Ami­gos de la na­tu­ra­le­za

Mi Super Diario - - RECREO -

Ha­bía una vez un gru­po de hor­mi­gas que re­co­gían su ali­men­to pa­ra el in­vierno, cuan­do de pron­to se en­con­tra­ron una ma­ri­po­sa he­ri­da, ellas se acer­ca­ron a ayu­dar­la y la lle­va­ron pa­ra pro­te­ger­la y cu­rar sus he­ri­das. La ma­ri­po­sa fue las­ti­ma­da por unos ni­ños; le ha­bían ro­to las alas y no po­día vo­lar. Cuan­do los ni­ños re­gre­sa­ron pa­ra ha­cer lo mis­mo, sa­ca­ron unas hon­das con las que pen­sa­ban ti­rar pie­dras a las aves y a sus ni­dos, ellos dis­fru­ta­ban ver caer los hue­vos y ver co­mo se rom­pían en el sue­lo. Pe­ro las hor­mi­gas se pu­sie­ron de acuer­do pa­ra dar­les un buen es­car­mien­to a esos ni­ños y lla­ma­ron a sus ami­gas las abe­jas. Cuan­do los ni­ños se acer­ca­ron, las abe­jas em­pe­za­ron a vo­lar al­re­de­dor de ellos cau­san­do tan­to al­bo­ro­to que los ni­ños no sa­bían por don­de ir por­que eran mu­chas, una de las abe­jas les di­jo: -¿Te gus­ta­ría que te rom­pan un bra­zo, o que te ja­len de los ca­be­llos? -“No, me do­le­ría mu­cho di­jo el ni­ño llo­ran­do” -“Pues a no­so­tros los ani­ma­les tam­bién nos due­le que nos mal­tra­ten, no lo vuel­van a ha­cer o les ha­re­mos lo mis­mo, ¿en­ten­die­ron?” Di­jo una abe­ja muy enoja­da. -” ¡sí! res­pon­die­ron to­dos los ni­ños. De allí en ade­lan­te, los ni­ños nun­ca mas hi­cie­ron da­ño a los ani­ma­les, las plan­tas o las flo­res.

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