– Ca­da vez que sal­go, to­dos los días, me pa­ran va­rias ve­ces. No me in­co­mo­da. Es un po­co ra­ro, a ve­ces, so­bre to­do cuan­do es fue­ra de Es­pa­ña.

P.– ¿Le cues­ta a la gen­te re­co­no­cer que le co­no­ce?

R.– So­bre to­do a las chi­cas. Los chi­cos en­se­gui­da di­cen: «Eres el pu­to amo» y co­sas así. Pe­ro, por ejem­plo, si es­toy de fies­ta en Ciu­dad Real veo que lo co­men­tan en­tre va­rias y qui­zá se acer­ca una, pe­ro siem­pre tí­mi­da­men­te.

P.– En sus es­ce­nas sue­le ser do­mi­na­do por mu­je­res fuer­tes, po­de­ro­sas y ma­yo­res que us­ted. ¿Es en­ton­ces porno fe­mi­nis­ta?

R.– Igual sí. Pe­ro yo creo que el se­xo no es ma­chis­ta ni fe­mi­nis­ta, es se­xo y ya es­tá. Que al chi­co y la chi­ca le gus­te y dis­fru­te. Lue­go es ver­dad que hay hard­co­re, más agre­si­vo sin lle­gar a ser agre­si­vo.

P.– ¿Qué cui­da­dos re­quie­re su he­rra­mien­ta de tra­ba­jo?

R.– De­pi­la­ción, hi­gie­ne y, cuan­do he te­ni­do de­ma­sia­das es­ce­nas de se­gui­do, al­go de cre­ma cuan­do me do­lía un po­qui­llo.

P.– ¿La tie­ne ase­gu­ra­da?

R.– Kei­ran Lee la tie­ne por un mi­llón de dó­la­res. Pe­ro yo no la ten­go ase­gu­ra­da. P.– ¿Hay pol­vos que enamo­ran?

R.– Hay ac­to­res que han tra­ba­ja­do jun­tos, se han enamo­ra­do y se han he­cho pa­re­ja. Pe­ro a mí no me ha pa­sa­do, in­ten­to que una es­ce­na sal­ga bien, pe­ro sin más sen­ti­mien­tos.

P.– ¿Dios ve porno?

R.– Lo veía cuan­do era más jo­ven [ri­sas] P.– ¿Y se­rá fan de Jor­di ENP? R.– Sí, qui­zá [más ri­sas]. P.– ¿Pe­ca us­ted? R.– No creo. Só­lo ha­go lo que la gen­te ha­ce en su ca­sa, pe­ro de­lan­te de una cá­ma­ra.

P.– ¿Se pue­de so­bre­vi­vir en el porno sien­do bue­na per­so­na? R.– Es un mun­do muy pe­que­ño y, al fi­nal, es me­jor por­tar­se bien. Por­que to­dos so­mos com­pa­ñe­ros, nos cru­za­mos cons­tan­te­men­te y tar­de o tem­prano voy a ro­dar con la ma­yo­ría. Que ha­ya, so­bre to­do, buen ro­llo. Es­tar con una ac­triz con la que me lle­vo mal se­ría una pu­tada. P.– ¿Se po­dría de­cir que es una familia? R.– Bueno, tan­to co­mo eso… P.– Sí que es­tán de mo­da las es­ce­nas con step­moms y step-sisters. R.– Al fi­nal, el porno es fan­ta­sía. Lo de las ma­dras­tras y las pro­fe­so­ras es por­que la gen­te quie­re ver lo que no tie­ne en su vida real. Qui­zá si tie­nes 15 años y tu ma­dras­tra es­tá bue­na, pues pue­de ser tu fan­ta­sía.

P.– ¿Por qué ne­ga­mos lo que desea­mos?

R.– Es la so­cie­dad. En Es­pa­ña es­tá más ce­rra­da a los te­mas del se­xo. Fue­ra son más abier­tos, no se me­ten tan­to en tu vida y, si ha­ces al­go, les da igual. Aquí es­ta­mos to­da­vía con cri­ti­car lo que ha­ce el otro, los co­ti­lleos… P.– ¿A quién in­vi­ta­ría a una or­gía? R.– Uh, pues ni idea. ¿A quién in­vi­ta­rías tú?

P.– A Ju­lio Igle­sias.

R.– Pues qui­zá no te de­ja nin­gu­na P.– ¿Le gus­ta­ría dar el sal­to a la po­lí­ti­ca?

R.– ¿Fun­dar un par­ti­do? En plan: Jo­de­mos.

P.– Nos iría me­jor.

R.– A ver, me in­tere­sa la po­lí­ti­ca. Pe­ro siem­pre des­de fue­ra, no jo­das.

P.– ¿Cuán­do se dio cuen­ta de que su atri­bu­to era ex­tra­or­di­na­rio?

R.– En reali­dad, creía que era nor­mal. Y lo si­go pen­san­do.

AN­TO­NIO HE­RE­DIA

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