El au­to­di­dac­ta

Due­ño de una cu­rio­si­dad in­na­ta y sin ha­ber ido a la es­cue­la, lo­gró pa­ten­tar más de 1,000 in­ven­tos a lo lar­go de su vi­da

Manufactura - - PERFIL GURÚ -

Na­cí el 11 de fe­bre­ro de 1847, en Mi­lan, Ohio, en Es­ta­dos Uni­dos. Fui el úl­ti­mo de sie­te her­ma­nos. Cuan­do te­nía sie­te años, mi fa­mi­lia y yo nos mu­da­mos a Port Hu­ron en Mi­chi­gan. Ahí, asis­tí por pri­me­ra vez a la es­cue­la, de don­de me ex­pul­sa­ron a los tres me­ses, de­bi­do a mi fal­ta de in­te­rés en las cla­ses. Mi ma­dre de­ci­dió edu­car­me en ca­sa. Ella fue quien des­per­tó la cu­rio­si­dad sin lí­mi­tes que guió el res­to de mi vi­da. En 1859 ven­día pe­rió­di­cos y re­vis­tas en un lo­cal cer­ca del tren que iba de Port Hu­ron a De­troit. Du­ran­te esa épo­ca ins­ta­lé, en el só­tano de mi ca­sa, mi pri­mer la­bo­ra­to­rio pa­ra rea­li­zar ex­pe­ri­men­tos quí­mi­cos. En 1862 co­men­cé a tra­ba­jar en una ofi­ci­na de te­lé­gra­fos. De 1863 a 1867 via­jé a tra­vés de EU y me de­di­qué a es­tu­diar e in­ves­ti­gar to­do so­bre el te­lé­gra­fo. En 1868 me con­ver­tí en un in­ven­tor in­de­pen­dien­te en Bos­ton. Al año si­guien­te me mu­dé a Nue­va York y co­men­cé a tra­ba­jar pa­ra gran­des com­pa­ñías de te­lé­gra­fos. Pron­to ad­qui­rí una bue­na repu­tación co­mo in­ven­tor. Mi tra­ba­jo in­cluía ta­ble­ros de co­ti­za­cio­nes, alar­mas con­tra in­cen­dios, mé­to­dos de en­vío de men­sa­jes si­mul­tá­neos en un alam­bre y un te­lé­gra­fo elec­tro­quí­mi­co. Mi ma­yor lo­gro de es­te pe­rio­do fue el te­lé­gra­fo cuá­dru­ple, que en­vió dos men­sa­jes si­mul­tá­nea­men­te, de ida y vuel­ta, a tra­vés de una so­la vía. En 1876, es­ta­ble­cí un la­bo­ra­to­rio in­dus­trial en Men­lo Park. Ahí desa­rro­llé tres de mis gran­des in­ven­cio­nes. La Wes­tern Union me pi­dió desa­rro­llar un te­lé­fono que com­pi­tie­ra con el de Ale­jan­dro Graham Bell. Así que in­ven­té un trans­mi­sor que la gen­te uti­li­zó en los te­lé­fo­nos du­ran­te el si­guien­te si­glo. Mien­tras tra­ba­ja­ba en es­to, en el ve­rano de 1877, des­cu­brí un mé­to­do pa­ra gra­bar so­ni­do, el cual se con­vir­tió más tar­de en el fo­nó­gra­fo. Fi­nal­men­te, a prin­ci­pios de 1878, me de­di­qué a desa­rro­llar un sis­te­ma com­ple­to de elec­tri­ci­dad in­can­des­cen­te. De­jé Men­lo Park en 1881 pa­ra es­ta­ble­cer plan­tas y ofi­ci­nas en Nue­va York. Du­ran­te los si­guien­tes cin­co años fa­bri­qué, me­jo­ré e ins­ta­lé mi sis­te­ma eléc­tri­co en to­do el mun­do. Mi ac­ti­vi­dad crea­do­ra se pro­lon­gó por va­rios años, lo que me lle­vó a ob­te­ner 1,093 pa­ten­tes.

“A otros les gus­ta co­lec­cio­nar se­llos; a mí me gus­ta in­ven­tar: una ma­nía co­mo otra cual­quie­ra”.

MA­NU­FAC­TU­RA FE­BRE­RO 2016

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