ASUN­TOS IN­TER­NOS Mi­la­gro en la Gran Re­co­gi­da

El Mundo - - OPINIÓN - LU­CÍA MÉN­DEZ

AL­GU­NOS días, ex­pur­gan­do en­tre las Ma­na­das, las bu­rra­das de las re­des, las cons­pi­ra­cio­nes ru­sas, el 155, los tuits de Ru­fián y las ocu­rren­cias de Puig­de­mont nos to­pa­mos de re­pen­te con un tro­zo de reali­dad vi­si­ble, in­ten­so y con­tun­den­te. Da­tos tes­ta­ru­dos, ci­fras em­pe­ci­na­das y es­ta­dís­ti­cas re­cal­ci­tran­tes que em­pa­ñan el re­la­to ofi­cial de la re­cu­pe­ra­ción. Los in­for­mes de la UE y la OCDE alertan so­bre el au­men­to de la de­sigual­dad, la pre­ca­rie­dad y el em­po­bre­ci­mien­to en Es­pa­ña.

Son in­for­mes que nos pa­san por de­lan­te de los ojos y de la con­cien­cia co­mo si tal co­sa. El úl­ti­mo par­te eu­ro­peo so­bre la de­sigual­dad nos ha si­tua­do en «si­tua­ción crí­ti­ca», por de­ba­jo de la me­dia y ba­jan­do. A vis­ta de pá­ja­ro, la «si­tua­ción crí­ti­ca» no se apre­cia en los me­dios de co­mu­ni­ca­ción. Al mar­gen del lu­nar ca­ta­lán, la re­cu­pe­ra­ción eco­nó­mi­ca va co­mo un tiro. Pe­ro si al­guien quie­re ver en di­rec­to a la «si­tua­ción crí­ti­ca» pue­de ha­cer­lo es­te fin de se­ma­na. Es­ta­rá es­pe­rán­do­le en el su­per­mer­ca­do. Allí, al la­do de las ca­jas re­gis­tra­do­ras, en­con­tra­rá gran­des con­te­ne­do­res. De car­tón si es un sú­per ba­ra­to de ba­rrio. De plás­ti­co fuer­te si es un sú­per de al­ta ga­ma.

La «si­tua­ción crí­ti­ca» de la de­sigual­dad em­pie­za en los pues­tos de la pes­ca­de­ría don­de se api­ñan to­do ti­po de ma­ris­cos bien ilu­mi­na­dos, en las es­tan­te­rías lle­nas de ex­qui­si­te­ces, y aca­ba en los con­te­ne­do­res re­bo­san­tes de car­to­nes de le­che, bo­te­llas de acei­te, azú­car, pas­tas y con­ser­vas pa­ra los en­fer­mos de pre­ca­rie­dad.

Ha lle­ga­do la Gran Re­co­gi­da de Ali­men­tos 2017, una tra­di­ción que se ce­le­bra –des­de ha­ce cin­co años– en­tre el de­li­rio con­su­mis­ta del black fri­day y el atra­cón de com­pras de la Na­vi­dad. La «si­tua­ción crí­ti­ca» se ex­po­ne anual­men­te a la luz al mis­mo tiem­po que los tu­rro­nes, el ca­va y los ma­za­pa­nes. Por eso des­lum­bra las con­cien­cias y aflo­ja las tar­je­tas.

La Gran Re­co­gi­da de­man­da ali­men­tos no pe­re­ce­de­ros con los que dar de co­mer al año a un mi­llón y me­dio de es­pa­ño­les que ca­re­cen de re­cur­sos pa­ra ali­men­tar a sus fa­mi­lias. La res­pues­ta de la so­cie­dad es­pa­ño­la ha si­do ex­tra­or­di­na­ria. En 2016, se re­cau­da­ron 22 mi­llo­nes de ki­los de co­mi­da. Es­te año, los ban­cos de ali­men­tos as­pi­ran a re­co­ger aún más. Las ne­ce­si­da­des son tes­ta­ru­das y no ri­man con los in­for­mes ofi­cia­les so­bre la for­ta­le­za del PIB.

Aun­que es­te año, la «si­tua­ción crí­ti­ca» se ha apa­re­ci­do in­clu­so en La Mon­cloa. El Con­se­jo de Mi­nis­tros des­ti­nó 2,8 mi­llo­nes de eu­ros a los ban­cos de re­par­to de ali­men­tos pa­ra ayu­dar a los más des­fa­vo­re­ci­das. Es el mi­la­gro de la Gran Re­co­gi­da 2017.

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