El pe­que­ño co­li­brí

Mi Super Diario - - RECREO -

El pe­que­ño co­li­brí azul se sen­tía tris­te y can­sa­do. Se per­dió cuan­do via­ja­ba con su fa­mi­lia en bus­ca de un lu­gar más cá­li­do don­de pa­sar el invierno. -No te ale­jes de no­so­tros cuan­do mi­gra­mos a otro lu­gar-, le re­pe­tían siem­pre sus pa­pás. Pe­ro él se emo­cio­na­ba con lo que des­cu­bría du­ran­te sus via­jes, mien­tras los de­más se­guían su ca­mino. Un día mien­tras vo­la­ban vio un des­te­llo de luz y sin dar­se cuen­ta fue per­dien­do altitud y acer­cán­do­se pa­ra ver qué era aque­lla her­mo­sa luz, des­cu­brió un enor­me y pre­cio­so la­go que le de­jó sor­pren­di­do. No se dio cuen­ta de que el tiem­po pa­sa­ba y cuan­do de pron­to al­zó su vuelo lla­man­do a su fa­mi­lia, vio que su lla­ma­da no era res­pon­di­da, y que sus pa­pás y sus her­ma­nos ha­bían se­gui­do su vuelo. -¡Oh, Dios mío! ¿Qué voy a ha­cer aquí so­lo? ¿Dón­de es­tá mi fa­mi­lia?Sus pa­pás siem­pre le re­pe­tían que si al­gún día se perdía lo que te­nía que ha­cer era no ale­jar­se del último lu­gar por don­de ha­bían pa­sa­do to­dos jun­tos.

Pron­to en­con­tró el la­go por don­de vo­la­ron la úl­ti­ma vez, y allí bus­có el ár­bol más alto y se po­só en una de sus ra­mas. su can­ción ayu­dó a su fa­mi­lia a en­con­trar­le más rá­pi­da­men­te. Des­pués de aquel día, el pa­ja­ri­llo se ha­bía he­cho más sa­bio. Aho­ra sa­bía que te­nía que ad­ver­tir siem­pre a su fa­mi­lia cuan­do se ale­ja­ba de ellos du­ran­te sus via­jes.

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