LIM­PIE­ZA DE HUE­SOS TRA­DI­CIÓN ME­XI­CA­NA

DE­CE­NAS DE FA­MI­LIAS ACU­DEN RES­PE­TUO­SAS A LOS CE­MEN­TE­RIOS PA­RA CUM­PLIR CA­DA AÑO CON EL RI­TUAL DE LIM­PIE­ZA DE HUE­SOS.

H para Hombres - - PORTADA - POR OR­LAN­DO JI­MÉ­NEZ RUIZFOTOS ED­WARD CHAN UC, MA­RIA­NA HAYMAN Y CAR­MEN ALLAN-PETALE. AGRA­DE­CI­MIEN­TO A FA­BIO TÉ­LLEZ.

La ce­le­bra­ción del Día de Muer­tos es una de las cos­tum­bres más co­no­ci­das de Mé­xi­co a ni­vel in­ter­na­cio­nal, la cual es una ma­ni­fes­ta­ción del mes­ti­za­je que ha sub­sis­ti­do a tra­vés del tiem­po.

La “Lim­pie­za de hue­sos” (o Ha­nal Pi­xal) es una tra­di­ción anual ma­ya que de­mues­tra amor a la vi­da, a la tie­rra y a la muer­te co­mo par­te del ci­clo de la exis­ten­cia. Dos se­ma­nas an­tes del Día de Muer­tos los ha­bi­tan­tes de Po­much co­mien­zan con un ri­tual que tie­ne lu­gar en el ce­men­te­rio: la lim­pie­za de hue­sos y osa­rios o Ha­nal Pi­xal. Son jor­na­das en que, pe­se a lo ma­ca­bro que pa­rez­ca, las fa­mi­lias acu­den afec­tuo­sa y ale­gre­men­te pa­ra lim­piar y arre­glar las osa­men­tas de sus muer­tos, pa­ra can­tar­les y char­lar con ellos.

Ha­nal Pi­xal es la ex­pre­sión del Día de Muer­tos en Po­much, Mu­ni­ci­pio de He­cel­cha­kán, a 40 mi­nu­tos de la ciu­dad de Cam­pe­che en Yu­ca­tán. ASÍ INI­CIA EL TÉTRICO RI­TUAL Pa­ra que una per­so­na des­pués de fa­lle­ci­da sea ex­hu­ma­da y pues­ta en una ca­ja se de­ben es­pe­rar al­re­de­dor de tres años.

Es­te re­que­ri­mien­to res­pon­de a que el cuer­po, trans­cu­rri­do ese tiem­po, ya se ha des­com­pues­to com­ple­ta­men­te y que­dan úni­ca­men­te los hue­sos. Sus fa­mi­lia­res de­ben te­ner la ro­pa, ca­sa y ni­chos lim­pios pa­ra que los muer­tos so­lo ven­gan a co­mer en su día, por­que si no, di­cen, es­tos se mo­les­tan.

PRO­CE­SO DE LIM­PIE­ZA DE HUE­SOS

1. Los res­tos óseos son re­ti­ra­dos de sus ca­jas y co­lo­ca­dos so­bre un pa­ño que lle­va bor­da­do el nom­bre el di­fun­to. 2. Pri­me­ro se lim­pian los hue­sos más gran­des y se co­lo­can lue­go en la ca­ja. 3. Se si­gue con los hue­sos de las pies has­ta ter­mi­nar con el crá­neo que so­bre­sa­le de la ca­ja (di­cen que se co­lo­ca así pa­ra que los muer­tos vi­gi­len el mun­do o a sus fa­mi­lia­res). Al arre­glar las osa­men­tas les can­tan y char­lan.

PI­BI­PO­LLO: UNA DE­LI­CIA

Es­te pla­ti­llo es una mez­cla en­tre pan de horno re­lleno de po­llo y cer­do, y un gran ta­mal de maíz fo­rra­do con ho­jas de plá­tano. Pre­fe­ren­te­men­te se pre­pa­ra en un horno de ho­yo en la tie­rra al es­ti­lo de la bar­ba­coa tra­di­cio­nal.

La fies­ta re­pre­sen­ta dos días de ale­gría en los que los miem­bros de las fa­mi­lias, vi­vos y muer­tos, se reúnen pa­ra con­vi­vir.

Dos se­ma­nas an­tes de la tem­po­ra­da de muer­tos (31 de oc­tu­bre, 1 y 2 de no­viem­bre) co­mien­za el ri­tual, cuan­do los fa­mi­lia­res acu­den al ce­men­te­rio pa­ra lim­piar y pin­tar tum­bas y osa­rios. El 31 de oc­tu­bre es día de los chi­cos (Me­jen pi­xano’ob) y 1 de no­viem­bre es día de los gran­des (No­joch pi­xano’ob).

los hue­sos se lim­pian cui­da­do­sa­men­te.

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