“ES­TE LU­GAR ES HER­MO­SO”

Horloger - - Reportage -

La ji­ne­te sui­za y em­ba­ja­do­ra de Lon­gi­nes na­ció en la re­gión de Evi­lard (Saint-Imier) don­de tam­bién fue fun­da­da la fir­ma re­lo­je­ra sui­za en 1832. Es­te año vol­vió a par­ti­ci­par en el Lon­gi­nes Glo­bal Cham­pions Tour en Mé­xi­co. La pri­me­ra vic­to­ria im­por­tan­te de Ja­ne den­tro del cir­cui­to ecues­tre in­ter­na­cio­nal fue en 1998. Ga­nó el Tro­feo de la Fi­nal de Sui­za en Ker­zers (SUI). Des­de en­ton­ces, siem­pre ha es­ta­do en­tre las 10 me­jo­res ama­zo­nas de su ca­te­go­ría.

¿Có­mo em­pe­zó su re­la­ción con Lon­gi­nes, qué sig­ni­fi­ca ser em­ba­ja­do­ra de la mar­ca?

Cuan­do te­nía 15 años y es­ta­ba com­pi­tien­do en la ca­te­go­ría de jú­nior, Lon­gi­nes te­nía dos even­tos en Sui­za, y ade­más de apo­yar a tres ji­ne­tes con ran­king mun­dial, escogieron tam­bién dos ji­ne­tes de la re­gión. Una de ellas fui yo. Des­de en­ton­ces he te­ni­do la opor­tu­ni­dad, jun­to con la mar­ca, de cre­cer den­tro del de­por­te. Gra­cias a ellos, he com­pe­ti­do en las me­jo­res se­des del mun­do. He ga­na­do pre­mios mun­dia­les y he po­di­do via­jar a los lu­ga­res más be­llos. Lon­gi­nes ha hecho po­si­ble que el sal­to ecues­tre ten­ga el ni­vel que ha lo­gra­do hoy. La equi­ta­ción es la com­bi­na­ción per­fec­ta pa­ra mos­trar el slo­gan de Lon­gi­nes: "La ele­gan­cia es una ac­ti­tud". No hay me­jor aso­cia­ción pa­ra el ca­ba­llo y el ji­ne­te que Lon­gi­nes con sus re­lo­jes ele­gan­tes y de­por­ti­vos.

¿A qué edad co­men­zó a mon­tar su pri­mer ca­ba­llo?

Co­men­cé a mon­tar en­tre los 12 y 13 años, pe­ro siem­pre me ha­bía lla­ma­do la aten­ción. Fue cu­rio­so por­que a par­tir de que yo em­pe­za­ra, to­da mi fa­mi­lia se in­vo­lu­cró, has­ta mi ma­má. En lu­gar de es­pe­rar­me, de­ci­dió to­mar la cla­se, apren­der ella tam­bién. Mi pri­mer ca­ba­llo fue Fla­men­co, y con él ob­tu­ve la li­cen­cia en Sui­za. Cre­ci­mos jun­tos. Al fi­nal de su ca­rre­ra vi­vió con mis pa­dres en su gran­ja has­ta los 30 años de edad.

¿Có­mo es su vi­da hoy: las com­pe­ten­cias, los via­jes, los en­tre­na­mien­tos...?

Mi si­tua­ción es un po­co dis­tin­ta a la de otros ji­ne­tes. No só­lo soy una de­por­tis­ta de al­to ren­di­mien­to, sino que tam­bién ten­go una fa­mi­lia. Mi es­po­so Ig­na­ce Phi­lips, que tam­bién es mi en­tre­na­dor, mi hijo de seis años y los pa­dres de mi es­po­so, to­dos es­ta­mos in­vo­lu­cra­dos en el de­por­te. Te­ne­mos un cen­tro ecues­tre en Ita­lia, "La Ma­don­ni­na", don­de cria­mos y arren­da­mos ca­ba­llos. El pie de cría del ran­cho es de san­gre bel­ga, mez­cla de san­gre fran­ce­sa y ale­ma­na, li­ge­ros y dó­ci­les pa­ra el sal­to. Tam­bién arren­da­mos po­tri­llos que ad­qui­ri­mos a los tres o cua­tro años. Unos se que­dan con­mi­go y com­pe­ti­mos jun­tos, otros los ven­de­mos. Ade­más, en "La Ma- don­ni­na" en­tre­na­mos ji­ne­tes top, des­de ni­ños has­ta sé­niors. Me gus­ta com­par­tir con ellos los días de en­tre­na­mien­to, hay días que he pa­sa­do mon­tan­do 12 ho­ras se­gui­das.

Pa­blo de Vir­ton es el prin­ci­pal ca­ba­llo de su cua­dra.

Tie­ne un tem­pe­ra­men­to fuer­te. Te­ne­mos una his­to­ria es­pe­cial, nos ha ido muy bien jun­tos. El año pa­sa­do sa­ca­mos el ter­cer lu­gar en el Grand Prix 150 del Tour de la Tos­ca­na en Ita­lia y el se­gun­do lu­gar en la Co­pa del mun­do es­te año. Lo ten­go des­de los cua­tro años, san­gre pura fran­ce­sa, muy emo­cio­nal, tie­ne mu­cho ca­rác­ter. Lo que lo ha­ce tan es­pe­cial pa­ra el sal­to es que es úni­co, sal­ta un po­co de más siem­pre, tie­ne mu­cho cui­da­do con su na­tu­ra­le­za, no quie­re tocar los obs­tácu­los. Nos he­mos con­ver­ti­do en una ver­da­de­ra pa­re­ja en es­tos años que he­mos tra­ba­ja­do jun­tos. Sa­be exac­ta­men­te lo que quie­ro y yo lo co­noz­co a la per­fec­ción, por eso te­ne­mos tan bue­nos re­sul­ta­dos.

¿Cuál es el camino pa­ra que un ji­ne­te par­ti­ci­pe en un tour co­mo el Lon­gi­nes Glo­bal Cham­pions?

Pa­ra es­tar en el tour hay que ser de los 30 pri­me­ros cla­si­fi­ca­dos en sal­to ecues­tre en el mun­do. Mon­tar es una pa­sión y pa­ra mon­tar se ne­ce­si­tan mu­chas co­sas: con­di­ción fí­si­ca de atle­ta, un en­tre­na­mien­to de acon­di­cio­na­mien­to fí­si­co. Pe­ro lo prin­ci­pal es el ca­ba­llo, tie­nes que amar el ani­mal que mon­tas, se tie­ne que con­ver­tir en tu me­jor ami­go. Hay que pa­sar tiem­po con ellos, no só­lo mon­tar­los, hay que sa­ber cui­dar­los en to­dos los sen­ti­dos. Siem­pre hay que te­ner una me­ta. Así que es­to no só­lo es un tra­ba­jo, es una for­ma de vi­da y cuan­do tu pa­sión se con­vier­te en tu tra­ba­jo es lo me­jor.

El año pa­sa­do tam­bién vi­si­tó Mé­xi­co, ¿qué le ha pa­re­ci­do es­ta se­de?

Me he que­da­do muy im­pre­sio­na­da con Mé­xi­co, es­te lu­gar es her­mo­so, tie­ne una si­tua­ción fan­tás­ti­ca. Pa­ra no­so­tros, co­mo ji­ne­tes, la arena es enor­me. Al­go que re­co­no­cí el año pa­sa­do fue­ron los es­pec­ta­do­res, no son gente del de­por­te, es­tá abier­to a to­do el mun­do y aquí vie­nen. Es­to lo ha­ce muy es­pe­cial.

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