Ca­lla y es­cu­cha

Don Pe­dro es un je­fe de fa­mi­lia de 42 años, na­ció en la Ciu­dad de Mé­xi­co pe­ro sus pa­dres lo tra­je­ron a Tam­pi­co cuan­do ape­nas ter­mi­nó la pri­ma­ria.

El Sol de Tampico - - Altamira -

Su pa­pá se vino a tra­ba­jar en una com­pa­ñía de man­te­ni­mien­to a la in­dus­tria y se acli­ma­tó muy bien en Tam­pi­co, por lo que de­ci­dió traer­se a su pe­que­ño nú­cleo fa­mi­liar, su es­po­sa y sus dos hi­jos: Pe­dro y An­to­nia.

Pe­dro fue ins­cri­to de in­me­dia­to a la se­cun­da­ria y re­pro­bó el pri­mer año, el se­gun­do y el ter­ce­ro los pa­só nor­mal­men­te aun­que con ba­jo pro­me­dio.

Con una his­to­ria de 17 años Pe­dro qui­so tra­ba­jar, no es­cu­chó ni a su ma­dre ni a su pa­dre de que con­ti­nua­ra es­tu­dian­do en un CBTIS. De­sa­for­tu­na­da­men­te en las po­cas opor­tu­ni­da­des que hay pa­ra tra­ba­jar a esa edad , no hu­bo una pa­ra Pe­dro, se pa­só un año sin tra­ba­jo, sin es­tu­dio, co­la­bo­ran­do con su ma­má y ju­gan­do el fut­bol. Al si­guien­te ci­clo es­co­lar ini­cio en un CBTIS y ter­mi­nó sus seis se­mes­tres con su cer­ti­fi­ca­do de téc­ni­co en elec­tri­ci­dad.

Des­pués de to­car va­rias puer­tas se le abrió una en un ta­ller y co­men­zó su tra­yec­to­ria la­bo­ral. Pa­ra­le­la­men­te, se ini­ció en el con­su­mo del al­cohol, co­mo en la ma­yo­ría de las de­pen­den­cias que ad­quie­re el ser hu­mano en su vi­da, em­pe­zó po­co a po­co. Pri­me­ro, por que­dar bien con sus com­pa­ñe­ros de tra­ba­jo, pa­ra ser acep­ta­do en el gru­po. Des­pués, aún sin los com­pa­ñe­ros, sen­tía la ne­ce­si­dad de be­ber.

A los dos años de tra­ba­jar en el ta­ller eléc­tri­co, Pe­dro fue des­pe­di­do por acu­mu­lar cua­tro fal­tas en una so­la se­ma­na, su al­coho­lis­mo lo ha­bía do­mi­na­do. Pen­só en ca­sar­se, una ma­yor res­pon­sa­bi­li­dad le obli­ga­ría de­jar el al­cohol, su no­via, hi­ja del due­ño del ta­ller don­de ha­bía la­bo­ra­do. Acep­tó ca­sar­se y for­ma­ron una nue­va fa­mi­lia, sos­te­ni­da ini­cial­men­te por la es­po­sa, que era la se­cre­ta­ria del ta­ller de su pa­dre.

Co­mo un nue­vo miem­bro de la fa­mi­lia del due­ño del ta­ller, Pe­dro re­gre­só a tra­ba­jar y per­ma­ne­ció so­brio dos años, pa­sa­dos és­tos vol­vió al con­su­mo del al­cohol, pe­ro aho­ra con ma­yor in­ten­si­dad. Se ol­vi­dó del tra­ba­jo y a su ho­gar lo con­vir­tió en un cam­po de dis­cu­sio­nes, de lá­gri­mas y de frus­tra­cio­nes. El fan­tas­ma del di­vor­cio em­pe­zó a ron­dar al ma­tri­mo­nio.

El sue­gro in­ter­vino com­pren­si­va­men­te, “tie­nes que bus­car ayu­da”, le di­jo, “Tú es­tas en­fer­mo y tie­nes que aten­der­te ade­cua­da­men­te por ti, por mi hi­ja y por mi nieto. Hoy te voy a lle­var a una reunión de al­cohó­li­cos anó­ni­mos, vas a asis­tir al gru­po dos me­ses y si des­pués de 60 reunio­nes de­ci­des re­ti­rar­te lo ha­ces y tú sa­brás que ha­ces con tu vi­da”.

Pe­dro asis­tió. Le im­pac­tó ser re­ci­bi­do ama­ble­men­te por hom­bres y mu­je­res que es­ta­ban tra­ba­jan­do ar­dua­men­te por per­ma­ne­cer so­brios. Le di­je­ron que era to­tal­men­te li­bre de per­ma­ne­cer en la agru­pa­ción y que esa pri­me­ra reunión se la de­di­ca­ban a él y le ob­se­quia­ron un so­no­ro aplau­so de bien­ve­ni­da, “Aquí vas apren­der a vi­vir útil y fe­liz­men­te, por su­pues­to a de­jar de be­ber al­cohol por el res­to de tu vi­da. Sién­ta­te, ca­lla y es­cu­cha. No deseches lo que no co­no­ces”.

Pe­dro sigue en Al­cohó­li­cos Anó­ni­mos y en su men­te vi­bra aún la fra­se que ha cam­bia­do su vi­da. Ca­lla y es­cu­cha. En­tien­de con ab­so­lu­ta cla­ri­dad que el si­len­cio es el re­qui­si­to pa­ra sa­ber es­cu­char y que es­cu­char es el mo­tor pa­ra la ac­ción y que la ac­ción es la esen­cia de nues­tra vi­da. Es­cu­char te per­mi­te en­ten­der y com­pren­der al otro; ese otro es tu es­po­sa, tu hi­jo, tu sue­gro, tu com­pa­ñe­ro de tra­ba­jo, Etc. Al com­pren­der al otro lo res­pe­tas, lo to­le­ras tal co­mo es y has­ta lo amas. Pe­dro ha cam­bia­do po­si­ti­va­men­te su es­ti­lo de vi­da y sigue en la ru­ta de su desa­rro­llo per­so­nal.

Si co­no­ces a un al­cohó­li­co ayú­da­lo, mar­ca el 2125634 2166058 ,8334741489 ahí te di­rán có­mo.

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