PON­GO UN VA­SO Y UNA FLOR...

El Sol de Bajío - - Circulos - De “Hos­pi­tal de ve­te­ra­nos” 2006

Pon­go un va­so y una flor en la me­si­ta ates­ta­da jun­to a su ca­ma, pe­ro él no los mira.

En reali­dad lo ha­go pa­ra mí.

La vi­da to­da­vía de­be ser pa­ra mí, el vien­to que in­sis­te en abrir la ven­ta­na aún pue­de de­jar un poe­ma en la es­cu­di­lla. La cruel­dad de ha­ber arran­ca­do la flor a su ma­dre plan­ta, pa­ra mi egoís­mo ver­la mo­rir en un es­ce­na­rio sór­di­does un an­zue­lo lim­pio (ca­re­ce de ren­cor.)

Del otro la­do, la bol­sa de san­gre lan­za des­te­llos azules, mal co­pia­dos, de mi flor. Pa­ra avi­sar­me que ella es la vi­da por aho­ra: una pa­cien­cia de co­lor azul.

(La llu­via que veo caer so­bre los tu­bos de oxí­geno en el pa­tio, tam­bién es pa­ra mí.)

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