Bel­trán y la Ter­cia de Ases

Bel­trán y la ter­cia de ases

Historias de la Historia del computo en Mexico - - LOS PADRES FUNDADORES -

A par­tir de una en­tre­vis­ta con Ser­gio Bel­trán En­tre­vis­ta­dor. ¿Có­mo la co­mu­ni­dad cien­tí­fi­ca me­xi­ca­na, los in­ge­nie­ros por ejem­plo, se dan cuen­ta de la ne­ce­si­dad del cómpu­to y có­mo esa ne­ce­si­dad lo­gra con­ven­cer a quie­nes de­ben to­mar las de­ci­sio­nes de traer una má­qui­na a Mé­xi­co?

Bel­trán. Has­ta el mun­di­llo en el que yo me mo­vía, era Al­ber­to Ba­ra­jas con Na­bor Ca­rri­llo des­de lue­go... no se da­ban cuen­ta, ni yo ni na­die, en 1957, en Mé­xi­co no ha­bía na­die, que yo pue­da re­cor­dar… Na­bor sa­bía que ha­bía unos “ca­chi­va­ches” que se lla­ma­ban compu­tado­ras en los Es­ta­dos Uni­dos. Yo las vi en los Án­ge­les en un via­je al que él me man­dó. Cuan­do se de­ci­de traer la IBM­650, que fue la que Na­bor eli­gió, se tra­ta­ba de una má­qui­na con tam­bor mag­né­ti­co de unas dos mil a cua­tro mil pa­la­bras; pa­ra op­ti­mi­zar­las ha­bía que in­ves­ti­gar con mu­chos tra­ba­jos, por­que no te sol­ta­ban na­da téc­ni­co, era un cri­men qui­tar­le las cu­bier­tas de lá­mi­na a esas má­qui­nas. Te pes­ca­ban y te man­da­ban lla­mar.

No­so­tros tra­ba­já­ba­mos las vein­ti­cua­tro ho­ras del día y en­con­tra­mos lo­cal rá­pi­da­men­te. El úni­co que ha­bía dis­po­ni­ble en la Uni­ver­si­dad se lo pe­di­mos a An­tro­po­lo­gía; se tra­ta­ba de un cuar­ti­to que se en­con­tra­ba jus­to en la ram­pa a un cos­ta­do de la To­rre II de Hu­ma­ni­da­des.

En­tre­vis­ta­dor. ¿De quién de­pen­día el Cen­tro de Cálcu­lo?

Bel­trán. De la Coor­di­na­ción Cien­tí­fi­ca, era Cen­tro pe­ro de­bía ser un ins­ti­tu­to; aho­ra di­cen que no. Oja­lá hu­bie­ra otro Na­bor.

En­tre­vis­ta­dor. ¿Quién era el Coor­di­na­dor de la Investigación Cien­tí­fi­ca?

Bel­trán. Al­ber­to Ba­ra­jas. Era una ter­cia Na­bor, Graeff y Ba­ra­jas. Lo que la Uni­ver­si­dad le de­be a esa ter­cia es ine­na­rra­ble, trein­ta por cien­to de los ins­ti­tu­tos na­cie­ron en­ton­ces. Ellos hi­cie­ron la Uni­ver­si­dad que aho­ra te­ne­mos.

En­tre­vis­ta­dor. ¿Có­mo arran­ca el fun­cio­na­mien­to de la compu­tado­ra en la UNAM?, ¿hay cur­sos de ca­pa­ci­ta­ción, ca­da quien va en­trán­do­le como pue­de o por su pro­pio gus­to?

Bel­trán. Na­die sa­bía­mos pro­gra­mar to­da­vía. Apren­di­mos como pu­di­mos, se pro­gra­ma­ba pri­me­ro en len­gua­je de má­qui­na y des­pués vino un en­sam­bla­dor que se lla­ma­ba SOAP ( Sym­bo­lic Op­ti­mi­zer and As­sembly Pro­gram).

En­tre­vis­ta­dor. ¿Quié­nes eran los usua­rios?, ¿los in­ves­ti­ga­do­res y los es­tu­dian­tes?

Bel­trán. En un prin­ci­pio no. Al con­tra­rio, mis com­pa­ñe­ros y mis maes­tros de cien­cias lla­ma­ban a los mu­cha­chos y les de­cían “si us­te­des se me­ten en eso que es­tá ha­cien­do Bel­trán, nun­ca los va­mos a apo­yar, eso es ar­te­sa­nía”.

En­tre­vis­ta­dor. ¿Quié­nes la usa­ron en­ton­ces?

Bel­trán. Uno de los pri­me­ro fue Tho­mas Brody.

En­tre­vis­ta­dor. ¿Quié­nes más eran usua­rios apar­te de Brody?

Bel­trán. Los as­tró­no­mos, en par­ti­cu­lar re­cuer­do a Ar­ca­dio Po­ve­da. Él y yo fui­mos muy ami­gos. Astronomía le en­tró re­la­ti­va­men­te rá­pi­do, tam­bién los de fí­si­ca, por ejem­plo, Ma­nuel Mén­dez, te es­toy ha­blan­do de los se­sen­ta fi­na­les de los cin­cuen­ta.

La compu­tado­ra vino en 1958. De­bió ins­ta­lar­se an­tes… pe­ro lle­gó.

En­tre­vis­ta­dor. ¿Qué día?, ¿re­cuer­das la fe­cha?

Bel­trán: Fue el 18 de ju­nio, ten­go muy gra­ba­do ese día.

En­tre­vis­ta­dor. Na­cio­nal­men­te, el he­cho ¿fue un acon­te­ci­mien­to o pa­so inad­ver­ti­do?

Bel­trán. Pa­só inad­ver­ti­do al prin­ci­pio, pe­ro po­co a po­co las co­sas cam­bia­ron, pues por va­rios años, de he­cho tres años, fue

la úni­ca compu­tado­ra que hu­bo en el país. En­ton­ces sí fue una atrac­ción, la gen­te ve­nía, mu­chos del go­bierno. Yo fui en­ton­ces fi­gu­ri­ta como lu­na por eso. Yo les da­ba la ener­gía lu­mi­no­sa de la compu­tado­ra. Tam­bién me en­car­ga­ron el es­tu­dio pa­ra se­lec­cio­nar má­qui­nas. Cuan­do Be­ni­to Co­quet lle­ga a di­rec­tor del Se­gu­ro So­cial de­ci­de com­prar una compu­tado­ra..... yo es­ta­ba muer­to de go­zo por­que ahí sí iban a ser má­qui­nas gran­des.

En­tre­vis­ta­dor. ¿Esa va a ser la se­gun­da compu­tado­ra que lle­ga al país?

Bel­trán. La se­gun­da, ter­ce­ra y la cuar­ta se ins­ta­la­ron en el IMSS. La ar­qui­tec­tu­ra de las compu­tado­ras fue la que ori­gi­nó que se tra­je­ran más má­qui­nas Una compu­tado­ra ne­ce­si­ta­ba de otras pa­ra apo­yar cier­tos pro­ce­sos.

En­tre­vis­ta­dor. En la UNAM los in­ves­ti­ga­do­res apren­die­ron a uti­li­zar el equi­po, pe­ro en el IMSS ¿có­mo se ope­ra­ban las má­qui­nas?

Bel­trán. Me­dian­te cur­sos… Hay anéc­do­tas fan­tás­ti­cas. En una oca­sión lle­gó un se­ñor gor­do y al­to que era ele­va­do­ris­ta y me di­ce: “oi­ga, ¿us­ted va a dar cur­sos en el Se­gu­ro So­cial?”, le res­pon­dí que sí.... me lla­mó la aten­ción su in­quie­tud. Pa­ra mi sor­pre­sa don­de tra­ba­ja­ba le die­ron per­mi­so pa­ra to­mar el cur­so, era muy in­te­li­gen­te y apren­dió.

Des­afor­tu­na­da­men­te, en el Se­gu­ro So­cial se es­tan­có to­do, bueno to­do Mé­xi­co se es­tan­có, des­pués de esos años de im­pul­so.

En­tre­vis­ta­dor. ¿Có­mo com­pra el IMSS sus compu­tado­ras?

Bel­trán. No fue­ron com­pra­das, fue­ron ren­ta­das. La de la UNAM tam­bién fue ren­ta­da en vein­ti­cin­co mil pe­sos men­sua­les, era un “tran­ca­zo” enor­me. El pre­su­pues­to to­tal de la UNAM eran seis­cien­tos vein­ti­cin­co mil. Le me­tían trescientos mil úni­ca­men­te a una má­qui­na. Por eso Na­bor me di­jo: “Sí tráe­la, pe­ro que se au­to­sos­ten­ga, si des­pués de un año no hay pro­yec­tos pa­ra su fi­nan­cia­mien­to, va pa­ra atrás la má­qui­na”. En­ton­ces au­to­ri­za­ron ven­der el vein­ti­cin­co por cien­to del tiem­po, nun­ca ne­ce­si­ta­mos tan­to.

En­tre­vis­ta­dor. ¿Quién com­pra­ba ese tiem­po?

Bel­trán. La pri­me­ra em­pre­sa que lo com­pró fue In­dus­tria Eléc­tri­ca de Mé­xi­co. Des­pués, To­rres Bo­det le dio un im­pul­so muy gran­de en el Ins­ti­tu­to de la Vi­vien­da.

En­tre­vis­ta­dor. ¿Des­pués del IMSS quién más ad­quie­re compu­tado­ras?

Bel­trán. La ter­ce­ra compu­tado­ra que lle­ga a Mé­xi­co fue una Ben­dix G­15. A mi me pres­ta­ron una los de Ben­dix, in­me­dia­ta­men­te les pi­die­ron una en un la­bo­ra­to­rio de la CFE (Co­mi­sión Fe­de­ral de Elec­tri­ci­dad), un in­ge­nie­ro Ba­rrios. Des­pués la IBM em­pe­zó a en­tre­nar a su pro­pia gen­te y a ven­der equi­pos; fue la em­pre­sa que do­mi­nó en ese tiem­po.

En­tre­vis­ta­dor. ¿Tú eras una es­pe­cie de ase­sor na­cio­nal en ese mo­men­to?

Bel­trán. Sí pues yo era el úni­co… lo cual me tra­jo mu­chos enemi­gos.

En­tre­vis­ta­dor. ¿Has­ta qué año con­ti­nuas en es­te Cen­tro de Cómpu­to de la UNAM?

Bel­trán. Has­ta 1969.

En­tre­vis­ta­dor. ¿Ca­si en el ini­cio de los se­ten­ta se fun­da el CIMASS?

Bel­trán. El Cen­tro de In­ves­ti­ga­cio­nes en Ma­te­má­ti­cas Apli­ca­das, Sis­te­mas y Ser­vi­cios (CIMASS) se crea pa­ra des­truir el Cen­tro de Cálcu­lo Elec­tró­ni­co que yo ha­bía for­ma­do. Lue­go con­tra­tan a un ex alumno mío. En­ton­ces to­mé la do­lo­ro­sa de­ci­sión de ir­me por al­gún tiem­po has­ta que las co­sas me­jo­ra­ran des­pués de 1968 y de al­gún par de cam­bios en la ad­mi­nis­tra­ción que me van ori­llan­do a eso. Fue­ron años te­ne­bro­sos pa­ra la Uni­ver­si­dad.

En­tre­vis­ta­dor. ¿Qué ha­ces cuan­do te vas del Cen­tro de Cómpu­to?

Bel­trán. Pri­me­ro me lla­mó la CFE y des­pués el Se­gu­ro So­cial pa­ra cam­biar los equi­pos ori­gi­na­les, pa­ra en­ton­ces, ellos ha­bían con­tra­ta­do un equi­po IBM que ya no les da­ba ba­te­ría. No me gus­ta­ba mu­cho, no en­con­tra­ba sa­tis­fac­ción.

En­tre­vis­ta­dor. ¿Cuán­do com­pra su pri­me­ra má­qui­na el Se­gu­ro So­cial?

Bel­trán. Cuan­do re­gre­so al Se­gu­ro, me en­te­ro que de­bían vein­te mi­llo­nes de pe­sos en ren­tas; te­nían una 6400, una má­qui­na ma­ra­vi­llo­sa que to­da­vía di­se­ñó Sig­mund Cray.... ya tra­ba­ja en 64 by­tes. Fue la úl­ti­ma olea­da de má­qui­nas, en­ton­ces tra­ta­ban de em­pu­jar la tec­no­lo­gía a los pa­sos que po­dían, pe­ro ya es­ta­ba el pre­do­mi­nio de IBM, era muy gran­de y con­ge­la­ba la en­tra­da al país de otras em­pre­sas. Cuan­do en­tran las PC yo es­ta­ba va­gan­do por Eu­ro­pa, pe­ro creo que sí me dio una vi­sión más cla­ra pa­ra dar­me cuen­ta de la in­te­li­gen­cia con que IBM ha­bía con­ge­lan­do su en­tra­da al país y pa­só lo que yo pre­di­je tiem­po atrás: las PC’s de to­das ma­ne­ras iban a con­ver­tir­se en es­ta­cio­nes de tra­ba­jo.

En­tre­vis­ta­dor. Cuan­do sa­les de la UNAM, te si­gues preo­cu­pan­do por el desa­rro­llo del cómpu­to en la Uni­ver­si­dad ¿lo vas si­guien­do, man­tie­nes las re­la­cio­nes?

Bel­trán. No. En vein­ti­cin­co años pi­se el cam­pus só­lo en tres oca­sio­nes. Una de ellas cuan­do se le hi­zo un ho­me­na­je a Ale­jan­dro Me­di­na. Otra, por el de­ce­so del fa­mi­liar de un ami­go y la otra por­que me in­vi­ta­ron a dar un con­fe­ren­cia. Fe­li­pe Lara fue quien me in­vi­tó, gus­tó mu­cho la con­fe­ren­cia.... y la ver­dad es­toy fe­liz.

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