Ubica los ni­ve­les de un buen fa­je

H para Hombres - - LAS SEXPERTAS -

Es im­por­tan­te de­ter­mi­nar los gra­dos de in­ten­si­dad del to­ca­mien­to:

1 To­ma­dos de la mano y por la ca­lle, de pron­to una ban­ca en el par­que y ahí se da el acer­ca­mien­to don­de los be­sos tier­nos y dis­cre­tos son el chis­pa­zo ini­cial. Tu bra­zo ro­dea sus hom­bros y sus de­dos en tu ros­tro. Inocen­cia pu­ra.

2 En es­ta eta­pa, ya en­con­tra­ron un rin­cón más os­cu­ri­to y tú la has pues­to con­tra el mu­ro pa­ra be­sar­la más allá de sus la­bios, a la vez que ella es­car­cea tu es­pal­da y te ofre­ce su cue­llo y un po­co más aba­jo. Los bo­to­nes de su blu­sa, es­tor­ban.

3 Ha si­do tan­to el ca­chon­deo, que desean un re­vol­cón de ver­dad. Así que, en un lu­gar me­nos ex­pues­to —co­mo la par­te tra­se­ra de tu au­to o en la os­cu­ri­dad de un par­que— se dan vue­lo en el fa­je cós­mi­co.

Los to­ca­mien­tos son de­ba­jo de las pren­das y sus ex­tre­mi­da­des cho­can y se re­frie­gan en­tre sí; qui­sie­ran más ma­nos y bo­cas pa­ra abar­car lo que las li­mi­ta­das cir­cuns­tan­cias de­jan dis­po­ni­ble en sus cuer­pos con zo­nas li­bres de tex­ti­les y el de­seo es tan in­ten­so que has­ta due­le… Pe­ro, lás­ti­ma: no lle­ga­rán a más por­que es­tán a la vis­ta de to­dos o, si son dis­traí­dos, no car­ga­ron con el con­dón.

Pe­ro si po­nes en prác­ti­ca el pet­ting a con­cien­cia, pue­de ser más pla­cen­te­ro y en­ri­que­ce­dor de lo que crees, aun sin en­ca­llar tu car­ne en su hú­me­da ca­vi­dad ge­ni­tal.

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