A pro­pó­si­to

home:tech magazine mexico - - EDITORIAL - Por Ma­ri­sol Pa­che­co

Ya se fue el año. ¿Có­mo les fue en su cum­pli­mien­to de pro­pó­si­tos y me­tas? Oja­lá es­tén go­zan­do de los fru­tos que co­se­cha­ron, ten­gan ade­más, sa­lud y buen áni­mo pa­ra dis­fru­tar­las. Esa sa­tis­fac­ción úni­ca que se tie­ne por­que se tie­ne la cer­te­za de que nos hi­ci­mos car­go. Es lo pri­me­ro que les de­seo pa­ra des­pe­dir el 2016 y en­ca­rar el 2017.

An­da­mos en la vís­pe­ra de un reor­de­na­mien­to mun­dial que pue­de te­ner en lo geo­po­lí­ti­co y eco­nó­mi­co si ma­yor dis­cu­sión, lo que más aca­pa­ra las pri­me­ras pla­nas de los no­ti­cia­rios. A una se­ma­na de los co­mi­cios en Estados Uni­dos, no de­ja de sor­pren­der­me la reac­ción ner­vio­sa, en­si­mis­ma­da que por la elec­ción de su nue­vo go­ber­nan­te ocu­rrió. No es que no im­por­te, cla­ro que es así, mas no es lo principal; no pue­de ser­lo o se­guir sién­do­lo.

Di­ce el di­cho que cuan­do se­ña­las con la mano, uno de los de­dos apun­ta ha­cia ti. No se pue­de mi­rar, cri­ti­car y juz­gar al otro o lo otro sin an­tes –o mí­ni­ma­men­te-, ob­ser­var­nos a no­so­tros mis­mos. En Mé­xi­co hay mu­cho por ha­cer, por cam­biar. Y to­do pue­de trans­for­mar­se des­de lo que uno ha­ce co­ti­dia­na­men­te: si us­ted con­su­me lo lo­cal, im­pac­ta­rá a los em­pre­sa­rio de­trás de esa co­mer­cia­li­za­ción y a ca­da es­la­bón que en la ca­de­na pro­duc­ti­va de esa mer­can­cía exis­ta y, así, a la eco­no­mía de una re­gión y lue­go a la del país. Si le preo­cu­pa el cam­bio cli­má­ti­co las ac­cio­nes ver­des que van des­de la for­ma en que se ad­quie­re, pre­pa­ra e in­gie­ren los ali­men­tos; có­mo nos des­pla­za­mos y re­vi­sar los há­bi­tos de hi­gie­ne que te­ne­mos al usar el agua, por ejem­plo, bas­tan pa­ra ha­cer gi­rar el es­ta­do de las co­sas. Des­de nues­tra casa al país en­te­ro. Pién­se­lo y no es al­go im­po­si­ble.

Bá­si­ca­men­te creo que la cla­ve es­tá en las bue­nas prác­ti­cas y en atre­ver­nos a eva­luar con aser­ti­vi­dad lo que ha­ce­mos y lo que ofre­ce­mos. Cuán dis­pues­tos es­ta­mos a mo­di­fi­car, a ven­cer o tras­cen­der des­de un te­mor has­ta la co­mo­di­dad de ha­cer por só­lo ha­cer­lo. Y va­ya que no es fá­cil. No me de­ja de sor­pren­der que eso apli­que pa­ra cual­quie­ra que sea el per­fil so­cio­eco­nó­mi­co que ten­ga­mos.

Ca­da que se cie­rra una edi­ción de la re­vis­ta, los ejem­plos lle­gan por lo que ex­pe­ri­men­tó uno de los co­lum­nis­tas al so­me­ter sus co­no­ci­mien­tos y cri­te­rio a la prue­ba de un equi­po, a la bús­que­da, se­lec­ción y pues­ta a pun­to de in­for­ma­ción pa­ra com­par­tir­les, a la pre­ci­sa y pre­cia­da for­ma en que se atien­de de pri­me­ra mano un acer­ca­mien­to teó­ri­co a la tec­no­lo­gía –ya ve­re­mos lo que se­rá esa edi­ción 50 del Con­su­mer Elec­tro­nic Show, CES pa­ra dar­nos la pa­no­rá­mi­ca de lo posible- e in­yec­tar así las ga­nas por usar­la a fa­vor nues­tro. Oja­lá sea así, oja­lá es­te­mos sien­do el víncu­lo que le per­mi­ta am­pliar el fas­ci­nan­te ejer­ci­cio de in­ten­tar nue­vas co­sas. Dis­fru­te­mos las fies­tas, pen­sé­mo­nos des­de aden­tro.

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