«La ob­se­sión con mo­lar ma­ta a la iz­quier­da»

El Mundo - - DEPORTES -

Pre­gun­ta.– Tan­to lío con los lí­mi­tes del hu­mor y el gran fe­nó­meno de la co­me­dia es un pro­gra­ma que los pi­so­tea to­dos y se emi­te en la ra­dio más oí­da de Es­pa­ña. ¿Có­mo se ex­pli­ca?

Res­pues­ta.– Es­ta­mos un po­co so­bre­va­lo­ra­dos por­que, en es­tos tiem­pos don­de to­dos se la co­gen con pa­pel de fu­mar, ha­ce­mos ese hu­mor en la SER. Ese cho­que in­flu­ye en el éxi­to. Si fué­ra­mos you­tu­bers no ha­ría­mos te­ni­do tan­ta trans­cen­den­cia, pe­ro es que es­ta­mos en el sis­te­ma ha­cien­do un hu­mor an­ti­sis­te­ma. P.– ¿Echa mu­cho el freno de mano an­tes de de­cir un chis­te por mie­do a ofen­der?

R.– Me muer­do la len­gua 15 ve­ces por pro­gra­ma. No me freno se­gún el te­ma, sino cuan­do veo que me es­toy ce­ban­do con la víc­ti­ma.

P.– ¿Po­ne más lí­mi­tes al hu­mor la iz­quier­da que la de­re­cha?

R.– Sí, sí, sí. Los po­ne. No quie­ro pa­re­cer Javier Ma­rías, pe­ro no se pue­de es­tar co­mo los nue­vos cu­ras y mon­jas mi­dien­do los lar­gos de las fal­das. Eso es cen­su­ra. Po­si­ti­va, si quie­res, pe­ro cen­su­ra. Y eso es un pro­ble­ma.

P.– Us­ted, que es de iz­quier­das, es muy crí­ti­co con lo que ha de­no­mi­na­do la iz­quier­da cu­qui. R.– A Po­de­mos y a la iz­quier­da les ha­ce fal­ta mu­cha au­to­crí­ti­ca sin­ce­ra. No au­to­crí­ti­ca de ser guay en las re­des. Ha ga­na­do Ma­la­sa­ña y ha per­di­do Ca­ra­ban­chel. Al­go fa­lla. Le ma­ta la ob­se­sión con mo­lar. Si se vo­ta­se en Twit­ter ga­na­ría el Pac­ma, pe­ro en la vi­da real tie­nes que con­ven­cer a esa gen­te tan de postureo de que sea igual en la ur­na. Y ahí es más jo­di­do. P.– «El na­cio­na­lis­mo es un pi­jo de­lan­te de una ban­de­ra di­cien­do cho­rra­das». Esta de­fi­ni­ción su­ya no le gus­tó a Ga­briel Ru­fián...

R.– No [ri­sas]. El es­per­pen­to ha si­do una es­pa­ño­la­da cu­tre. Yo te­nía es­pe­ran­za en que, al fi­nal, co­mo los ar­gu­men­tos del na­cio­na­lis­mo son tan dé­bi­les y se des­mon­tan fá­cil, al­gún in­de­pe di­je­ra la ver­dad: «Nos que­re­mos ir por­que so­mos me­jo­res». Esa es su ra­zón fi­nal.

P.– La Ca­ta­lu­ña in­de­pen­den­tis­ta ha cri­ti­ca­do la fal­ta de apo­yo de la iz­quier­da es­pa­ño­la. R.– Cuan­do es­tás 20 años ha­cien­do el ni­ño pi­jo cla­sis­ta con los chis­te­ci­tos del PER y de Ex­tre­ma­du­ra, entiende que sim­pa­ti­ce más con la gen­te de Ba­da­joz que tie­ne que pa­sar seis ho­ras en un tren para lle­gar a Ma­drid mien­tras tú es­tás cor­tan­do el AVE. Para cor­tar el AVE, hay que te­ner­lo. El na­cio­na­lis­mo sa­ca lo peor de mí y sé que me van a lla­mar fa­cha, por­que han te­ni­do los co­jo­nes de lla­mar fa­cha a Se­rrat. Son ra­cis­tas, y yo con el ra­cis­mo y con el se­ño­ri­to de Los santos inocen­tes no pue­do.

P.– Vol­va­mos al hu­mor, ¿no fal­tan có­mi­cas? R.– La re­vo­lu­ción pen­dien­te de la co­me­dia es que de­je de ser un club de tíos. Y no en plan voy a po­ner una chi­ca a pre­sen­tar El club de la co­me­dia. Ne­ce­si­ta­mos 20 o 30 có­mi­cas en pri­me­ra lí­nea que nos es­cu­pan a la ca­ra.

P.– ¿Por qué hay tan po­cas?

R.– Por­que vi­vi­mos en un mun­do ma­chis­ta don­de aún hay quién mi­ra mal a una mujer ha­cien­do chis­tes de se­xo.

P.– Us­ted es de la ge­ne­ra­ción que cre­ció con Chi­qui­to de la Cal­za­da, ¿era fan?

R.– Al prin­ci­pio le des­pre­cia­ba por­que le gus­ta­ba a to­do el mun­do y yo que­ría ser guay. Los que me mo­la­ban eran Fae­mino y Can­sa­do. Des­pués te das cuen­ta de lo im­bé­cil que eras

P.– De nue­vo la ob­se­sión con mo­lar. R.– Nos es­tá pa­san­do con La vi­da mo­der­na. La gen­te que nos es­cu­cha­ba al prin­ci­pio ya es­tá en plan «se han ven­di­do, mo­la­ban más an­tes». Pe­ro aho­ra nos oye más gen­te y ya no te sien­tes es­pe­cial. La es­cla­vi­tud de mo­lar an­tes era en la ado­les­cen­cia y aho­ra pue­de du­rar has­ta los 75. He­mos pro­lon­ga­do el ro­llo de los po­pu­la­res del ins­ti­tu­to has­ta ex­tre­mos in­sos­pe­cha­dos. Nos la han me­ti­do con lo de mo­lar.

AN­TO­NIO HE­RE­DIA

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