Ca­ce­ría de bru­jas

El Norte - - Opinión - UNES­CO Y EU

Pri­me­ro es el mie­do, lue­go vie­ne la so­li­da­ri­dad, des­pués em­pie­zan las ca­ce­rías de bru­jas y al fi­nal lle­gan los olí­ti­cos a sa­car pro­ve­cho.

Ha­ce unas se­ma­nas, des­pués de los si­sos, ofre­cía es­ta re­fle­xión y, tris­te­men­te, pre­dic­ción se va cum­plien­do. El mie­do ar­có los sa­cu­di­mien­tos de tie­rra. La so­lia­ri­dad vino des­pués y se ma­ni­fes­tó en las ea­das de bri­ga­dis­tas y en apor­ta­cio­nes onó­mi­cas de de­ce­nas de mi­les de to­dos s ni­ve­les so­cia­les. Hoy ya ha co­men­za­do ca­ce­ría de bru­jas y una de las víc­ti­mas es óni­ca Gar­cía Vi­lle­gas, due­ña del Co­le­gio nri­que Réb­sa­men de Tlal­pan.

La pri­me­ra acu­sa­ción no fue contra ella, no contra el Ar­zo­bis­po Norberto Ri­ve­ra quien se atri­bu­yó la pro­pie­dad de la esue­la. La in­for­ma­ción re­sul­tó fal­sa, pe­ro se epa­ra­ba ya la ca­ce­ría de bru­jas.

Las ar­mas se en­fi­la­ron a los po­lí­ti­cos. ue­ron acu­sa­dos fun­cio­na­rios de la de­le­gaón Tlal­pan, del Go­bierno de la Ciu­dad de éxi­co y de la SEP. ¿Có­mo era po­si­ble que nguno se ha­ya da­do cuen­ta de que el in- mue­ble po­día ve­nir­se aba­jo en un te­rre­mo­to?

Las acu­sa­cio­nes fue­ron in­flui­das por con­si­de­ra­cio­nes po­lí­ti­cas. La je­fa de­le­ga­cio­nal de Tlal­pan, Clau­dia Shein­baum, no só­lo es miem­bro de Mo­re­na, sino la pre­sun­ta can­di­da­ta pa­ra la Je­fa­tu­ra de Go­bierno de la Ciu­dad de Mé­xi­co.

Sus pre­de­ce­so­res en la de­le­ga­ción y los ac­tua­les fun­cio­na­rios de la Ciu­dad de Mé­xi­co son pe­rre­dis­tas. Los de la SEP son del PRI. Es muy fá­cil in­ven­tar vi­lla­nos de otros par­ti­dos.

Los ata­ques más du­ros se han re­ser­va­do, sin em­bar­go, pa­ra Mónica Gar­cía Vi­lle­gas, di­rec­to­ra y due­ña del co­le­gio.

Se le acu­só de no in­tere­sar­se por los ni­ños, sino só­lo por el ne­go­cio; de ha­ber­se cons­trui­do un apar­ta­men­to de lu­jo en­ci­ma de la es­cue­la, vio­lan­do los có­di­gos de cons­truc­ción, con pi­sos de mármol y ja­cuz­zi; de no ha­ber­se pre­sen­ta­do a los ci­ta­to­rios de la Pro­cu­ra­du­ría; de ha­ber en­tra­do al edi­fi­cio pa­ra sa­car co­sas per­so­na­les sin preo­cu­par­se por los ni­ños.

Era una vi­lla­na per­fec­ta que de in­me­dia­to fue ob­je­to de es­car­nio en los me­dios y en re­des so­cia­les.

Ayer en­tre­vis­té en Ra­dio Red a Ja­vier Coe­llo Tre­jo, su abo­ga­do. Me di­jo que la di­rec­to­ra no se ha ne­ga­do a com­pa­re­cer an­te la PGJ, sino que no ha si­do no­ti­fi­ca- da; que no se ha fu­ga­do; y que cuen­ta con los per­mi­sos de cons­truc­ción de la es­cue­la, que in­clu­yen el apar­ta­men­to, cu­yos pi­sos no eran de mármol.

Ex­pli­có que los per­mi­sos son de 1983 y cum­plían con las re­glas de cons­truc­ción vi­gen­tes. La edi­fi­ca­ción re­sis­tió sin pro­ble­mas los sis­mos de 1985. Coe­llo, un abo­ga­do fa­mo­so y ca­ro, me di­jo que to­mó la de­fen­sa por­que Mónica fue maes­tra de uno de sus hi­jos y siem­pre le ha te­ni­do res­pe­to.

Una lla­ma­da del pú­bli­co, de un hom­bre lla­ma­do En­ri­que Llo­vet, apun­tó: “Soy pa­pá de un alumno del Co­le­gio En­ri­que Réb­sa­men des­de ha­ce ocho años. La di­rec­to­ra es res­pon­sa­ble, edu­ca­da, ho­nes­ta. Hay un pe­que­ño gru­po de pa­pás que pi­den be­cas pa­ra sus hi­jos de por vi­da, pe­ro que no les pa­só na­da. La di­rec­to­ra siem­pre nos apo­yó. En la mi­sa de los ni­ños que fa­lle­cie­ron ella lle­va­ba co­lla­rín y la ca­ra hin­cha­da, ya que se le vino par­te de la es­cue­la en­ci­ma. El mármol que en­con­tra­ron era la cu­bier­ta de un mue­ble, no del pi­so de su de­par­ta­men­to. Las maes­tras Ge­ma y Miss Clau­dia (de­jó hi­ji­ta de 3 años) fa­lle­cie­ron con sus alum­nos”.

Su­pon­go que po­co im­por­ta pre­sen­tar el otro la­do de la mo­ne­da. Una vez que en­tre­vis­té al abo­ga­do em­pe­za­ron a lle­gar lla­ma­das re­fi­rién­do­se a la maes­tra co­mo una ase­si­na sin de­re­cho a una de­fen­sa. En la ca­ce­ría de bru­jas, la di­rec­to­ra ya ha si­do juz­ga­da y en­con­tra­da cul­pa­ble.

Es­ta­dos Uni­dos ha de­ci­di­do de­jar la UNES­CO. Si bien no ha pa­ga­do sus cuo­tas en los úl­ti­mos años, se le co­bra el 22 por cien­to del pre­su­pues­to de la or­ga­ni­za­ción, con de­re­cho a un so­lo vo­to de en­tre 195 miem­bros.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Mexico

© PressReader. All rights reserved.