Mi­chel Par­mi­gia­ni

FUN­DA­DOR DE PAR­MI­GIA­NI FLEURIER

Horloger - - Hublot -

No mu­chos CEOs son maes­tros re­lo­je­ros.

Mi tar­je­ta de pre­sen­ta­ción di­ce maes­tro re­lo­je­ro y pre­si­den­te, pe­ro cla­ra­men­te aquí es im­por­tan­te con­fiar y de­le­gar en tu equi­po. Con­si­de­ro que soy me­jor re­lo­je­ro que ad­mi­nis­tra­dor. To­do el mun­do tie­ne sus pro­pias for­ta­le­zas. Pa­ra ser fun­da­dor de una com­pa­ñía, al prin­ci­pio, sí hay que te­ner una vi­sión.

Co­la­bo­ra­ción con otras mar­cas.

Te­ne­mos nues­tra pro­pia ma­nu­fac­tu­ra y ma­ra­vi­llo­sas má­qui­nas pa­ra pro­duc­ción de com­po­nen­tes. Su­mi­nis­tra­mos a otras fir­mas, pe­ro son dos ne­go­cios to­tal­men­te separados. Yo mis­mo no es­toy in­vo­lu­cra­do en el tra­ba­jo con otras mar­cas. No me gus­ta­ría in­ter­ve­nir en el pro­ce­so crea­ti­vo y el di­se­ño pa­ra otras fir­mas.

Bue­na es­cue­la. Vou­ti­lai­nen y Fla­geo­llet tra­ba­ja­ron con us­ted.

Han si­do cin­co maes­tros re­lo­je­ros los que es­ta­ble­cie­ron sus pro­pias fir­mas. Tam­bién Raúl Pa­gès, Ro­man Wi­ni­ger y Mar­kus. Los re­lo­je­ros son gente cen­tra­da en su tra­ba­jo y en­si­mis­ma­da. Es cier­to que la ca­sa Par­mi­gia­ni ha si­do muy abier­ta. Y siem­pre he ani­ma­do y em­pu­ja­do ade­lan­te a la gente que ha sa­li­do y ha im­pul­sa­do su pro­pio ne­go­cio. Cuan­do es­tás so­lo, no se pue­de ha­cer tan­to. Es muy di­fí­cil, con mu­chas ma­nos es me­jor.

En el 2016, su 20º aniver­sa­rio. Cla­ves pa­ra so­bre­vi­vir.

La res­pues­ta es sim­ple. Em­pe­cé en la ad­ver­si­dad, no era fá­cil, así que lo de aho­ra no es tan com­pli­ca­do, no es real­men­te un pro­ble­ma.

Cambio más im­por­tan­te en la in­dus­tria en es­tos 20 años.

La ba­na­li­za­ción de la ca­li­dad. Por ello, crea­mos el se­llo de ca­li­dad Qua­li­té Fleurier. Es­tá abier­to a to­das las mar­cas que sean 100% sui­zas.

Pro­duc­ción ba­jo 5,000 pie­zas.

El va­lor aña­di­do lo apor­ta la mano del hom­bre. No pue­des pro­du­cir más re­lo­jes que aque­llos que pue­den pro­du­cir los pro­pios ar­te­sa­nos. No que­re­mos in­tro­du­cir de­ma­sia­da ro­bo­ti­za­ción en la re­lo­je­ría. Es un ar­te me­cá­ni­co, es lo real­men­te im­por­tan­te. En la me­cá­ni­ca es­tá la ver­dad, lo au­tén­ti­co. El ob­je­ti­vo no es la can­ti­dad, sino la ca­li­dad. Y el pre­cio no es inac­ce­si­ble. Es­te año he­mos lan­za­do el Par­mi­gia­ni Ton­da 1950 en ace­ro por de­ba­jo de 10,000 dó­la­res.

Se­ña­les po­si­ti­vas, se­gún las ex­por­ta­cio­nes de FH.

La ex­por­ta­ción no es ne­ce­sa­ria­men­te el diag­nós­ti­co de la reali­dad. Se pro­du­cen de­ma­sia­dos re­lo­jes. El te­ma de la ca­li­dad lle­va­ría una lar­ga con­ver­sa­ción. Por nues­tra par­te, te­ne­mos nues­tra vi­sión, cons­trui­mos nues­tra his­to­ria y per­ma­ne­ce­mos en nues­tros va­lo­res.

Nue­vas ge­ne­ra­cio­nes in­tere­sa­das en al­ta re­lo­je­ría.

Creo que sí. Las nue­vas tec­no­lo­gías, co­mo un te­lé­fono ce­lu­lar, du­ran dos o tres años y ya que­da ob­so­le­to. Un re­loj me­cá­ni­co es pa­ra siem­pre.

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